Miopes

Miopes

sábado, 29 de octubre de 2011

1.280 almas, de Jim Thompson. El ande yo caliente con olor a estiércol y mala baba

Nick Corey se va a convertir en uno de mis personajes favoritos del año. El protagonista de 1280 almas (Pop 1280, escrita en 1964) ha sido uno de los que más satisfacciones me ha dado en los últimos tiempos. Si es que ser tan canalla suma muchos puntos. Ésta es la primera novela que leo de Jim Thomposon, un gran error por mi parte. Me refiero a no haber leído antes algo de este escritor americano, que murió sin pena ni gloria, aunque hoy alaba cualquier amante del pulp que se precie. Ya me he apuntado en mi lista de deseos literarios varios de sus libros, que auguran mucha mala leche, mucho criminal tarado, mucha gente apacible que no sabe con quién se mete y un retrato de la condición humana que nos pone en evidencia.

1280 almas hace referencia al número de habitantes de la población (Potts County) donde Corey es el sheriff. Aquí el bueno de Nick lleva una vida apacible, tranquila, sin demasiados altercados o, por lo menos, conflictos en los que realmente merezca la pena intervenir. No cree tener una imagen de sheriff estricto, tampoco la busca a pesar que las elecciones se acercan y quizás le convendría mejorar su imagen. El problema, quizás, viene por ahí. No cree Nick que se le respete lo suficiente. El primer problema lo tiene en casa, por culpa de su mujer Myra y del hermano de ésta. Viven ambos con Nick en su casa y se dedican a restregarle lo miserable que es su vida. Desde la primera línea, el protagonista nos desvela que mujeres no le faltan, es todo un semental pero las circunstancias de la vida han hecho que deba seguir casado con esta mujer a la que odia y aguanta por igual. Su otro problema, decíamos, era la falta de autoridad. Empieza a creer que cualquiera en Potts County se ve capacitado para levantarle la voz y faltarle al respeto. Nick decide pedir consejo a su amigo Ken Lacey, sheriff vecino que le llama a dar un golpe de autoridad. Si alguien le ataca, su respuesta debe ser el doble. Pero Nick tiene más problemas en su vida, tiene dos amantes a las que atender, y la desconfianza del juez local. Demasiados cabos sueltos para un hombre tan bienintencionado y, principalmente, tan poco astuto. Poco a poco nos daremos cuenta que Nick Corey no es ni lo uno ni lo otro.

Jim Thompson
En cuanto uno empieza con esta historia, no puede hacer otra cosa que terminarla. Es un libro cortito (200 páginas poco más o menos en la edición de RBA), muy ágil y donde Jim Thompson nos va componiendo una galería de personajes arquetípicos de la América profunda. Imaginad una película de Peckinpah o el personaje interpretado por Michael Madsen en Kill Bill, o incluso los personajes oscuros de No es país para viejos (esta novela se adaptaría como un guante a la filmografía de los Coen). Nick Corey no es que sea muy orgulloso, o rencoroso. Simplemente es un superviviente, un egoísta convencido que  ninguno de sus queridos conciudadanos va a poder cambiar. Thompson conoce los bajos instintos del hombre. Aquellos que aparecen en la intimidad cuando no estamos delante del foco público y que nos llevarían a cualquier acción para preservarlos ahí, en ese oscuro lugar de la mente donde los guardamos. No es que Nick Corey sea un mal tipo, es un buen ciudadano hasta cierto punto. Ha caído en muchas trampas a lo largo de su vida, pero ahora ha conseguido un status y no se lo va dejar arrebatar tan fácilmente. 

Por otro lado, Thompson expone la historia a través de Nick. Su relato en primera persona no deja de impresionarnos. Resulta maquiavélico e ingenuo a partes iguales. No sabes hasta qué punto también el lector está siendo manipulado por ese mezquino de Nick Corey. El autor emplea un lenguaje procaz, grosero, cínico también y no solo en boca del protagonista. Hay una violencia verbal que tiene su continuidad en la física. Además, 1.280 almas es una novela cargada de sexo. En parte es el motor de la trama, pero no su finalidad. El único objetivo del protagonista no es fornicar con toda mujer que se le ponga a tiro, sino también el que nadie se meta en su territorio. Thompson nos habla de racismo, de lucha de clases, de machismo, de independencia, de dinero, de corrupción. Nos habla del poder de la difamación, aunque sea tan sutil como la que emplea Nick Corey. En general, es una trama que va sucediéndose lenta, no hay momentos especialmente álgidos, pero eso también funciona así por el punto de vista de Corey. Un final que está muy lejos de ser apocalíptico, pero que responde muy bien al ritmo de la novela. En definitiva, una pequeña joyita de la literatura nortemericana más agreste, no será una joya de la literatura, no me imagino yo a Jean Paul Sartre describiendo a la desvergonzada y sexualmente liberada Rose, pero cumple su objetivo.

Podéis leer otra crítica en el blog de Ana


jueves, 27 de octubre de 2011

No habrá paz para los malvados, de Enrique Urbizu

9/10
Cine español de género. El desafío de todo cinéfago con prejuicios. Lo primero que tengo que decir es que lo único que no me ha gustado de la última película de Enrique Urbizu es el título. Si no hubiera visto el trailer y alguna información por ahí jamás me hubiera acercado a esta película, a pesar de Urbizu, que no me ha disgustado en sus trabajos anteriores. Santos Trinidad es uno de los mejores personajes que ha dado el cine español en su etapa más reciente, y, claro está, José Coronado tiene mucho que ver.
Esta es la historia de Santos Trinidad, un veterano policía que trabaja ahora en desaparecidos tras una brillante carrera policial de la que vamos descubriendo retales pero sin llegar a saberla del todo. Santos vive al margen de todo, hasta de él mismo. Su estilo es trasnochado y, como bien lo definen en la película, es más un dinosaurio condenado a la extinción que un modelo a seguir. Una noche en la que bebe más de la cuenta, acaba en un club nocturno donde se verá involucrado en un triple asesinato. A partir de ese momento deberá adelantarse a la juez Chacón (Helena Miquel) y a sus investigadores que comienzan a juntar cabos, cerrando el círculo alrededor de Trinidad. Pero todo se va enmarañando de forma imposible, lo que parecía un ajuste de cuentas por droga toma un cariz muy distinto y menos convencional.

