Miopes

Miopes

sábado, 31 de diciembre de 2011

Año nuevo

Este año serán unas campanadas diferentes. Es muy posible, e incluso probable, que mientras la estrella de turno nos entretiene con el clásico discurso de cuartos y uvas, mientras nos atragantamos y pasamos algo de vergüenza ajena, por un falso programa de fin de año grabado en octubre...yo esté atento de Darío, esa pequeña personita que decidió acompañarnos y, de paso, cambiarnos la vida. Pronto tentrá su primer mes, ya me doy cuenta que cada vez más gente viene a verlo a él, que nos convertimos en protectores, en personal de apoyo, en secundarios. Pero el protagonista es él. Bien, así debe ser.
Este mes he abandonado el blog, esta criaturita que tanto trabajo me da, pero también satisfacciones, aunque tan poco cuantificables. En cuanto recupere mi rutina recuperaré igualmente la de la bitácora del Tercer Miope que ya va por el año y medio y ya ha superado akas 200 entradas. Pronto haré la típica entrada con mi música favorita de este 2011, así como la de libros y cine. Aún no he visto Drive y presiento que es algo que no me debo perder... Ha sido un mal año, no personalmente, pero lo estamos pasando mal. Veo mucha gente tocada, al borde de la caída libre. Los vientos de cambio llegaron, ahora lo ha hecho el propio cambio. Ojalá funcione y podamos decir que el 2012 no fue tan fiero como lo habían pintado. Por supuesto, yo soy optimista, no me queda otra. Aunque solo sea por Darío. Feliz Año Nuevo!

P.D. Por cierto, éste es mi primer post desde un móvil. No habrá muchos más, me temo smartphone mío.


sábado, 3 de diciembre de 2011

Un año de novela misteriosa.

Hace unos meses me apunté a uno de esos retos entre blogueros, ésta vez de la mano de Una vida de novela. Había que leer diez novelas de serie negra, cosa seguro fácil para algunos, pero para los que no leemos tanto como debiéramos, supone bastante. Principalmente porque no me siento especialmente atraído por este género, tan interesante desde fuera, tan maniqueo desde dentro. He leído estas diez, pero he dejado a medias otras tantas por considerarlas aburridas o por falta de tiempo. Eso sí, este año he leído bastante más que en los anteriores. No hay mal que por bien no venga. Éstos son los libros que han pasado el corte:

El invitado, Vangélis Hadziyannidis

Un joven universatario es invitado por un selecto y extraño grupo de personajes a un hotel semiperdido en la propia ciudad. Tendrá que someterse a una serie de entrevistas individuales y colectivas. Conocerá una chica de la que se enamorará y levantará ecos de un pasado que todos quisieron olvidar. Más típico de lo que uno hubiera podio imaginar, va perdiendo enteros conforme va pasando la lectura. 


1.280 almas, Jim Thompson

Ya había comentado en una entrada anterior esta magnífica novela de Jim Thompson. No podría meterla totalmente en el género de la novela negra, al menos no tiene los personajes clásicos del género. Todo viene contado por el propio autor de los hechos, un tipo básico, cínico, egoísta y genial llamado Nick Corey. Da la impresión que nos está hablando el auténtico tonto del pueblo, hasta que la historia va tomando un cariz muy distinto. No hay misterio aquí, salvo que ocurrirá al final, pero es la novela más negra del año, aunque sólo sea por su sentido del humor y por el color de las entrañas del protagonista.



Mygale, Thierry Jonquet

La historia en la que se basó Almodóvar para su última película. También había hecho una reseña aquí. Me parece un libro fantástico, con un tratamiento de los personajes que no te puede dejar indiferente. Mucho más profundo desde el punto de vista psicológico que la película, que para mí se quedaba en lo artificioso. Muy Almodóvar, vaya.



       


El secreto de Chimneys, Agatha Christie

Cuando pensé en novela negra, pensé en la Christie, por supuesto. Esta novela me gustó bastante menos que otras, a pesar de lo variopinto de sus personajes. La casa de Chimneys llena de extraños invitados y un personaje acusado de los crímenes que es capaz de solucionar el problema. Bueno...me aburren un poco estas historias que se precipitan de manera tan fácil.






