Miopes

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sábado, 1 de octubre de 2011

Un tipo serio, de Ethan & Joel Coen

8/10
Cuando se estrenó Un tipo serio (2009) me pasó un poco desapercibida. Tuvo su éxito de público habitual para tratarse una película de los Coen y lo mismo podemos decir de las críticas. Será por la falta de actores "de reconocido prestigio" (populares, quiero decir) o será porque cuando se estrenó, allá por enero del 2010, me había hecho un esguince de rodilla haciendo el idiota, el caso es que la dejé pasar hasta ayer mismo que me dispuse a enmendar mi error. Supongo que no a todo el mundo le gusta el cine de los hermanos Coen, entiendo que esa manera tan especial de hacer que una historia cotidiana tome tintes grotescos, muchas veces de una manera cruel, no tiene por qué ser del agrado general. Pero lo es, sorprendentemente. Tampoco es que estos hermanos, cuya relación se puede prestar a muchas ideas perversas estilo Inseparables de Cronenberg, se dediquen a proyectos herméticos sin posibilidad de vida comercial, con todo su sello personal en ellas, sus películas están, en muchas ocasiones, más cerca del cine clásico  de género que de las moderneces de unos freaks destinados a cambiar las reglas del cine para siempre. 

Estamos en una ciudad del mediooeste norteamericano en 1967. En una de esas zonas residenciales americanas tan expuestas en las películas más inquietantes del cine, vive con su mujer y sus dos hijos, Larry Gopnick (Michael Stuhlbarg) un profesor de física en una pequeña universidad local, activo practicante de la comunidad judía. Tiene los mismos problemas de todo el mundo, al menos de esa parte del mundo.  Así, se inquieta ante su vecino racista y xenófobo, y su cortadora de césped, empeñado en invadir la parte del jardín de los Gopnick. Su hija, Sarah, tiene serios problemas con su nariz judía, a la que quiere operar, ofendiendo así a su padre, además de sisarle de la cartera de forma sistemática. Luego tenemos al pequeño Danny y sus pequeños problemas de indisciplina, nada especial. El chico se dedica a fumar porros y a prepara su Bar Mitzvah, la ceremonia judía que le hará partícipe como miembro de su comunidad. También mete en algún lío monetario a su estresado padre. A todo ello hay que añadir la presencia de Arthur, el hermano enfermo de seborrea de Larry. Arthur vive con la familia y su presencia resulta bastante molesta, sin olvidar su gran proyecto El mentaculus, un sistema que le permite apostar con éxito en un estado donde están prohibidas las apuestas. 


Arthur altera la vida familiar, seguro. La conyugal ya está bastante alterada con la demanda de divorcio por parte de la señora Gopnick, Judith (Sari Lennick). Eso sí, se trata de una petición civilizada basada en el sentido común y en la madurez. Sy Ableman (Fred Melamed, cuyo parecido con Francis Ford Coppola me ha estado mosqueando toda la película) es el "uno" que se quiere llevar a Judith al huerto, de una forma elegante y respetando las tradiciones, eso sí. Y digo el "uno" porque el "otro" es el bueno de Larry, totalmente desplazado de su hogar al que solo quieren para seguir exprimiendo y confinado en una especie de motel llamado Jolly Roger. Por otro lado están los problemas en la universidad, su futuro está en el aire por una serie de cartas que está recibiendo el comité de designación, cartas misteriosas que  hablan de dudosa moralidad de Larry y encima tenemos a un estudiante surcoreano que está intentado sobornarlo. A todo esto las enormes facturas que están llegando de médicos y abogados, que por supuesto, no perdonan. Sólo tres rabinos, a los que deberá acudir a lo largo de la trama, podrán echar algo de luz a este túnel en el que Larry se ha metido. Esto es América. Y además, la América judía (no offense). Y hay una maldición, o algo así.

Cuánto sufrimiento, por Dios o Hashem, como dice algún personaje. Reconozco que la iconografía judía queda muy bien en pantalla. Desconozco si esta visión de los Coen de sus propias experiencias aderezadas con su desbordante imaginación, pueda ser ofensiva. En cualquier cosa me parece muy entretenida, a pesar que la historia en las películas de estos hermanos no siempre resulta fácil. El protagonista, Stuhlbarg, me ha parecido sencillamente genial. Transmite cada uno de los yugos que le van poniendo sin entrar en histrionismos ni nada parecido. Pero es que todo el elenco está muy bien. Los Coen siempre tienen unos personajes supuestamente secundarios que valen su peso en oro, eso es algo que me encanta. Esas imágenes entre lo real y lo irreal, esas caras imposibles, esos ambientes que nos resultan tan extraños y atractivos. Y luego están los abogados, esa materia prima temática inacabable para la industria americana. Los Coen adoran estos hombres de leyes y les dan un papel desde luego jugoso. Lo mejor de la película son los personajes, seguro. La historia puede dejar que desear en algún punto, pero el no atar todos los cabos no tiene por qué ser algo negativo en cualquier caso. Luego está esa forma de retratar la realidad que tienen sus películas, una "realidad" a medias, las escenas finales con el tornado, o la continua persecución del hijo de Gopnik por parte su vecino Fable. Y luego está la canción psicotrópica elegida para esta historia, la tremenda "Somebody to love" de Jefferson Airplane (que también tuvo un momento álgido en otra locura, la poco afortuanda Un loco a domicilio (The Cable guy) de Ben Stiller. En definitiva los Coen nos presentan otra historia cargada de humanidad, una revisión del mito de La ley de Murphy, donde nos plantean la cuestión de saber si Dios está con nosotros ..... o en nuestra contra. 

