Miopes

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lunes, 1 de enero de 2018

Esperando a los desagradecidos


Se había pasado todo el día planeando la cena perfecta para la familia de desagradecidos que le iba a llegar esta noche. A su madre no le iba a gustar, las pegas de su tía empezarían desde el felpudo de la puerta y al imbécil de su hermano, acomplejado desde pequeño, lo único que le iba a preocupar era cuánto le había costado su nueva televisión. Le habían entrado dudas sobre el marisco ya desde por la mañana, iba a ser un desastre absoluto. Si es que no iban a saber comérselo. Les sacas de las gambas y se atascan. Seguro que a su cuñada le daba asco. Más le valía vigilar a sus dos gemelos que iban a poner el comedor patas arriba. El lomo mechado tenía una pinta fenomenal. Está mal que él lo dijera, pero había clavado la receta que le habían dado en aquel viaje con la empresa. Menuda salsa al vino que se había preparado, toda una delicia para los sentidos. Para que luego viniera su abuela y le dijera que la carne está muy dura…o salada. Ni que ella lo preparara mejor, ¿cuántas veces había cocinado un plato en condiciones? Algo que no fuera lo de siempre y más visto que el tebeo. Como aquel día de Navidad en que su abuela tuvo que quedarse con los dos hermanos, comieron un pollo asado seco con patatas y se tuvieron que acostar antes de las 10. El día que su madre tuvo que quedarse toda la noche en el hospital con su padre. A él le habría gustado el consomé picante que había preparado, su padre no habría dicho nada excepto un “dejad al chico en paz, la próxima vez cocinad vosotros”. Y sonó el timbre. Justo a las ocho. Cómo pasa el tiempo.

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