Hay una cosa que sorprende en esta película. Lo medido y bien proporcionado que está todo. No vamos a encontrar grandes aspavientos ni personajes con un carácter explosivo que llenan la pantalla. No, aquí está todo medido para poder entender unos personajes cuyo miedo es quedar en evidencia delante de los demás. José Coronado confiere a su personaje una multitud de registros, pero jamás entra en lo histriónico y en los lugares comunes de producciones americanas mucho más afamadas. Está perfecto. Y no es fácil, nunca lo es, pero cuando acometes la tarea de representar un personaje cínico, sin escrúpulos, que la única ley que respeta es la propia y, por lo tanto, con un sentido del deber más que sui generis, es muy fácil caer en todo lo anterior. Pero Coronado controla cada tic, cada respuesta, cada movimiento. Expresa todo con un gesto, con esa mirada cargada de intención y esos silencios tan espectaculares. Esta película se basa en el silencio y en las miradas, en lo que no se dice pero se intuye. Trinidad está casi toda la película pero sus líneas de diálogo no deben ser muchas, sin embargo entendemos sus motivaciones perfectamente. El resto de personajes no desentonan. La mayoría eran caras muy conocidas de la televisión, como Juanjo Artero, de nuevo en su papel de policía tras la serie de El Comisario. Me ha sorprendido Helena Miquel (componente de Facto Delafé y las Flores Azules), en el papel de la juez Chacón. Es un personaje aparentemente intrascendente. Y digo esto porque da la impresión que la juez es un juguete en manos de los demás, que parecen dudar de su capacidad en todo momento. Y como Trinidad, se mantiene impasible ante los desaires de los que le rodean. Es especialmente reseñable el momento en el que su hija le llama por teléfono y su hierática figura se descompone para hablar con ella, dándonos en apenas un minuto y, de forma totalmente pertinente, el papel de madre cariñosa que se empeña por esconder. Un pequeño paréntesis entre tanta deshumanización.

Urbizu trata muchos temas en No habrá paz para los malvados. Un guión muy sólido donde se nos presenta un retrato del Madrid del siglo XXI. Aquí hay delincuencia, lujo, prostitución, inmigración, bandas, corrupción, islamismo radical...vamos lo mejor de cada casa. No deja un cabo suelto y nos lleva a un potentísimo desenlace que podemos calificar ya de mítico. ¿Que si me ha gustado? 


sábado, 15 de octubre de 2011

The Answer: "The Revival"

8/10
The Answer son una estupenda banda formada en Belfast a mediados de la década pasada, sacando su primer y poderoso disco Rise en el 2005. No están descubriendo nada nuevo. No van a cambiar el rumbo de la música. No van a salir en la portada de ninguna revista que pueda declararse "trendy", como mucho de la Classic Rock magazine. Pero Paul Mahon (guitarra), Micky Waters (bajo), James Heatley (batería) y Cormac Neeson (voz) despliegan todos los recursos a mano para darnos unas canciones cargadas de hard rock que viene directamente de las mejores bandas de los setenta. Poned el nombre que queráis. Su primer disco tenía ese cañonazo que era Under the sky, en el segundo (Every Demons) teníamos más ración de lo mismo, pero de lo mismo que nos encanta. Y para este tercero, han decidido seguir por el mismo camino, quizás algo más variado intentando parecerse menos a AC/DC y más a unos Blue Cheer o The Who. Para ambientarse, los chicos de Belfast se fueron a grabar el disco a un rancho de El Paso. No sé si hoy en día esto de desplazarse marca verdaderamente la diferencia, pero este disco suena muy americano en el buen sentido de la palabra. Doce canciones de puro rock and roll donde predomina la voz de Cormac, sin duda la marca de la casa, pero la sección rítmica no se queda atrás (Destroy me, por ejemplo), y Paul Mahon tiene la pauta con esos riffs. 

Como he dicho, no es el gran disco del siglo XXI. Pero cumple. Waste your tears comienza con un sonido muy sleazy, podría ser la intro de cualquier disco de Warrant, se trata de un tema clásico de hard rock, con un estribillo que no termina de romper, pero con esos sempiternos coros que quedan tan resultones. Use me es el despliegue de artillería de Mahon, un tema divertido con otra demostración de talento por parte de Waters y Heatley. Trouble es más bluesy, al principio, para destaparse en una canción mucho más clásico que recuerda a los mejores discos del rock angelino. Nowhere freeway es otro gran momento del álbum. Colabora aquí Lynne Jackaman del grupo Saint Jude. Uno de esos estribillos pegadizos donde los cantantes se deleitan (o nos deleitan, como queráis) mientras Mahon hace un excelso solo. Algo repetitiva al final de todas formas. Tornado es un tema muy contundente, con unos riffs criminales, comenzando como uno lento va creciendo de manera consistente. Vida (I want you) mantiene el tono de temas blues rock, con un estribillo pegadizo, perfecto para el directo, aunque, personalmente, es de los que menos me gustan. Caught on the riverbed es el gran tema del disco, y uno de los que más me recuerda a The Who. Vibrante Cormac, mostrando todos sus registros. Las canciones finales del disco mantienen el tipo: Can't remember, can't forget es un tema de estructura demasiado pop rock, a veces parece más una de estas canciones sacadas de American Idol. One more revival tiene unos coros fantásticos en el estribillo y Lights are down cierra el disco de manera épica, con una de esas power ballads que se decían antes. 

Si os gustan grupos como Black Stone Cherry (creo que es uno de los grupos con los que tienen más concomitancias), o cualquier clásico del rock americano de los setenta, hay que echar un vistazo a este The revival.



Piece by Piece es un canción inédita incluida en la version deluxe, junto con versiones en directo y acústicas.





El mundo perdido, de Conan Doyle.

Lo primero que te viene a la cabeza al empezar El mundo perdido, de un tal Arthur Conan Doyle (con un Sir delante), es la palabra aventura. Pero aventura como las de antes, tan inocentes y tan poco sofisticadas por un lado, y sin embargo tan llenas de encanto y misterio por otro. Publicada en 1912, algo que puede definir la novela es la intención del propio Doyle de querer hacer un "boy's book", es decir, ése tipo de aventuras, llamémoslas juveniles, donde los protagonistas son hombres, siendo el principal personaje preferentemente joven y con mucho que aprender y por lo que sorprenderse. Otro apunte son los personajes femeninos, que son puramente testimoniales, aunque a veces pueden ser el motor de arranque de la novela, como es aquí. Supongo que la más famosa novela dentro de este género tan clásico de finales del siglo XIX y principios del XX debe ser La isla del tesoro, por citar una. 

El mundo perdido siempre fue una novela conocida, a pesar de vivir un poco a la sombra del gran personaje de Conan Doyle: Sherlock Holmes. Pero tuvo una resurrección en los noventa, gracias a los dinosaurios de Spielberg y Crichton. En realidad, se trata de una novela de aventuras muy estimable. Tiene ritmo, tensión, suspense, cierta carga de romanticismo literario al desarrollarse en tierras extrañas e inhóspitas, personajes con carácter y lo más básico, un perfecto inicio, nudo y desenlace. Que a veces se hace difícil encontrar algo así. La historia es la del joven periodista Ed Malone, decidido a hacer méritos para conseguir el amor de la exigente Gladys, decide unirse al profesor Challenger en la búsqueda de una tierra perdida en Brasil donde, aparentemente, un americano llamado Mapple White había localizado criaturas supuestamente extinguidas miles de años antes. A esa expedición se les unirá el aventurero y experto cazador Lord John Roxton, junto al profesor Summerlee, reputado científico cuya única intención es demostrar que toda la expedición es una falacia. Una vez allí, contratarán la ayuda de algunos nativos locales para guiarles hasta ese meseta separada del resto del continente por una empinada sierra. Tras una serie de vicisitudes, se encontrarán cara a cara con la realidad de esa nueva tierra llamada de Mapple White, incluyendo todo tipo de criaturas espeluznantes. Algunas basadas en los conocimientos científicos de la época (iguanadontes, stegosaurios) otras salidas de la desbordante imaginación de Conan Doyle. 