Asesinato en el Orient Express, Agatha Christie

No lo había leído todavía. Un pecado. Es el ejemplo perfecto de novela policíaca. Monsieur Poirot rodeado de posibles criminales en un viaje a través de una Europa que ya no existe. Clásico.







Asesinato en el Savoy, Maj Sjöwall y Per Wahlöö

Me gustan muchas cosas de la serie del inspector Martin Beck. No hay nada estridente en estas novelas de la pareja Sjöwall y Wahlöo. Aquí tenemos la historia del asesinato de un ricachón en medio de un trama internacional. Todo ello rebosante de café y sandwiches a media noche, como todas las novelas suecas.






Los hombres que no amaban a las mujeres, Stieg Larsson

Me daba una pereza empezar esta trilogía. En general, me tiran para atrás todos los libros de los que todo el mundo habla. Llámame snob, o simplemente chulolibrerías. Pero no es eso, es que cuando leo me gusta descubrir el mundo por mí mismo y no tener a todo el mundo contándome las maravillas de lo que tal o cual escritor ha tenido a bien publicar. Reconozco que me ha gustado esta primera entrega, tengo las otras dos pendientes. Me llegó a aburrir un poquito al final, aunque todavía tengo ganas de leer el resto. Al fin y al cabo, se trata de un fenómeno mundial y uno no puede ir contra todo el mundo, ¿no? Claro que sí, para eso está Lisbeth.


El enigma de París, Pablo de Santis

Como me costó terminarme esta historia. Y eso que la cogí con ganas. Un intento de rescatar el espíritu de las novelas de Conan Doyle, ambientada en París, donde los detectives más importantes y envidiosos del mundo, deben solucionar un crimen en su propio campo. Por supuesto, serán sus asistentes (ahí está la vuelta a la tortilla) los encargados de solucionarlo. Aburrida.






Miserere, Jean-Christophe Grangé

Dos inspectores muy diferentes deben resolver una serie de terribles crímenes en París. Nazismo, niños asesinos, música sublime...esta novela, de la que hice una reseña en su día, lo tiene todo. Grangé es un escritor ya consagrado. La verdad es que retrata el mal en el ser humano de una manera muy acertada. Da miendo en algunas ocasiones. 





El hombre del balcón, Maj Sjöwall & Per Wahlöo

La primera de las novelas que leí de Martin Beck y la que más me ha gustado. De hecho, creo que es la novela de este reto que más me ha gustado. Que más me ha satisfecho, vamos. No es especialmente siniestra, a pesar que habla de asesinato de niños, a veces llega a ser fría incluso. Pero los diálogos están muy logrados y la trama se desarrolla con gran normalidad. No es tramposa. Ya hablé de ella aquí.




Extra:

Morituri, Yasmine Kadhra

No es la novela policíaca de mi vida, tampoco lo es exactamente, quiero decir, no es novela negra. Pero la historia que Kadhra cuenta aquí está tan bien narrada, una historia urbana, llena de realidad, que te engancha. Es una visión de Argel distinta a la que podríamos tener, desde luego mucho más dura y donde aprendemos que hay cosas que no cambian. 

Habemus Papam, de Moretti. It's hard to be a saint in the city...

7.5/10
Nanni Moretti hace cosas interesantes. Quizás no me guste todo lo que he visto suyo, y es posible que pueda estar sobrevalorado en algunos aspectos. Confieso que me emocioné con Caro Diario y que lloré con La habitaición del hijo, que no entendí del todo Bianca y que no pillé todos los matices de Il caimano. También los hay quienes critican de forma severa a Moretti por ser demasiado intelectual o por no ser todo lo mordiente que debería. Críticas para todos los gustos. Total, es gratis. El caso es que este Habemus Papam del viejo Nanni me ha gustado, pero no por las razones que me había imaginado. Antes de ir a ver esta película (en italiano, vi prego), ya me había inventado yo otra. A ver, tenemos a Moretti, de izquierdas y ateo por la gracia de Dios como se dice, a punto de enfrentarse a un tema que no es nada habitual. El Papa. Quizás por aburrido, no es que pueda recordar muchos Papas en la historia del cine. Las sandalias del pescador y el desafortunado de El Padrino III. Hacer una película sobre el jefe de la Iglesia Católica, en Italia y en Roma, tiene su grado de valentía. Pues bien, la película, sin pretender ser un vehículo de lucimiento para Ratzinger, obviamente, no es despiadada ni mucho menos, al contrario, resulta tierna y humana, a veces divertida, a ratos melancólica. No es una mirada tópica y eso me ha gustado. 

