Miopes

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jueves, 12 de abril de 2012

Niourk, de Stefan Wul

Me ha dado este año por leer mucha ciencia ficción. Es algo que siempre he hecho, pero ahora tomo consciencia, cual protagonista de alguna de estas aventuras post-apocalípticas (en su mayoría) que tanto me gustan, para poder reaccionar. He empezado con un clásico de la SF francesa, Niourk, escrito por Stefan Wul (cuyo verdadero nombre era Pierre Pairault) en 1957. Este cirujano dentista nacido en 1922 y fallecido en 2003, se dedicó a escribir en una época muy concreta, entre 1956 y 1969. Durante ese tiempo, Wul escribió algunas de las novelas más conocidas de la literatura fantástica francesa, como son la propia Niourk, o también Oms en série adaptada en ese clásico de la animación llamado La planète sauvage (1973). En los setenta, Wul escribió una última novela pero siguió desempeñando su oficio quedando esto de la literatura como un hobby menor.

Es la historia del enfant noir (supongo que en español lo habrán traducido como niño negro) un extraño entre los miembros de su tribu, al que sacrificarán al regreso del Viejo, maestro y líder del grupo humano encabezado por el guerrero Thoz. Pronto vemos que la historia trasncurre en una Tierra destruida tras un cataclismo. Un desastre natural o no, que ha secado el planeta reduciendo las reservas de agua a unos pequeños pantanos donde antes había oceanos. Los personajes se mueven entre montañas que llamadas Cuba y montes sagrados llamados Santiag. Nos imaginamos a estos humanos sacados de la Edad de Piedra buscando una guía de la mando de unos dioses sacados de viejos carteles publiciarios que han dejado de tener sentido. El protagonista se verá obligado a vagar en solitario por una desértica tierra a la búsqueda de la mítica ciudad de los dioses, Niourk.

Otra historia más sobre la destrucción del mundo. Un punto de visto ecológico en una novela escrita hace más de cincuenta años. Una tono muy naïf y, a ratos, surrealista. Para ser un clásico indiscutible, tengo que decir que me ha dejado más bien frío. La novela está estructurada en tres partes. Las dos primeras se desarrollan fuera de la ciudad, con el niño negro y su tribu como protagonistas. En la última parte, se produce un cambio sustancial en el protagonista y en los que lo acompañan. Es un estilo simple, básico, directo, quizás por eso está dentro de la novela juvenil, aunque una segunda lectura podría dar otra impresión.

Personalmente, es una novela que me ha dejado con un mal sabor de boca. Entiendo que la historia pueda tener su encanto, una forma de entender la ciencia ficción un tanto ingenua, con demasiados trucos sacados de la manga y una descripción de los hechos demasiado difusa. Todo se sucede de manera sencilla, pero también tramposa. La parte final parece sacada de una novela completamente distinta. No voy a entrar en detalles, pero la transformación del protagonista me parece tan poco creíble como forzada. Los pulpos inteligentes son ridículos, no porque no lo puedan ser (que lo son), es simplemente que una evolución de ese tamaño no se la cree ni Darwin. Tiene como aspectos interesantes el presentar un mundo hundido, destrozado, abandonado, sin esperanza para los pocos seres vivos que quedan. Pero por lo demás, Niourk no quedará en mi memoria como un clásico inolvidable. Lo contrario si acaso.



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