Fotograma de The Lost World (1925), primera versión cinemato-
gráfica del clásico de Conan Doyle.

La novela es un clásico de aventuras, por descontado. Pero podríamos pensar que se trata también de una novela de ciencia-ficción, quizás en un sentido más extendido del término. En cualquier caso, el empleo de dos personajes científicos que se disputan el dominio del conocimiento ante cada evento, junto con el intento de explicación racional de la existencia de estos animales extraordinarios podría ser un ingrediente de una novela tipo del género. Los personajes principales de la novela estaban basados en personas reales de la sociedad británica de la época, Conan Doyle quiso homenajear de esta forma a gente por la que sentía cierta admiración. Además, el profesor Challenger se convirtió en el protagonista de dos novelas más y alguna historia corta. No es el protagonista absoluto, sería el narrador, Malone, en todo caso, pero sí que tiene la personalidad suficiente para querer saber más de él. Tiene una personalidad discutible, con sus altibajos emocionales, su fácil irritabilidad y su genio tremebundo. En la parte positiva de la novela destacaría su humor, quizás demasiado lejano hoy en día, pero definitivamente está ahí. Roxon y Challenger son dos de los principales encargados de esta parte de la trama. Summerlee es un personaje algo tenso, siempre deseoso de echar por tierra a su colega, hasta que las pruebas son demasiado evidentes. Conan Doyle no se anda por las ramas, hay un momento en el que Malone indica que no quiere aburrir al lector con los detalles de la travesía en barco desde Londres a Sudamérica. Se agradece.

El carácter británico colonizador está presente en todo la trama, así como una idea de superioridad de la raza blanca por encima de las demás. Desde luego, el paso del tiempo pone a todo el mundo en su sitio, y hay escritos que pueden chocar con la mentalidad actual. O no, porque hay cada cafre por ahí... Un ejemplo de esto lo vemos en la descripción de Zambo, su "devoto negro" tan leal y tan poco inteligente. Un ligero tufo racista, no nos podemos engañar. Por otro lado se refiere a los latinos como gente arrogante, traidora y vengativa. El ejemplo viene de Gómez (uno de los indios que les ayudaban) que resultó ser hermano de una víctima de Roxon, y que decidió tomar cumplida vendetta del inglés. Una visión demasiado homogénea del mundo, siempre a favor del caballero británico, evidentemente. Resulta interesante cuando se produce el enfrentamiento entre los nativos de la meseta (salvajes y de corta inteligencia, aunque valientes y agradecidos, según dice el propio Malone) y los monos-hombre. Con qué facilidad deciden acabar con una especie salvaje y sanguinaria, sabiendo que ese ataque significaría la extinción de dicha especie. Es cierto que pueden parecer seres aberrantes con un instinto francamente asesino, pero al mismo tiempo, ellos están en su tierra, son "los blancos" los invasores (como tantas veces ha pasado) y, sin embargo, apenas se menciona ese detalle. Típica mentalidad colonizadora europea (de finales del XIX, obviamente)  lo exótico nos atrae pero siempre si lo miramos bajo nuestro prisma. También me gusta el enfrentamiento final entre los científicos, demuestra una vez más esa máxima que dice que todo descubrimiento debe ser machacado hasta la saciedad, o al menos, hasta que sea una prueba irrefutable. Dicha prueba se convierte en una especie de giro final que puede sorprender.

Pero si lo miramos con los ojos adecuados, es una novela que se disfruta, que te puede llegar a estremecer por su crudeza en algunos momentos y a soltar una sonrisita en otros. Muy recomendada, que para eso es un clásico. Y que te hace preguntarte cosas, ¿estarían mejor los de la Tierra de Mapple White sin la llegada de estos hombres y sus armas?

miércoles, 12 de octubre de 2011

Tom Stoppard: "The real thing"

Este año, en la escuela de teatro donde acudo religiosamente todas las noches, haremos un montaje teatral de una obra completa. Así que me he pasado todo el verano, y parte del veranillo que estamos viviendo ahora, buscando alguna obra que se ajuste al número de actores y, lo más importante, a nuestras posibilidades interpretativas y, aún más importante, presupuesto. Ardua tarea. Tienes que elegir entre alguna obra menor que puedas explotar o algún clásico inexpugnable que de motivos al público para comerte vivo. Pero, ¿cómo?¿También en el mundo amateur te pueden despellejar? Sí. 

Me he acercado a todo tipo de épocas y estilos. No es nada sencillo dar en el clavo. De hecho puede ser descorazonador, me refiero al hecho de no tener completa libertad en la decisión por factores externos. Pero bueno, hay obras para dar y tomar, es sólo que no abundan en estas bibliotecas de por aquí (me refiero a algo que no esté trillado y más que trillado) e internet no es la fuente de textos tan increíble como lo es con otro tipo de material. Me compré no hace mucho una edición bastante económica de algunas obras de Tom Stoppard. Por cierto, lo hice en Amazon.es, que sí, es más de lo mismo, pero ya he encontrado alguna ganga, todo no va a ser un desastre. De Tom Stoppard no había tenido ocasión de leer nada hasta ahora, ni de ver ningún montaje basado en sus obras, salvo su guión para Shakespeare in love, escrito con Marc Norman. Tampoco es que sus obras abunden traducidas al castellano. El número es bastante reducido, al igual que otro gran dramaturgo que pasó por nuestras manos la semana pasada, Sam Shepard. No se traduce teatro en España. Y sin embargo se traduce cualquier chorrada que contenga la palabra vampiro, luna, sangre o hechizo en cualquier parte de su portada. Ya sé, ya sé, no soy tan inocente. El teatro no vende, la literatura fantástica sí. Ok, lo acepto. Lo que decía, Tom Stoppard es uno de los grandes autores en este momento, como lo prueba el espectáculo La costa de Utopía, que está siendo noticia en el mundillo teatral estos días.


Acabo de recordar que hace algunos años tuvo ocasión de ver Rosencrantz y Guilderstern han muerto, aquella fantástica parodia-homenaje a la inmortal de Shakespeare, dirigida para la gran pantalla por el mismo Stoppard y con Tim Roth y Gary Oldman en los papeles principales. Ya conozco algo más del dramaturgo británico de origen checo. Huelga decir que todo lo que me he encontrado suyo me ha encantado, incluso si se trata de algo tan "comercial" (pero tan bien documentado) como Shakespeare in love. La obra que planteamos como posibilidad de hacer fue The real thing, traducida al español como Algo auténtico y, posteriormente, Realidad. Esta última traducción fue creada para la pieza que se montó en el María Guerrero de Madrid con Natalia Menéndez en la dirección, justo en el 2010. Parece poco probable que la vayamos a montar nosotros, no ya porque haya tantos ejemplos y tan cercanos en el tiempo (no es que podamos compararnos de todas formas), no se ajusta demasiado a lo que buscamos. Eso no quita para que el texto de Stoppard me parezca muy bueno, genial a ratos. 

