Miopes

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sábado, 29 de octubre de 2011

1.280 almas, de Jim Thompson. El ande yo caliente con olor a estiércol y mala baba

Nick Corey se va a convertir en uno de mis personajes favoritos del año. El protagonista de 1280 almas (Pop 1280, escrita en 1964) ha sido uno de los que más satisfacciones me ha dado en los últimos tiempos. Si es que ser tan canalla suma muchos puntos. Ésta es la primera novela que leo de Jim Thomposon, un gran error por mi parte. Me refiero a no haber leído antes algo de este escritor americano, que murió sin pena ni gloria, aunque hoy alaba cualquier amante del pulp que se precie. Ya me he apuntado en mi lista de deseos literarios varios de sus libros, que auguran mucha mala leche, mucho criminal tarado, mucha gente apacible que no sabe con quién se mete y un retrato de la condición humana que nos pone en evidencia.

1280 almas hace referencia al número de habitantes de la población (Potts County) donde Corey es el sheriff. Aquí el bueno de Nick lleva una vida apacible, tranquila, sin demasiados altercados o, por lo menos, conflictos en los que realmente merezca la pena intervenir. No cree tener una imagen de sheriff estricto, tampoco la busca a pesar que las elecciones se acercan y quizás le convendría mejorar su imagen. El problema, quizás, viene por ahí. No cree Nick que se le respete lo suficiente. El primer problema lo tiene en casa, por culpa de su mujer Myra y del hermano de ésta. Viven ambos con Nick en su casa y se dedican a restregarle lo miserable que es su vida. Desde la primera línea, el protagonista nos desvela que mujeres no le faltan, es todo un semental pero las circunstancias de la vida han hecho que deba seguir casado con esta mujer a la que odia y aguanta por igual. Su otro problema, decíamos, era la falta de autoridad. Empieza a creer que cualquiera en Potts County se ve capacitado para levantarle la voz y faltarle al respeto. Nick decide pedir consejo a su amigo Ken Lacey, sheriff vecino que le llama a dar un golpe de autoridad. Si alguien le ataca, su respuesta debe ser el doble. Pero Nick tiene más problemas en su vida, tiene dos amantes a las que atender, y la desconfianza del juez local. Demasiados cabos sueltos para un hombre tan bienintencionado y, principalmente, tan poco astuto. Poco a poco nos daremos cuenta que Nick Corey no es ni lo uno ni lo otro.

Jim Thompson
En cuanto uno empieza con esta historia, no puede hacer otra cosa que terminarla. Es un libro cortito (200 páginas poco más o menos en la edición de RBA), muy ágil y donde Jim Thompson nos va componiendo una galería de personajes arquetípicos de la América profunda. Imaginad una película de Peckinpah o el personaje interpretado por Michael Madsen en Kill Bill, o incluso los personajes oscuros de No es país para viejos (esta novela se adaptaría como un guante a la filmografía de los Coen). Nick Corey no es que sea muy orgulloso, o rencoroso. Simplemente es un superviviente, un egoísta convencido que  ninguno de sus queridos conciudadanos va a poder cambiar. Thompson conoce los bajos instintos del hombre. Aquellos que aparecen en la intimidad cuando no estamos delante del foco público y que nos llevarían a cualquier acción para preservarlos ahí, en ese oscuro lugar de la mente donde los guardamos. No es que Nick Corey sea un mal tipo, es un buen ciudadano hasta cierto punto. Ha caído en muchas trampas a lo largo de su vida, pero ahora ha conseguido un status y no se lo va dejar arrebatar tan fácilmente. 

Por otro lado, Thompson expone la historia a través de Nick. Su relato en primera persona no deja de impresionarnos. Resulta maquiavélico e ingenuo a partes iguales. No sabes hasta qué punto también el lector está siendo manipulado por ese mezquino de Nick Corey. El autor emplea un lenguaje procaz, grosero, cínico también y no solo en boca del protagonista. Hay una violencia verbal que tiene su continuidad en la física. Además, 1.280 almas es una novela cargada de sexo. En parte es el motor de la trama, pero no su finalidad. El único objetivo del protagonista no es fornicar con toda mujer que se le ponga a tiro, sino también el que nadie se meta en su territorio. Thompson nos habla de racismo, de lucha de clases, de machismo, de independencia, de dinero, de corrupción. Nos habla del poder de la difamación, aunque sea tan sutil como la que emplea Nick Corey. En general, es una trama que va sucediéndose lenta, no hay momentos especialmente álgidos, pero eso también funciona así por el punto de vista de Corey. Un final que está muy lejos de ser apocalíptico, pero que responde muy bien al ritmo de la novela. En definitiva, una pequeña joyita de la literatura nortemericana más agreste, no será una joya de la literatura, no me imagino yo a Jean Paul Sartre describiendo a la desvergonzada y sexualmente liberada Rose, pero cumple su objetivo.

Podéis leer otra crítica en el blog de Ana


2 comentarios:

Ana dijo...

Pero I can't believe it!!! ¿Cómo has podido tropezar con esta novela (tan poco famosa y bestsellica) cuasi al mismo tiempo que yo? ¿Las casualidades existen? ¿Los 6 grados de separación? ¿El efecto mariposa, la gravedad o la atracción planetaria???? En fin, sí, creo que es un libro que te pega un montón. No porque esté insinuando que te parezcas a cualquiera de sus personajes, pero síp, es tarantiniana total (oye, qué musicalidad tiene el propio nombre de Tarantino, me encanta...).
Y lo de poner ceros... pero no te cortes hombre!!! ¡Si eres profe! Tienes el poder en tu boli rojo. Sólo hay que dar el salto, no por poner el nombre el alumno se merece ya 0'25... y eso lo aprendí en el garito donde tú te mueves.
Por otra parte, alma cándida, ¿cómo puedes comparar tu elegante, cuidada y minuciosa prosa (toma, otra rima musical, estoy en racha), haciendo señoras reseñas, con mis vómitos más sentimentales que otra cosa? Yo no hago reseñas, me cuesta resumir lo que tan bien, o tan mal, resumido está en la tapa de atrás. Yo sólo intento decir lo que me ha parecido a mí misma el libro. Con una ignorancia supina sobre el autor y sus circunstancias y sin mirar el trasfondo poético dramático de la obra, que no suelo tener la sensibilidad de apreciar.
Así que, como la ignorancia es atrevida, frase de J.L. Solana, profesor que quizá te suene de algo, me dijo una vez, pues yo me atrevo a poner ceros. Saca tú el resto de las conclusiones. ;)

Antò dijo...

Pues fue casualidad. Estaba pululando por la biblioteca y me gustó la sinopsis del libro. Luego me di cuenta que tú también lo habías comentado. Viva tus vómitos sentimentales, que los rollazos que escribo no se los traga nadie.
Es que me cuesta poner ceros porque el autor ya se ha atrevido a hacer algo que yo no: ¡escribir! (o lo que sea). Pero es cierto que no comento todo lo que veo, los muy malos paso. Besicos