Miopes

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sábado, 3 de diciembre de 2011

Habemus Papam, de Moretti. It's hard to be a saint in the city...

7.5/10
Nanni Moretti hace cosas interesantes. Quizás no me guste todo lo que he visto suyo, y es posible que pueda estar sobrevalorado en algunos aspectos. Confieso que me emocioné con Caro Diario y que lloré con La habitaición del hijo, que no entendí del todo Bianca y que no pillé todos los matices de Il caimano. También los hay quienes critican de forma severa a Moretti por ser demasiado intelectual o por no ser todo lo mordiente que debería. Críticas para todos los gustos. Total, es gratis. El caso es que este Habemus Papam del viejo Nanni me ha gustado, pero no por las razones que me había imaginado. Antes de ir a ver esta película (en italiano, vi prego), ya me había inventado yo otra. A ver, tenemos a Moretti, de izquierdas y ateo por la gracia de Dios como se dice, a punto de enfrentarse a un tema que no es nada habitual. El Papa. Quizás por aburrido, no es que pueda recordar muchos Papas en la historia del cine. Las sandalias del pescador y el desafortunado de El Padrino III. Hacer una película sobre el jefe de la Iglesia Católica, en Italia y en Roma, tiene su grado de valentía. Pues bien, la película, sin pretender ser un vehículo de lucimiento para Ratzinger, obviamente, no es despiadada ni mucho menos, al contrario, resulta tierna y humana, a veces divertida, a ratos melancólica. No es una mirada tópica y eso me ha gustado. 

La Ciudad del Vaticano se prepara para la elección de un nuevo papa. Como siempre, la multitud espera paciente en la Plaza San Pedro expectante ante la decisión que se presenta difícil. Las casas de apuestas no tienen un ganador fácil y el cónclave de cardenales no parece tenerlo claro. Finalmente, el nuevo papa (Michel Piccoli)  es elegido. Llega el momento importante por excelencia, la fumata blanca. Y, a continuación, la anunciación del nuevo sumo pontífice en el balcón, donde dirá unas palabras en su nuevo cargo. Justo cuando es anunciado, aunque aún sin decir el nombre, aparece una terrible crisis en él, apenas puede contenerse y sale huyendo a esconderse. La ventana se cierra y todo el mundo permanece estupefacto ante la idea de un papa en crisis. El portavoz intenta evitar todo el río de rumores que amenaza con desbordarse y arrastrar cuanto encuentre a su paso. No están los feligreses para crisis de fe. Lo dejaremos en un enorme cansancio que necesita un tiempo para su recuperación. El estrés, la fatiga emocional, todas esas enfermedades modernas. Nadie sabe qué le pasa al nuevo papa, así que un psicoanalista viene a echar una mano (el propio Nanni Moretti, como no). Imposible hacer una sesión fructífera con tanto cardenal alrededor. Lo mejor será que el nuevo papa, de incógnito, vaya a ver a alguien externo que le pueda ayudar, la propia esposa del psicoanalista ahora encerrado en el Vaticano. La actriz Margherita Buy será la encargada de ayudar a ese entrañable aunque algo opaco paciente que dice ser actor. Nada fácil. Y mientras tanto, el clamor popular se hace cada más fuerte. ¿Dónde está el papa y qué le pasa? ¿No será que no quiere el puesto? Eso puede pasar en cualquier otro trabajo, pero cuando es el mismo Dios el que te lo pide, ¿cómo puedes decir que no? Un poco estresante sí que es.













Uno se pregunta cuando ve todas esas imágenes tan reales si es que el Vaticano se ha vuelto loco y le ha dejado filmar a Moretti a sus anchas. Ciertamente hay momentos que tiene uno dudas, otros planos en cambio son de un pobre montaje. Parece ser que la embajada de Francia en Roma y una copia casi perfecta de la Capilla Sixtina han sido más que útiles para dar credibilidad a esta fábula morettiana sobre la condición humana bajo los designios divinos. En Habemus Papam tenemos una historia que ciertamente puede ser real, aunque su desarrollo se me antojo del todo inviable. Esos cardenales repitiendo para sus adentros "no, yo no" ante la posibilidad de ser elegidos como nuevo papa, sus caras de póquer que esconden la angustia ante convertirse en una figura tan importante. Esos mismos cardinales tan relajados jugando al volley o a las cartas, aliviados porque la carga la lleva otro, pero también abiertos ante el psiocoanalista Moretti que no dudará en aprovechar la ocasión de confrontar mente-alma en campo contrario. Por otro lado tenemos a Michel Piccoli como ese hombre que no se ve capaz de afrontar la tarea asignada, que huye esperando encontrarse a sí mismo refugiándose del mundo en el propio mundo. Los peores momentos de la cinta son esas divagaciones finales donde parece que el director no sabe como acabar la historia. El personaje de la psicoanalista (Buy), a pesar de su importancia, no resulta todo lo interesante que debiera. Y esa noche con el grupo de teatro no nos lleva a ningún sitio, sin embargo el paseo entre los fieles, todavía anónimo nos lleva a pensar la idea en la idea de aquella figura pública que tan solo desea poder conseguir unos minutos de privacidad antes de que su vida cambie para siempre. No tiene maldad esta historia, que tampoco puede ser una sátira o una parodia, es una historia muy humana, no demasiado creyente, me temo, con un final inesperado y con divertidas actuaciones. Muy interesante. 

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