Henry es el protagonista principal. Es un dramaturgo de éxito, con cierta visión cínica de la vida. No sé si será algo autobiográfico, pero veo a Stoppard perfectamente reflejado en ese papel. Henry está casado con Charlotte, una de las actrices de su nuevo montaje "House of cards", donde también actuará Max. Annie es su amor secreto, hasta que finalmente decide abandonar a Charlotte e irse con Annie, buscando nuevas emociones, the real thing. Por otro lado, Annie está trabajando con un joven autor de Glasgow llamado Brodie, que no goza del respeto de Henry, pues considera que no sabe escribir. Henry no puede evitar pensar que Annie le está siendo infiel con Billy, su compañero de reparto, e incluso con el propio Brodie, al que Annie admira sin que Henry termina de entenderlo. 

Jeremy Irons y Glenn Close protagonizaron
el montaje de Mike Nichols en 1984 en
Estados Unidos.
El comienzo de la obra te sitúa perfectamente en el terreno que Stoppard quiere. Max está esperando en casa a Charlotte, que acaba de regresar de Suiza. Transcurre una conversación banal, hasta que Max le confiesa que ha encontrado su pasaparte. Sabe que ella no ha ido a ningún sitio, le está engañando. Todo es mentira, es el primer acto de la obra House of Cards, la obra de Henry en la que actúa su, por el momento, esposa. Es teatro dentro del teatro. Se repetirá esta situación en varias ocasiones durante la obra. En cierto modo, lo que Henry quiere buscando a Annie (voluptuosa, atractiva, pero bastante menos simpática que Charlotte) es encontrar eso que busca en su obra. Es decir, quiere que la vida imite al teatro, que lo auténtico sea lo que está en el escenario. Todo esto lo hace a través de un lenguaje muy ingenioso, con continuas referencias a autores de diversas épocas como Strindberg (a cerca de un montaje de La señorita Julia), Oscar Wilde o Noël Coward. Me gusta mucho cuando Henry dice que "la felicidad solo puede alcanzarse gracias a la banalidad y a la lujuria". Un ejemplo es un programa llamado Discos de la Isla desierta, está invitado a un programa donde deberá indicar qué discos llevaría a una isla desierta. Su problema es que le gusta la música pop y se siente culpable. Habla de como en una ocasión fue a ver a Maria Callas y no sintió ni la mitad de emoció que al escuchar a The Righteous Brothers. De nuevo, las apariencias marcando la vida de la clase burguesa. Incluso la traición y la infidelidad no aparecen como algo visceral, todo se racionaliza lo que llega a irritar a los personajes en un momento dado. El personaje de Henry irá madurando, enfrentándose a su hija adolescente, a su ex-mujer y  a sus inseguridades. Es un texto fantástico, muy agudo, con fragmentos muy ágiles y otros de mayor introspección. Una lástima que no pueda ser....por ahora.


domingo, 9 de octubre de 2011

Anthrax: Worship music

8/10
Dicen los entendidos que éste es un disco compacto, de lo mejorcito que han hecho Anthrax en 20 años más o menos. No estoy de acuerdo, creo que Anthrax llevan haciendo buenos discos toda su vida, ya estuviera Joey Belladonna o John Bush (para mí Sound of White Noise y We've come for you all son dos imprescindibles). Pero me gusta que haya por ahí sorpresas y pensemos que Anthrax han recuperado esa energía contumaz que jamás habían perdido. No sé qué historias pudieron pasar para que el cantante que había sustituido a Bush, Dan Nelson dejara la banda (o fuera sustituido) cuando ya estaban remezclando este Worship music. Bush volvió para volver a marcharse y dejar sitio a Belladonna, un tipo que siempre me había caído bien. Tenía esa socarronería y ese gracejo, además de una gran voz, que hacía que los discos de Anthrax no fueran tan aburridos como los de Megadeth, Metallica o Slayer, sus compañeros de viaje. No, no me machaquéis, no estoy diciendo que fueran malos estos de la Bay Area, es sólo que no me iba tanta solemnidad y un poco de diversión no hace daño a nadie. 

Worship music es el décimo álbum de los Anthrax, ahora formados por Belladonna a la voz (mágico, a ratos), Frank Bello al bajo, Charlie Benante a la batería, Rob Caggiano sustituyendo al original Dan Spitz y el tito Scott a la guitarra. No sé si será el reencuentro, que uno se emociona, se deja llevar por el calor del momento, pero este disco me parece una vuelta a la buena forma pero con proteínas, creatinas, y todo tipo de sustancia que termine en ina. Lo he disfrutado de principio a fin y salvo algún que otro tropiezo tipo Hymn 1 y Hymn 2 que no me gustan (dos instrumentales de menos de un minuto, no nos vamos a enfadar por eso) y ciertos riffs algo repetitivos en algunos momentos...el resto es canela fina. Si alguna vez os han gustado Anthrax, tenéis que volver a escuchar este Worship music. Ahora mismo.



Una introducción y ya tenemos el primer trallazo, Earth on Hell. Guitarras afiladísimas, riffs asesinos que se cruzan, coros energéticos y Belladonna diciendo, ¡hombres de poca fe, aquí estoy mejor que nunca! Inmediatamente tenemos The Devil You Know, un tema con una gran melodía con un exceso de velocidad. Declaración de intenciones o invasiones, pero Fight'em 'til you can't es la gran vuelta a los Anthrax de los 80, del Among the living. Fanáticos del terror y la ciencia ficción (Scott Ian iba a hacer un cameo en segunda temporada de The Walking Dead, ¿verdad?). Y así vamos avanzando. I'm alive, parece que está hecho para Joey, con un estribillo mucho más melódico que todo lo hecho anteriormente por la banda en estos años, vemos que el "cambio" de rumbo ha sido para bien. En el año del adiós de los Judas Priest, una canción que contenga ese nombre puede sonar a homenaje. Parece que no, pero para mí que de forma velada lo es. El espíritu de Halford es alargado, o su sombra, o su...Es un temazo. Crawl es un tema lento, que va in crescendo y que da un matiz diferente a este regreso. Las dos últimas canciones son algo repetitivas, pero no nos quita el buen sabor de boca de Worship music




P.D. Podéis leer otra brillante crítica ... aunque no porque ésta lo haya sido... quiero decir que es una más de las críticas brillantes...bueno..más Anthrax en Apartamento 666.

