Miopes

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miércoles, 12 de octubre de 2011

Tom Stoppard: "The real thing"

Este año, en la escuela de teatro donde acudo religiosamente todas las noches, haremos un montaje teatral de una obra completa. Así que me he pasado todo el verano, y parte del veranillo que estamos viviendo ahora, buscando alguna obra que se ajuste al número de actores y, lo más importante, a nuestras posibilidades interpretativas y, aún más importante, presupuesto. Ardua tarea. Tienes que elegir entre alguna obra menor que puedas explotar o algún clásico inexpugnable que de motivos al público para comerte vivo. Pero, ¿cómo?¿También en el mundo amateur te pueden despellejar? Sí. 

Me he acercado a todo tipo de épocas y estilos. No es nada sencillo dar en el clavo. De hecho puede ser descorazonador, me refiero al hecho de no tener completa libertad en la decisión por factores externos. Pero bueno, hay obras para dar y tomar, es sólo que no abundan en estas bibliotecas de por aquí (me refiero a algo que no esté trillado y más que trillado) e internet no es la fuente de textos tan increíble como lo es con otro tipo de material. Me compré no hace mucho una edición bastante económica de algunas obras de Tom Stoppard. Por cierto, lo hice en Amazon.es, que sí, es más de lo mismo, pero ya he encontrado alguna ganga, todo no va a ser un desastre. De Tom Stoppard no había tenido ocasión de leer nada hasta ahora, ni de ver ningún montaje basado en sus obras, salvo su guión para Shakespeare in love, escrito con Marc Norman. Tampoco es que sus obras abunden traducidas al castellano. El número es bastante reducido, al igual que otro gran dramaturgo que pasó por nuestras manos la semana pasada, Sam Shepard. No se traduce teatro en España. Y sin embargo se traduce cualquier chorrada que contenga la palabra vampiro, luna, sangre o hechizo en cualquier parte de su portada. Ya sé, ya sé, no soy tan inocente. El teatro no vende, la literatura fantástica sí. Ok, lo acepto. Lo que decía, Tom Stoppard es uno de los grandes autores en este momento, como lo prueba el espectáculo La costa de Utopía, que está siendo noticia en el mundillo teatral estos días.


Acabo de recordar que hace algunos años tuvo ocasión de ver Rosencrantz y Guilderstern han muerto, aquella fantástica parodia-homenaje a la inmortal de Shakespeare, dirigida para la gran pantalla por el mismo Stoppard y con Tim Roth y Gary Oldman en los papeles principales. Ya conozco algo más del dramaturgo británico de origen checo. Huelga decir que todo lo que me he encontrado suyo me ha encantado, incluso si se trata de algo tan "comercial" (pero tan bien documentado) como Shakespeare in love. La obra que planteamos como posibilidad de hacer fue The real thing, traducida al español como Algo auténtico y, posteriormente, Realidad. Esta última traducción fue creada para la pieza que se montó en el María Guerrero de Madrid con Natalia Menéndez en la dirección, justo en el 2010. Parece poco probable que la vayamos a montar nosotros, no ya porque haya tantos ejemplos y tan cercanos en el tiempo (no es que podamos compararnos de todas formas), no se ajusta demasiado a lo que buscamos. Eso no quita para que el texto de Stoppard me parezca muy bueno, genial a ratos. 

Henry es el protagonista principal. Es un dramaturgo de éxito, con cierta visión cínica de la vida. No sé si será algo autobiográfico, pero veo a Stoppard perfectamente reflejado en ese papel. Henry está casado con Charlotte, una de las actrices de su nuevo montaje "House of cards", donde también actuará Max. Annie es su amor secreto, hasta que finalmente decide abandonar a Charlotte e irse con Annie, buscando nuevas emociones, the real thing. Por otro lado, Annie está trabajando con un joven autor de Glasgow llamado Brodie, que no goza del respeto de Henry, pues considera que no sabe escribir. Henry no puede evitar pensar que Annie le está siendo infiel con Billy, su compañero de reparto, e incluso con el propio Brodie, al que Annie admira sin que Henry termina de entenderlo. 

Jeremy Irons y Glenn Close protagonizaron
el montaje de Mike Nichols en 1984 en
Estados Unidos.
El comienzo de la obra te sitúa perfectamente en el terreno que Stoppard quiere. Max está esperando en casa a Charlotte, que acaba de regresar de Suiza. Transcurre una conversación banal, hasta que Max le confiesa que ha encontrado su pasaparte. Sabe que ella no ha ido a ningún sitio, le está engañando. Todo es mentira, es el primer acto de la obra House of Cards, la obra de Henry en la que actúa su, por el momento, esposa. Es teatro dentro del teatro. Se repetirá esta situación en varias ocasiones durante la obra. En cierto modo, lo que Henry quiere buscando a Annie (voluptuosa, atractiva, pero bastante menos simpática que Charlotte) es encontrar eso que busca en su obra. Es decir, quiere que la vida imite al teatro, que lo auténtico sea lo que está en el escenario. Todo esto lo hace a través de un lenguaje muy ingenioso, con continuas referencias a autores de diversas épocas como Strindberg (a cerca de un montaje de La señorita Julia), Oscar Wilde o Noël Coward. Me gusta mucho cuando Henry dice que "la felicidad solo puede alcanzarse gracias a la banalidad y a la lujuria". Un ejemplo es un programa llamado Discos de la Isla desierta, está invitado a un programa donde deberá indicar qué discos llevaría a una isla desierta. Su problema es que le gusta la música pop y se siente culpable. Habla de como en una ocasión fue a ver a Maria Callas y no sintió ni la mitad de emoció que al escuchar a The Righteous Brothers. De nuevo, las apariencias marcando la vida de la clase burguesa. Incluso la traición y la infidelidad no aparecen como algo visceral, todo se racionaliza lo que llega a irritar a los personajes en un momento dado. El personaje de Henry irá madurando, enfrentándose a su hija adolescente, a su ex-mujer y  a sus inseguridades. Es un texto fantástico, muy agudo, con fragmentos muy ágiles y otros de mayor introspección. Una lástima que no pueda ser....por ahora.


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