Miopes

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sábado, 8 de octubre de 2011

"2" Black Country Communion: los chicos solo quieren divertirse


7/10
Si hay una palabra que hace correr como alma que lleva el diablo, esa es la palabra supergrupo. Pocas cosas son sinónimo de aburrimiento en el mundo del rock, salvo ésa. Ya puedes estar hablando de la unión mística más importante del momento, el resultado será un conglomerado de egos insustancial y más muerto que las flores un estampado. ¿Que hay ejemplos de buenos álbums hechos por estos all-stars? Puede, evidentemente estamos hablando de músicos técnicamente sobresalientes en sus instrumentos, un buen disco se hace cuanto menos necesario. Y Black Country Communion...¿son también un supergrupo o hay algo más? Este segundo disco en nueve meses, como antiguamente, nos dice mucho. Vaya nombres, señoras y señores, Glenn Hughes a la voz y al bajo, Joe Bonamassa a las guitarras y voz, Derek Sherinian a los teclados y Jason Bonham a la batería. Tenemos de todo aquí y muy bueno. Parece ser que este segundo álbum se ha basado más en la aportación de Hughes, el hombre más prolífico que podáis imaginar sacando discos y colaboraciones de forma constante. Las agendas de Bonamassa y el resto estaban repletas de actuaciones (tan sólo hay que entrar en sus webs personales y ver los tours que tienen en marcha, no sé de dónde sacan el tiempo). Pues Glenn Hughes, un tipo con una voz privilegiada capaz de pasar del blues al hard rock pasando por el funky y que además domina su instrumento, el bajo. Teniendo en cuenta que mi canción favorita de los Purple siempre fue Burn, todo lo que diga de este inglés que pronto entrará en los 60 es poco. De Joe Bonamassa no he escuchado demasiado, sé que es un bluesman que no le hace ascos a los riffs más hard rock y en este disco está sencillamente inmenso. Derek Sherinian, ese teclista de Dream Theater o Planet X y Jason Bonham, hijo de John Bonham, pero que además tenía su banda Bonham que me gustaba bastante, especialmente aquel The disregard of timekeeping del 89. 


De acuerdo, son una superbanda, ¿y las canciones? Empezamos con The Outsider, brutal inicio de hard rock como le gusta a Hughes, viento en popa a toda vela. Canciones que hablan de tener aún esa energía que algunos dan por perdida, de estar al margen de lo establecido. Son letras muy directas, a veces simplonas, también es cierto. No encontramos aquí grandes canciones pegadizas pero una colección de solos de cada uno de los instrumentos impresionante. Como el diálogo entre entre Bonamassa y Sherinian del final de The Outsider con Jason Bonham ejecutando perfectamente. Un tema muy Purple de esos setenta donde el teclista rock (John Lord mediante) era alguien respetable. The Battle for Hadrian's Wall con ciertos tintes progresivos y Bonamassa a la voz. No tiene el carisma de Hughes, pero no hace un mal trabajo. Save me es una balada de más de siete minutos que refleja la pasión que sienten estos señores por su trabajo. Composición cuidadísima que, llamadme zumbado, me recuerda a un cruce extraño entre King Crimson (por el inicio) y, de nuevo, esos Deep Purple de la segunda mitad de los 70. Impresionante Bonham aquí. Por un camino parecido va An Ordinary son, con Bonamassa y Hughes a las voces. Un rock más clásico, algo más tipo Lynyrd Skynyrd me ha llevado a pensar, simplemente por mostrar dos posibles influencias bien diferentes. I can see your spirit es rock directo y contundente, frases cortas y machaconas con un riff muy hard. Puede recordar un poco a los Led Zep de IV. Y sin embargo, es una de las canciones que menos me transmite. Little Secret es un tema blues para mayor gloria de Bonamassa  y de Hughes, evidentemente. No es, sin embargo, el Since I've been loving you, por seguir con la comparación con los Zeppelin. Son un total de once canciones muy sólidas, de riffs mastodónticos, sonidos de hace treinta años (pero con una impecable producción actual), letras poco elaboradas y que caen en clichés, aunque con buenos momentos también como la última,  Cold, otro tema que pasa de un inicio blues a una balada más rock. 

No es un disco que apasione a los que no disfrutamos especialmente de las exquisiteces musicales de unos virtuosos. Pero es innegable que el disco tiene una unidad en cuanto al sonido, y unas canciones que superan con creces la media de lo que podemos escuchar habitualmente. No son un grupo perfectamente compenetrado, cada uno hará la guerra por su cuenta, por supuesto (han hecho muy pocos conciertos juntos) pero sí da la impresión que han querido hacer rock sin paliativos y para divertirse. Y divertirnos. Irreprochable. 

Black Country Communion - Man in the middle


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