sábado, 8 de octubre de 2011

"2" Black Country Communion: los chicos solo quieren divertirse


7/10
Si hay una palabra que hace correr como alma que lleva el diablo, esa es la palabra supergrupo. Pocas cosas son sinónimo de aburrimiento en el mundo del rock, salvo ésa. Ya puedes estar hablando de la unión mística más importante del momento, el resultado será un conglomerado de egos insustancial y más muerto que las flores un estampado. ¿Que hay ejemplos de buenos álbums hechos por estos all-stars? Puede, evidentemente estamos hablando de músicos técnicamente sobresalientes en sus instrumentos, un buen disco se hace cuanto menos necesario. Y Black Country Communion...¿son también un supergrupo o hay algo más? Este segundo disco en nueve meses, como antiguamente, nos dice mucho. Vaya nombres, señoras y señores, Glenn Hughes a la voz y al bajo, Joe Bonamassa a las guitarras y voz, Derek Sherinian a los teclados y Jason Bonham a la batería. Tenemos de todo aquí y muy bueno. Parece ser que este segundo álbum se ha basado más en la aportación de Hughes, el hombre más prolífico que podáis imaginar sacando discos y colaboraciones de forma constante. Las agendas de Bonamassa y el resto estaban repletas de actuaciones (tan sólo hay que entrar en sus webs personales y ver los tours que tienen en marcha, no sé de dónde sacan el tiempo). Pues Glenn Hughes, un tipo con una voz privilegiada capaz de pasar del blues al hard rock pasando por el funky y que además domina su instrumento, el bajo. Teniendo en cuenta que mi canción favorita de los Purple siempre fue Burn, todo lo que diga de este inglés que pronto entrará en los 60 es poco. De Joe Bonamassa no he escuchado demasiado, sé que es un bluesman que no le hace ascos a los riffs más hard rock y en este disco está sencillamente inmenso. Derek Sherinian, ese teclista de Dream Theater o Planet X y Jason Bonham, hijo de John Bonham, pero que además tenía su banda Bonham que me gustaba bastante, especialmente aquel The disregard of timekeeping del 89. 


De acuerdo, son una superbanda, ¿y las canciones? Empezamos con The Outsider, brutal inicio de hard rock como le gusta a Hughes, viento en popa a toda vela. Canciones que hablan de tener aún esa energía que algunos dan por perdida, de estar al margen de lo establecido. Son letras muy directas, a veces simplonas, también es cierto. No encontramos aquí grandes canciones pegadizas pero una colección de solos de cada uno de los instrumentos impresionante. Como el diálogo entre entre Bonamassa y Sherinian del final de The Outsider con Jason Bonham ejecutando perfectamente. Un tema muy Purple de esos setenta donde el teclista rock (John Lord mediante) era alguien respetable. The Battle for Hadrian's Wall con ciertos tintes progresivos y Bonamassa a la voz. No tiene el carisma de Hughes, pero no hace un mal trabajo. Save me es una balada de más de siete minutos que refleja la pasión que sienten estos señores por su trabajo. Composición cuidadísima que, llamadme zumbado, me recuerda a un cruce extraño entre King Crimson (por el inicio) y, de nuevo, esos Deep Purple de la segunda mitad de los 70. Impresionante Bonham aquí. Por un camino parecido va An Ordinary son, con Bonamassa y Hughes a las voces. Un rock más clásico, algo más tipo Lynyrd Skynyrd me ha llevado a pensar, simplemente por mostrar dos posibles influencias bien diferentes. I can see your spirit es rock directo y contundente, frases cortas y machaconas con un riff muy hard. Puede recordar un poco a los Led Zep de IV. Y sin embargo, es una de las canciones que menos me transmite. Little Secret es un tema blues para mayor gloria de Bonamassa  y de Hughes, evidentemente. No es, sin embargo, el Since I've been loving you, por seguir con la comparación con los Zeppelin. Son un total de once canciones muy sólidas, de riffs mastodónticos, sonidos de hace treinta años (pero con una impecable producción actual), letras poco elaboradas y que caen en clichés, aunque con buenos momentos también como la última,  Cold, otro tema que pasa de un inicio blues a una balada más rock. 

No es un disco que apasione a los que no disfrutamos especialmente de las exquisiteces musicales de unos virtuosos. Pero es innegable que el disco tiene una unidad en cuanto al sonido, y unas canciones que superan con creces la media de lo que podemos escuchar habitualmente. No son un grupo perfectamente compenetrado, cada uno hará la guerra por su cuenta, por supuesto (han hecho muy pocos conciertos juntos) pero sí da la impresión que han querido hacer rock sin paliativos y para divertirse. Y divertirnos. Irreprochable. 

Black Country Communion - Man in the middle


jueves, 6 de octubre de 2011

Jobs

Hoy ha muerto Steve Jobs. Todo el mundo lo sabe ya, incluso aquellos que no saben (sabían) quien era Steve Jobs. En diferentes medios leo que fue un visionario, un genio creado a sí mismo. Y que gracias al co-fundador de Apple, el mundo es un lugar mejor. Hemos cambiado la forma de ver, de escuchar de leer, diría que incluso de sentir. Nuestras relaciones personales no son las mismas que las de nuestros padres, que digo, que las de nuestros hermanos mayores. Así pues, descanse en paz este hombre, que nunca supe si fue un buen hombre, o simplemente alguien ambicioso decidido a conseguir lo que quería y como lo quería. No recuerdo un despliegue de cariño y respeto a nivel mundial tan enorme en mucho tiempo, al menos no por un multimillonario.
    Como algunos otros, no estaba yo muy familiarizado con la figura de Jobs, tampoco he tenido nunca sus productos en mi mano. Nada de iPad, ni iPhone ni Macintosh ni nada con manzana cerca. Pero no me hace falta para entender la grandeza de un ser humano como éste. Sus citas se están convirtiendo en los aforismos que nos acompañarán en los años venideros. Viendo no hace mucho la película Con derecho a roce (Friends with Benefits), encontramos una prueba evidente de lo que Jobs ha transformado la sociedad. Los móviles tienen un papel preponderante, básico diría, pero es que cuando los protagonista se ponen a jurar sobre una biblia que está en la pantalla del iPad...a eso llamo yo cambio. 

Jobs no fue un ingeniero ni un economista, y sin embargo estaba rodeado de ellos. He oído que abandonaba reuniones donde se barajaban cantidades estratosféricas para pasar días enteros con sus ingenieros a los que exprimía hasta las lágrimas. No tendría la formación pero tuvo el instinto y el trabajo  para destrozar nuestras visiones del futuro.  El resultado está por todas partes, a lo mejor esta misma entrada se está leyendo desde uno de esos inventos inimaginables. Lo dicho, descanse en paz.

"Stone Rollin" Raphael Saadiq. Pura crema

10/10
Raphael Wiggins a.k.a. Raphael Saadiq es un californiano de 45 años que como podéis imaginar tiene una gran trayectoria detrás. Con su grupo Tony!Toni!Tone! llegó a tener un superéxito allá por 1990 llamado It never rains (in southern California) cuyo video estaba dirigido por Lisa Bonet, ultrafamosa actriz de televisión gracias al show de Bill Cosby...pero tampoco es un dato que vaya a cambiar la vida de nadie, me temo. Después tuvo una carrera en solitario un tanto en la sombra pero trabajando para gente tan importante como TLC, Macy Gray, Joss Stone, A tribe called West o D'Angelo (el superclase del soul de los 90, sin duda). En el 2003 obtuvo cinco nominaciones Grammys con Instant Vintage, un clásico inmediato del blues y r&b más reciente al que siguieron cuatro discos más del más alto nivel, justo hasta llegar a este grandísimo Stone rollin', publicado por el sello Columbia hace ya unos meses. Parece ser que fue el mítico productor Rick Rubin quién se encargó de que Saadiq fichara por el sello en su anterior disco, The Way I see it.