P.S. Por cierto, la fantástica escena del dentista no terminé de entenderla del todo, me pasó como al protagonista...lo que no sé si es lo más adecuado. 

6 comentarios:

Víctor Pérez dijo...

A mí también se me pasó esta peli de los Coen cuando se estrenó. De hecho, no sabía que existía hasta que la vi en la estantería de la biblioteca municipal. Me la llevé a casa. Ciertamente no es la película que esperas ver, pero definitivamente tiene el sello Coen. Me recuerda a El hombre que nunca estuvo allí por el ritmo pausado y la impresión de que no pasa nada, pero hay que ver las cosas que le pasan al prota (excelente y desconocido actor). La escena del dentista tiene un guión muy a lo Tarantino, donde la larguísima historia que le cuenta éste no tiene ni pies ni cabeza. El humor nace de las situaciones tan inverosímiles que le ocurren al protagonista y que todo el mundo le hace creer que son de lo más normal. En el fondo, sus desgracias nos hacen gracia... y eso es terrible. En fin, un film menor, pero unfinitamente superior a la media del cine norteamericano de las últimas décadas.

EmeJota dijo...

¿En serio te gustó la película?

Yo la vi apenas salió porque soy fanática de los Coen, pero esta vez si que no me gustó (y eso por dejarlo en términos bonitos).

En esa película se fueron dos horas de mi vida que nunca recuperaré. Nada más al leer el título me dan ganas de llorar al recordar lo dolorosa que fue verla.

Juro que AMO el trabajo de los Coen, puedo reconocer su sello y su humor en este trabajo y hasta la actuación del personaje principal es soberbia, pero realmente preferiría sacarme los ojos con un tenedor oxidado que ver esta película nuevamente.

Eso sí, me dejó una buena moraleja: "Cuando crees que la vida te ha terminado de joder, no te sientes, porque te viene más"

Antò dijo...

Hola Víctor, veo que nos ha pasado a más de uno lo mismo. Lo que le sucede al protagonista puede resultar increíble, pero cuando uno escucha las historias a nuestro alrededor...puede que sea una película menor, que lo es, pero como bien dices, siempre se puede sacar petroleo de este tipo de películas, la vida no es tan lineal como nos la cuentan. ¡Un saludo!

Antò dijo...

Buenas Emejota, ¿cómo va todo? Pues sí, me gustó mucho y te creo totalmente cuando dices eso del cine de los Coen. Es que la historia me atrapó totalmente, no sé, pero creo que empaticé enseguida. Si te sirve de consuelo (que no te hace falta, pero bueno) mi pareja se quedó frita (dormida, vamos) en cuanto empezó. La pobre...Curioso lo del tenedor oxidado...¿si no lo estuviera sería algo menos doloroso? Mmmm, le preguntaré a un rabino!!! Besicos

EmeJota dijo...

Hola Antò! todo bien por acá, espero que por allá esté igual. Realmente el cine de los Coen es inconfundible para quien conoce su trabajo, creo que uno de los aspectos más significativos (al menos para mi) es la música que utilizan para sus películas. En fin, esta historia si que no me gustó pero no por ellos los amo menos, simplemente es un desvío en el camino.

Ahora, que bueno que aclaraste lo de frita porque aquí eso significa loca jejeje. Aunque en cierto modo la envidio porque yo también hubiera deseado dormirme, lo único que me hizo mantener los ojos abiertos fue la posibilidad de que al protagonista se le volaran los tapones (a.k.a. se volviera loco) al final y terminara quemando la casa con todo el mundo adentro o algo así; no hay ni que decir que me equivoqué ¿cierto?

En cuanto a lo del tenedor oxidado lo digo porque aparte de quedarme ciega me de tétano, así que supongo que sería más doloroso.

Ya para terminar, espero que sólo hayas empatizado con el personaje pero no te hayas sentido identificado con el mismo; ese ser si que lleva una vida de perros.

Antò dijo...

No sabía que podía querer decir en Venezuela, pero frita como dormida me sonaba "demasiado" castellano...Y sí, yo esperaba también que cogiera el candelabro y empezara su terrible venganza. Y no, mi vida no es tan terrible, pero como soy profesor algún padre (nada exótico, un local) ha venido a pedirme cuentas por el suspenso a su hijo. Sin dinero por medio, lástima, soy totalmente comprable.