La Ciudad del Vaticano se prepara para la elección de un nuevo papa. Como siempre, la multitud espera paciente en la Plaza San Pedro expectante ante la decisión que se presenta difícil. Las casas de apuestas no tienen un ganador fácil y el cónclave de cardenales no parece tenerlo claro. Finalmente, el nuevo papa (Michel Piccoli)  es elegido. Llega el momento importante por excelencia, la fumata blanca. Y, a continuación, la anunciación del nuevo sumo pontífice en el balcón, donde dirá unas palabras en su nuevo cargo. Justo cuando es anunciado, aunque aún sin decir el nombre, aparece una terrible crisis en él, apenas puede contenerse y sale huyendo a esconderse. La ventana se cierra y todo el mundo permanece estupefacto ante la idea de un papa en crisis. El portavoz intenta evitar todo el río de rumores que amenaza con desbordarse y arrastrar cuanto encuentre a su paso. No están los feligreses para crisis de fe. Lo dejaremos en un enorme cansancio que necesita un tiempo para su recuperación. El estrés, la fatiga emocional, todas esas enfermedades modernas. Nadie sabe qué le pasa al nuevo papa, así que un psicoanalista viene a echar una mano (el propio Nanni Moretti, como no). Imposible hacer una sesión fructífera con tanto cardenal alrededor. Lo mejor será que el nuevo papa, de incógnito, vaya a ver a alguien externo que le pueda ayudar, la propia esposa del psicoanalista ahora encerrado en el Vaticano. La actriz Margherita Buy será la encargada de ayudar a ese entrañable aunque algo opaco paciente que dice ser actor. Nada fácil. Y mientras tanto, el clamor popular se hace cada más fuerte. ¿Dónde está el papa y qué le pasa? ¿No será que no quiere el puesto? Eso puede pasar en cualquier otro trabajo, pero cuando es el mismo Dios el que te lo pide, ¿cómo puedes decir que no? Un poco estresante sí que es.













Uno se pregunta cuando ve todas esas imágenes tan reales si es que el Vaticano se ha vuelto loco y le ha dejado filmar a Moretti a sus anchas. Ciertamente hay momentos que tiene uno dudas, otros planos en cambio son de un pobre montaje. Parece ser que la embajada de Francia en Roma y una copia casi perfecta de la Capilla Sixtina han sido más que útiles para dar credibilidad a esta fábula morettiana sobre la condición humana bajo los designios divinos. En Habemus Papam tenemos una historia que ciertamente puede ser real, aunque su desarrollo se me antojo del todo inviable. Esos cardenales repitiendo para sus adentros "no, yo no" ante la posibilidad de ser elegidos como nuevo papa, sus caras de póquer que esconden la angustia ante convertirse en una figura tan importante. Esos mismos cardinales tan relajados jugando al volley o a las cartas, aliviados porque la carga la lleva otro, pero también abiertos ante el psiocoanalista Moretti que no dudará en aprovechar la ocasión de confrontar mente-alma en campo contrario. Por otro lado tenemos a Michel Piccoli como ese hombre que no se ve capaz de afrontar la tarea asignada, que huye esperando encontrarse a sí mismo refugiándose del mundo en el propio mundo. Los peores momentos de la cinta son esas divagaciones finales donde parece que el director no sabe como acabar la historia. El personaje de la psicoanalista (Buy), a pesar de su importancia, no resulta todo lo interesante que debiera. Y esa noche con el grupo de teatro no nos lleva a ningún sitio, sin embargo el paseo entre los fieles, todavía anónimo nos lleva a pensar la idea en la idea de aquella figura pública que tan solo desea poder conseguir unos minutos de privacidad antes de que su vida cambie para siempre. No tiene maldad esta historia, que tampoco puede ser una sátira o una parodia, es una historia muy humana, no demasiado creyente, me temo, con un final inesperado y con divertidas actuaciones. Muy interesante. 