Stone rollin' ha sido producido por el propio Saadiq que se ha hecho con un sonido lo suficientemente clásico como para que no chirríen los oídos de los más puristas pero salpicado con muchas influencias que aquí enriquecen. Detallista al máximo, cada segundo de estos 41 minutos es una delicia. Una lección de soul, blues, rock, r&b que te deja con ganas de mucho, mucho más. Heart attack es un grandísimo tema de r&b que recuerda al mejor Otis o incluso al Sam Cook que el propio Saadiq llegó a homenajear hace unas semanas. Le sigue Go to Hell, uno de mis favoritos si es que se puede decir algo así de un disco semejante, los arreglos son sencillamente perfectos y la voz sensual y armoniosa de Saadiq fluye con la música acompañada de unos coros que recuerdan a mejores épocas. El coro repitiendo de manera apoteósica Let love keep us together. Inmediatamente cambiamos el tercio y nos vamos a un rock and roll cargado de blues llamado Radio. Los coros finales son fantásticos. Little Richard, Chuck Berry ... todos tienen cabida aquí. Over you tiene un corte más contemporáneo, mientras que Stone rollin' es uno de los puntos fuertes del disco. Un tema de puro blues, sensual donde Saadiq (que no destaca por ser un gran cantante pero sí un superior instrumentista) encaja de manera impecable. Day dreams es un tema que se acerca al dixieland pero pasado por la turmix de los tiempos que corren, gran guitarra y coros. Movin' down the line es ya Stevie Wonder en su mejor forma, una joya. En Just don't encontramos la participación de Larry Dunn de Earth, Wind and Fire junto a la cantante sueco-japonesa Yukimi Nagano que le da un toque exótico y sensual extraordinario, conviertiendo Just don't en la joya de la corona. En Good man encontramos otra participación, más dentro del hip-hop, a cargo de Taura Stinson (por cierto, también procedente de Oackland, California, como Saadiq). A continuación nos deleita Saadiq con un tema de The Answer, donde se aprecia la variedad temática del álbum, además de la espectacular riqueza de arreglos instrumentales. Ojo al tema oculto tras la última pista. Una canción que también podría haber encajado en cualquier clásico del maestro Wonder. Y después...¡se acabó! ¡No puede ser!¡Quiero más!


miércoles, 5 de octubre de 2011

Con derecho a roce, pero lo Justin. O también, quiero más Mila, la Mercedes no, la Kunis

5/10
Mila Kunis es muy muy atractiva, por no utilizar otros términos más explícitos. Es divertida, tiene una dulzura matizada con carácter y, sobre todo, mucho talento para la comedia (véase su intento de pasar por modelo en un momento de la trama). Y para el drama, sólo hay que pensar en Cisne negro, este mismo año. Con derecho a roce tiene sus más y sus menos, pero desde luego su personaje hace que sea mucho más entretenida. De Justin Timberlake diré que me ha sorprendido bastante, sí ya lo había visto actuar en La red social y no desentonaba, pero aquí llevaba buena parte del peso de la historia. Además el muy perro está machacado en el gimnasio y se encarga de hacérnoslo ver cada dos por tres. Que lo haga la Kunis me importa menos, pero Timberlake....(comentario sexista gratuito). 

Dylan llega a Nueva York procedente de Los Ángeles para hacerse con un importante puesto en la revista GQ. Todo ello gracias al trabajo de cazatalentos de Jamie (Mila Kunis). Inician una relación de amistad en la solitaria Gran Manzana que derivará al sexo sin compromiso. Los dos han tenido relaciones en el pasado que les han dejado un poco tocados, así que el plan parece perfecto. Pero todos sabemos que eso no es posible, al menos en la gran pantalla, y por medio de una serie de malentendidos para mayor beneficio de la trama, llegamos a la clásica historia de desencuentros. Con familia estrambótica de por medio.

Will Gluck (que había dirigido el año pasado Easy A (Rumores y mentiras), con mejor puntería, en mi opinión) es el encargado de esta comedia destinada a aprovecharse de todos los tópicos habidos y por haber, de las comedias románticas americanas. Todo un género con grandes películas en su historia y otras ruinosas pasteladas de vergonzoso visionado. Supongo que es el responsable de un montaje enloquecido, ideal para las nuevas generaciones MTV (yo también lo soy, pero ya sabéis a lo que me refiero). Lo peor de toda la película, sin duda alguna, ese intento de acelerar toda la trama donde llego a tener la sensación de ver una película a medias. La trama es simple, la hemos visto cientos de veces. Hay una variante que no termina de encajar muy bien, la del padre con principio de alzheimer. No entiendo qué pinta en esta película. Se puede hacer humor de cualquier cosa, pero con un poco de sentido y coherencia. Lo que sí diré en su favor es que Gluck (también guionista) quiso añadir algo de peso a esta película intentando mostrar un tema tan delicado como el de los enfermos de esta enfermedad cuyo día mundial fue precisamente la semana pasada.



Lo mejor, fuera de toda duda, la química Kunis-Timberlake. Escenas de sexo hay a patadas, pero son muy divertidas, sin complejos (con esos cuerpos, ¿qué complejos puede haber?), y locuaces. Ha habido sus momentos y la verdad es que alguna sonrisa sí me ha hecho soltar. Los primeros minutos son buenos, aunque de nuevo un montaje un poco desbocado te lleva a verlo todo como un larguísimo videoclip. Se nota que Gluck se ha fogueado en la televisión donde el timing es tan importante en el humor, por supuesto que en el cine también y quizás por eso hoy en día nos reímos mucho más con la tele con las películas. Justin tiene otro defecto, además de querer enseñar su cuerpo sin grasa (lo exigía el guión, lógicamente) y es que nos tiene que recordar cada dos por tres que es una estrella del pop. Empieza como alguien modosito, incluso soso, pero buen tipo. Ingenioso, seguro de sí mismo, pero no es el rey de la fiesta y de repente se convierte en un party man que además tiene buenas ideas y sabe llevar un equipo humano. Entre ese equipo humano encontramos a Woody Harrelson...poco más puedo decir de él, algún chiste relacionado con la supuesta homosexualidad de Dylan/Timberlake y se acabó. Lo que decía, Justin se dedica a cantar cada dos por tres e incluso hacer una coreografía del clásico tema de los noventa Jump de Kriss Kross. Eso me lleva a las flashmobs que vemos en la película, ¿para qué? La primera está cogida por los pelos y deja ver lo que es esta película, una carta postal erótico festiva desde Nueva York, que a los que nunca hemos estado nos pone los dientes largos...y Mila Kunis.
Lo demás es todo relleno y relleno, momentos peripatéticos y mucho más azúcar de lo que parecía el propósito inicial.

martes, 4 de octubre de 2011

Sin identidad, buen intento pero más agujeros que un queso Gruyère

5/10
Disfrutar de una buena película de acción con tintes de suspense o thriller, como gustéis, es lo que llamo un  rato bien aprovechado. Y no es fácil, la mayoría de las veces. Seamos claros, no somos demasiado exigentes con las películas de acción, a poco que nos encontremos unos buenos efectos especiales, unos personajes medianamente creíbles, una historia que se sostenga en la medida de lo posible, pues hace falta poco más. Y esta nueva película del catalán Jaume Collet i Serra pintaba especialmente bien. El director de películas como La Casa de Cera o La Huérfana (ninguna de las dos me hizo especial ilusión) consiguió un gran éxito en los Estados Unidos, lo cual no es tan sencillo, con esta elaborada producción multinacional, ambientada y rodada en su mayor parte en Berlín. Además contó con un elenco interesante, empezando por Liam Neeson, Frank Langella, Diane Kruger o Aidan Quinn.

Esta historia, que recuerda en muchas ocasiones a un cruce entre la serie Bourne y Frenético de Polanski, comienza con la llegada del doctor Martin Harris (Neeson) y su esposa Liz (January Jones) a Berlín, con motivo de un congreso muy importante en el que se va a desvelar un acuerdo único para el remedio contra el hambre mundial. Un olvido, una maleta en el aeropuerto, precipita la acción haciendo que el taxi donde Harris va tenga un accidente que le cuesta la memoria y casi la vida. Olvidado en un hospital de la ciudad durante cuatro días, decide finalmente ir en busca de su esposa al hotel donde la dejó. Al encontrarse con ella en medio de una gran recepción para los invitados al congreso, descubre que ésta no sabe quien es él, y parece estar casado que parece responder al nombre de Martin Harris. Así se ve entonces desprovisto de su identidad y sin posibilidad de probarla. Por si esto fuera poco, la taxista (Kruger) que le ayudó no quiere saber nada de él y unos asesinos han decidido acabar con su vida antes de que descubra algo más. 

Buena trama en una película donde lo mejor son las localizaciones y las espectaculares escenas de persecución en coche. El accidente del taxi no se queda atrás. La escena del tejado en casa de Diane Kruger está sacada de Frenético de una manera implacable, pero aún así está repleta de tensión y desde luego hace subir enteros a la película. Los actores están bien, casi siempre hieráticos salvo Neeson que siempre es un seguro en cualquier producción. En general, la película te da la sensación de estar rodada de una manera "clásica". Una vez arrancada la trama, no se complica demasiado en complicarla y los giros argumentales no son tan imprevisibles como cabría esperar. Pero hay algo que no me gusta nada, y es que Sin Identidad es una película tremendamente tramposa. Está llena de agujeros en cuanto al guión, solucionados por arte de magia. Personajes que ayudan a otros por un altruismo exacerbado, otros que son absolutamente necesarios para la trama que luego dejan de serlo, discusiones eternas que no llevan a ningún sitio, situaciones improbables de las que salen los protagonistas por su cara bonita, el equipo de seguridad más inútil de la historia del cine moderno hecho especialmente para la ocasión, malos malotes que averiguan ipso facto cual va a ser el siguiente paso de los buenos sin gps ni nada, asesinos que matan  impunemente pero que luego deciden hacerse los estrechos con formas de asesinar más sutiles, la escena final y esos minutos resultan muy decepcionantes. Terminan de estropear una película que ya iba por mal camino. Tienes sus partes entretenidas, pero no le busquéis peros porque os os vais a empachar.

sábado, 1 de octubre de 2011

Amaral: "Hacia lo salvaje"

8/10
Hace unos meses leí en la versión digital de la revista Rolling Stone un artículo donde preguntaban a una señora sueca (creo que era sueca) y además profesora de canto, por diferentes cantantes españoles comerciales, rockeros e indies. Entre los indes, la que sobresalía no podía ser otra más que Eva Amaral, que es innegablemente espectacular. De los demás, mejor no hablamos. De todas formas, aunque Amaral (el dúo) siempre se ha considerado un grupo indie, a mí siempre me han parecido más cercanos al rock de raíces setenteras, es decir rock con caché, que el de un indie más preocupado por sus poses y por sentirse "moderno" que por la música en sí. Quiero decir con ésto que Amaral se han ganado un respeto a lo largo de estos seis años de discos, de canciones desiguales, pero donde han intentado siempre alcanzar un punto de honestidad mientras seguían subiendo en popularidad, con lo que conlleva esto en un país donde la envidia es deporte nacional. De todas formas, no soy precisamente un gran seguidor de la banda. He escuchado bastante sus discos, de las pocas bandas nacionales a las que verdaderamente he prestado atención, y encuentro grandes canciones con otras que llegan a sonrojar. Entrando un poquito en el plano nostálgico, canciones como Rosita, Como hablar, Subamos al cielo o Cabecita loca, me traen los mejores recuerdos de esas reuniones con amigos en unos determinados bares de Murcia que ya no son lo que eran, o quizás yo no soy el que era. Eso es más probable. 


Su anterior disco, Gato negro, dragón rojo no fue un gran éxito de ventas, pero fue un disco espectacular, con grandes momentos como Las puertas del infierno o Biarritz. Ya marcaba distancias con el anterior Pájaros en la cabeza, que era mucho menos íntimo con canciones pegadizas que enganchaban a la primera escucha. Ni en Gato...ni en este Hacia lo salvaje vamos a encontrar canciones tan directas. Se había vendido este disco como una vuelta al rock, más guitarrero, más contundente. No sé si había sido por parte del grupo o de los medios que se dejaron llevar por el título del disco, que también es el primer single. Es cierto que Juan Aguirre continúa haciendo un gran trabajo con un sonido lleno de matices que van del acústico más folk a otro más directo e incluso con arreglos de electro. Pero tampoco es un distanciamiento tan extraordinario. Es decir, no esperaba un giro estilo Dover. Menos mal. Este es su primer disco con su propio sello discográfico, Discos Antártida. Aunque siempre han hablado maravillas de Emi, su anterior compañía, parece que necesitaban tener el control absoluto de su disco. Esto no significaba, como ya he dicho,  un cambio total de rumbo, aunque algo sí que se ha notado. 