viernes, 2 de diciembre de 2011

"Father, Son, Holy Ghost", Girls

8,5 /10

El segundo disco largo del dúo californiano Girls, asentado en San Francisco, es sencillamente un regalo para los que nos gusta el pop-rock hecho con gusto. Es un disco limpio, de sonidos amables pero que intentan salirse de su propio encasillamiento en distintos momentos. La pareja formada por Christopher Owens y Chet "JR" White han creado once canciones que son pequeños pedazos de realidad. Letras explícitas que se basan en repeticiones para llegar a un grado de intensidad inesperado. Da la impresión que el rock indie brillante, alegre y explosivo de la primera canción, Honey Bunny, se va disipando en algo mucho más intimista, a veces demasiado intelectual, pero que aceptamos de buen grado. Una colección de canciones variada, llena de referencias de no difícil localización, que se escucha con placer. 

El primer disco de Girls, Album, ya había sido todo un éxito de crítica, aunque éste me guste aún más. El título suena contundente: Father, Son and Holy Ghost. Se podría decir que es una referencia al controvertido pasado religioso de Owens, que pasó toda su adolescencia metido en la secta Niños de Dios (Children of God), lo que le granjearía más de un problema con su madre (la que lo introdujo) y que está reflejado en canciones como My Ma. Parece que no tiene que ver este potente título con aquel controvertido culto y simplemente es un recurso estilístico más. Está indicado en la portada que es el tercer disco ya que tienen en cuenta su EP del año pasado Broken Dreams Club. Owens es un tipo curioso, leyendo cosas sobre él, vemos que parece una persona muy honesta, algo prepotente, o quizás solo sincera, lo que puede llevar a confundir. Desde luego reconoce sus limitaciones, habla con total libertad de sus referencias y las deja notar en sus discos. Es el cantante del dúo y es cierto que justo ahí radica el punto flojo del álbum. Desde el punto de vista instrumental, el álbum es una joya. He disfrutado de todo y cada uno de los arreglos, de esas guitarras distorsionadas tan pesadas de Die, de los coros quasi gospel de My ma, del sonido sesentero de Saying I love you...pero la voz de Owens, que puede tener su papel en ciertos momentos, llega a aburrir por monótona y falta de matices. Sabiéndolo como lo sabe, Owens contó en una entrevista para la revista Pitchfork que envió un tweet a Justin Bieber pidiéndole ser el cantante de Girls. Parece que iba en serio, según Owens, con las "fantásticas" canciones que el grupo tiene, Bieber se convertiría en el nuevo Julien Casablancas. Dice también algo parecido de Beyoncé, cree que con su voz, Love like a river sería un número uno. Desvaríos aparte, no le falta razón en que esas canciones son realmente buenas y que cualquier otro cantante con mayor registro podía darle una vida muy diferente, lo que no quiere decir que nos encontremos ante una calidad medianera. Al contrario, el disco la desborda. 

Canciones como Magic, que le iría perfecta a Elvis Costello, hacen que lo escuche una y otra vez. Entiendo que las letras no son lo más original del año, pero funcionan perfectamente. Es un disco pop con tintes rock perfectamente estructurado. Destaca Vomit, un canción sobre el vacío de la pérdida y la necesidad y urgencia que se nos plantea ante ella. Una suave entrada con la voz casi lastimera de Owens, que puede recordarte a los Mercury Rev con un brillante final donde atruena un Hammond y unos fantásticos coros Gospel que te dejan enamorado. Jamie Marie es el tema final, apenas una guitarra que suena bajo la voz un poquito más grave de Owens, para dejar paso a una entrada más instrumental que te llena de melancolía y de deseos frustrados: "Maybe I didn't realize the way I loved the way you moved, 'till I moved so far away I couldn't see you anymore". Pérdida y frustración, algo tan antiguo y tan repetido, pero tan cotidiano y familiar, que no podemos desdeñarlo sin más. Resulta difícil innovar aquí, por eso no valoro tanto la originalidad del disco como lo bien construido que está. Un disco que no puedo recomendar a todo el mundo salvo que se tenga el tiempo de escucharlo tranquilamente, reflexionando sobre si sí o si no durante una hora entera. ¿Tenemos tanto tiempo?