Desde el águila en la portada este disco nos lleva al folk americano. De hecho, la gran canción de este disco (al menos por ahora) como es Esperando un resplandor me ha hecho pensar desde el principio en el Tom Petty de Into the Great Wide Open. El primer tema entra extraño, al fin y al cabo es lo que esperábamos de este nuevo disco de Amaral, ¿no?. La voz de Eva suena impresionante, me recuerda las bandas de los 60/70. Mira podría pensar en los Jefferson Airplane y la voz de Grace Slick. ¿Un tema de rock psicodélico? ¿Y por qué no? Si las calles pudieran hablar es una canción muy Amaral. Una letra urbana en el que el amor se mezclan amor, soledad y decadencia. Riazor se nos presenta como otra canción triste, nos cuenta la historia de perdedores que parecen haberse rendido. Por eso digo que no me parece que estas canciones estén tan lejanas de los Amaral de siempre. Olvido es otro tema folk con un gran final. Me gusta muchísimo Hoy es el principio del final, un tema clásico con una voz que me recuerda a la de los Yeah Yeah Yeahs. El disco viene acompado en una edición especial con un segundo disco compuesto de las mismas canciones que el primero, pero en acústico. Se escucha con agrado y cada vez más. Gana con las escuchas, encontramos más matices y pequeños detalles en cada canción que lo van haciendo más interesante. No sabría decir si éste es el mejor disco de Amaral, creo que hay canciones más flojas y otras que se harán muy grandes. Pero es que ya va siendo hora de darle al César lo que es del César, tienen una habilidad para crear canciones con mensaje, o simplemente pegadizas, arreglándolas como pocos grupos españoles son capaces de hacer. ¿Por qué no reconocer que Amaral se merecen todo el éxito que tienen? Tienen un setlist impresionante, en directo suenan como un tiro, no ocultan su deseo de experimentar y de no anclarse, beben de la fuente de los sesenta y setenta...sus discos tienen altibajos, bueno pues igual que la vida de cualquiera. Me gusta Hacia lo Salvaje, no me entusiasma porque me hubiera gustado realmente un disco contundente y no tan blando en alguna que otra canción, pero aparte de esta opinión personal, me quito el sombrero.


Un tipo serio, de Ethan & Joel Coen

8/10
Cuando se estrenó Un tipo serio (2009) me pasó un poco desapercibida. Tuvo su éxito de público habitual para tratarse una película de los Coen y lo mismo podemos decir de las críticas. Será por la falta de actores "de reconocido prestigio" (populares, quiero decir) o será porque cuando se estrenó, allá por enero del 2010, me había hecho un esguince de rodilla haciendo el idiota, el caso es que la dejé pasar hasta ayer mismo que me dispuse a enmendar mi error. Supongo que no a todo el mundo le gusta el cine de los hermanos Coen, entiendo que esa manera tan especial de hacer que una historia cotidiana tome tintes grotescos, muchas veces de una manera cruel, no tiene por qué ser del agrado general. Pero lo es, sorprendentemente. Tampoco es que estos hermanos, cuya relación se puede prestar a muchas ideas perversas estilo Inseparables de Cronenberg, se dediquen a proyectos herméticos sin posibilidad de vida comercial, con todo su sello personal en ellas, sus películas están, en muchas ocasiones, más cerca del cine clásico  de género que de las moderneces de unos freaks destinados a cambiar las reglas del cine para siempre. 

Estamos en una ciudad del mediooeste norteamericano en 1967. En una de esas zonas residenciales americanas tan expuestas en las películas más inquietantes del cine, vive con su mujer y sus dos hijos, Larry Gopnick (Michael Stuhlbarg) un profesor de física en una pequeña universidad local, activo practicante de la comunidad judía. Tiene los mismos problemas de todo el mundo, al menos de esa parte del mundo.  Así, se inquieta ante su vecino racista y xenófobo, y su cortadora de césped, empeñado en invadir la parte del jardín de los Gopnick. Su hija, Sarah, tiene serios problemas con su nariz judía, a la que quiere operar, ofendiendo así a su padre, además de sisarle de la cartera de forma sistemática. Luego tenemos al pequeño Danny y sus pequeños problemas de indisciplina, nada especial. El chico se dedica a fumar porros y a prepara su Bar Mitzvah, la ceremonia judía que le hará partícipe como miembro de su comunidad. También mete en algún lío monetario a su estresado padre. A todo ello hay que añadir la presencia de Arthur, el hermano enfermo de seborrea de Larry. Arthur vive con la familia y su presencia resulta bastante molesta, sin olvidar su gran proyecto El mentaculus, un sistema que le permite apostar con éxito en un estado donde están prohibidas las apuestas. 


Arthur altera la vida familiar, seguro. La conyugal ya está bastante alterada con la demanda de divorcio por parte de la señora Gopnick, Judith (Sari Lennick). Eso sí, se trata de una petición civilizada basada en el sentido común y en la madurez. Sy Ableman (Fred Melamed, cuyo parecido con Francis Ford Coppola me ha estado mosqueando toda la película) es el "uno" que se quiere llevar a Judith al huerto, de una forma elegante y respetando las tradiciones, eso sí. Y digo el "uno" porque el "otro" es el bueno de Larry, totalmente desplazado de su hogar al que solo quieren para seguir exprimiendo y confinado en una especie de motel llamado Jolly Roger. Por otro lado están los problemas en la universidad, su futuro está en el aire por una serie de cartas que está recibiendo el comité de designación, cartas misteriosas que  hablan de dudosa moralidad de Larry y encima tenemos a un estudiante surcoreano que está intentado sobornarlo. A todo esto las enormes facturas que están llegando de médicos y abogados, que por supuesto, no perdonan. Sólo tres rabinos, a los que deberá acudir a lo largo de la trama, podrán echar algo de luz a este túnel en el que Larry se ha metido. Esto es América. Y además, la América judía (no offense). Y hay una maldición, o algo así.

Cuánto sufrimiento, por Dios o Hashem, como dice algún personaje. Reconozco que la iconografía judía queda muy bien en pantalla. Desconozco si esta visión de los Coen de sus propias experiencias aderezadas con su desbordante imaginación, pueda ser ofensiva. En cualquier cosa me parece muy entretenida, a pesar que la historia en las películas de estos hermanos no siempre resulta fácil. El protagonista, Stuhlbarg, me ha parecido sencillamente genial. Transmite cada uno de los yugos que le van poniendo sin entrar en histrionismos ni nada parecido. Pero es que todo el elenco está muy bien. Los Coen siempre tienen unos personajes supuestamente secundarios que valen su peso en oro, eso es algo que me encanta. Esas imágenes entre lo real y lo irreal, esas caras imposibles, esos ambientes que nos resultan tan extraños y atractivos. Y luego están los abogados, esa materia prima temática inacabable para la industria americana. Los Coen adoran estos hombres de leyes y les dan un papel desde luego jugoso. Lo mejor de la película son los personajes, seguro. La historia puede dejar que desear en algún punto, pero el no atar todos los cabos no tiene por qué ser algo negativo en cualquier caso. Luego está esa forma de retratar la realidad que tienen sus películas, una "realidad" a medias, las escenas finales con el tornado, o la continua persecución del hijo de Gopnik por parte su vecino Fable. Y luego está la canción psicotrópica elegida para esta historia, la tremenda "Somebody to love" de Jefferson Airplane (que también tuvo un momento álgido en otra locura, la poco afortuanda Un loco a domicilio (The Cable guy) de Ben Stiller. En definitiva los Coen nos presentan otra historia cargada de humanidad, una revisión del mito de La ley de Murphy, donde nos plantean la cuestión de saber si Dios está con nosotros ..... o en nuestra contra. 

P.S. Por cierto, la fantástica escena del dentista no terminé de entenderla del todo, me pasó como al protagonista...lo que no sé si es lo más adecuado.