Miopes

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sábado, 17 de septiembre de 2011

La piel que habito: Almodóvar hurga en nuestras epidermis

6,5/10
En la entrada anterior había hablado de Mygale (Tarántula), de Thierry Jonquet, el libro que ha inspirado la última película de Pedro Almodóvar. La piel que habito es un acercamiento a esta novela, aunque ciertamente no es una versión completamente fiel, supongo que a Almodóvar le parecería demasiado lúgubre para su estilo. A pesar de todo, me ha sorprendido ciertos elementos de la película, e incluso el tratamiento que ha dado a los personajes creados por Jonquet. .
Es curioso, empecé a repasar todas las películas que he visto de Pedro Almodóvar, creo que han sido casi todas, y al final resulta que es al director que más veces he ido a ver al cine, ni Spielberg, ni Tarantino, ni Fincher, ni nadie. El manchego al que gritaron Pedro ha sido mi favorito, con todo lo que lo he criticado...eso serán las compañías que me llevan y me dirigen. En sus películas he visto de todo, algunas cosas mejores y otras no tanto. Por todo ello, me sigue sorprendiendo que eligiera una novela así, aunque podéis estar seguros que ese universo personal suyo, tan pasional, tan colorista y tan hiperbólico, se mantiene en este último proyecto. Ciertamente no me imaginaba la historia de Jonquet como Almodóvar lo ha hecho, por eso, quizás, me ha sorprendido aún más. 

La historia de La piel que habito es la de Robert Ledgard (Antonio Banderas), un cirujano plástico que se codea con las altas esferas de la capital aunque tiene su residencia en una villa de Toledo aislada del mundo, donde, además, tiene quirófano y algunos pacientes pueden ser tratados allí. En estos momentos una de esas pacientes, Vera (Elena Anaya), se encuentra encerrada. Es una mujer muy hermosa, casi perfecta, pero tremendamente insegura y con instintos suicidas. Marilia (Marisa Paredes) es como el ama de llaves y alguien muy cercano a Robert. Se encarga de controlar a la paciente y de recordar a Robert los peligros que conlleva tener a alguien así. Robert siente fascinación por la paciente, una fascinación enfermiza. La utiliza como cobaya para un nuevo tipo de piel que será muhco más resistente y proctectora. Todo parece estar relacionado con la muerte de su esposa en un accidente donde casi perece quemada. Por otro lado está la historia de Vicente (Jan Carnet), ocurrida seis años antes, un joven del pueblo que había desaparecido y que fue declarado por muerto. Zeca, el hijo brasileño de Marilia, llega a la casa pidiendo refugio tras haber atracado un banco, allí reconoce a Vera en uno de los monitores de seguimiento y todo parece descontrolarse.



 Lo que más me gusta de Almodóvar es lo minucioso que es. Sus películas están plagadas de detalles, de movimientos concretos y precisos, de referencias que se nos escapan a los no entendidos. Mi idea era muy diferente después del libro, jamás pensé que en una obra así podría caber el humor, absurdo en su mayor parte, pero humor al fin y al cabo. Pero eso es marca de la casa del manchego. Sus películas quizás no me lleguen, pero tengo que reconocer que es un maestro y que conoce perfectamente el oficio. Desde el punto de vista técnico, sus películas son impecables. El color es espectacular. Ese Toledo iluminado como nunca, la casa llena de luz, las paredes de la casa pintadas con el lápiz por Vera es un detalle estremecedor, pero bello. La presentación del personaje de Zeca, vestido de hombre tigre, entrando en esa casa para hablar con su madre es algo que no sé como definir. Almodóvar. Hay un plano que me parece espectacular, Marilia atada y amordazada, de espaldas, con ese aire tan andrógino, vista desde atrás y con los monitores mostrando la depravación. Puede que no me guste todo, pero hay que reconocer que Pedro Almodóvar es una trademark. Sin embargo, el personaje de Antonio se esfuerza por ser completamente creíble. Es callado, siniestro, reservado, prudente, cínico a ratos. Supongo que no será perfecto, pero todo el cuidado que pone en su papel de cirujano da el pego a los ojos del profano. Y las localizaciones. Son espectaculares. La biblioteca donde da las charlas Robert es simplemente claustrofóbica, la casa donde se celebra la fiesta de Doña Casilda (yo nunca he ido a una boda así, me siento incompleto...), la casa donde vive Robert. En esta película, Almodóvar ha encontrado un equilibrio entre lo kitsch y lo tétrico, haciéndolo cotidiano. También habla de la locura como parte de la creatividad, cuando Marilia dice aquello de "lo que un hombre loco puede hacer por amor". Explora los límites de la venganza y de la compasión, hasta qué punto son compatibles.

Pero no me gustan los actores con él, los chicos y chicas Almodóvar. Los veo siempre muy encorsetados, da la impresión que siempre todos hacen el mismo papel. Por mucho que las reacciones estén controladas o sean unos locos de remate, siempre suenan a una pose, a una impostura para conseguir un registro con el que el director se siente a gusto. Marisa Paredes es muy buena actriz, pero da la impresión de estar siempre a punto de soltar la frase del año. Elena Anaya no parece que haya sufrido demasiado, parece sacada de Volver. Tampoco me ha convencido la historia, el personaje de Marisa Pérez o el de Eduard Fernández, o la propia Blanca Suárez haciendo de Norma, la hija de Robert, me parecen totalmente prescindibles para la película que terminó haciéndose muy larga. Pero todos estos personajes sí que son necesarios para Almodóvar, para acercar la historia a su estilo personal tan característico. Podrá gustarte más o menos Almodóvar, pero no se puede negar su personalidad, lo que no es nada fácil. 

Hay muchas diferencias con respecto a la trama del libro. Personajes que están en un lado y en otro no, al igual que las subtramas. Una de las principales diferencias son los puntos de vista. En el libro llegas a entender a Robert (Richard para Jonquet), hasta cierto punto. En la película empatizas con Vera, te es familiar y cercana. En ese sentido, el libro es mucho más oscuro. Tampoco es cuestión de comparar, son dos creaciones distintas y en los trasvases artísticos siempre hay cambios sustanciales de los que se beneficia cada disciplina. Es interesante como película sin duda, por ver a un Almodóvar diferente, aunque no tanto, y a una Elena Anaya muy atractiva y desconcertante, sin olvidarnos de un Banderas sin estridencias. Supongo que es la película española del año, al menos de cara al exterior.


4 comentarios:

Carmen dijo...

No, no y no.No me ha gustado nada de nada la peli; me parece que el guión es muy muy flojo, que Almodóvar no ha acabado de coger el tono a su propia obra, que le han faltado ideas. Había temas que podían haber sido tratados con más profundidad y seriedad: género y sexo, identidad personal,... y se ha quedado en casi casi una tomadura de pelo.
Besines, Antò!!

Antò dijo...

Entiendo perfectamente que no te guste, Carmen. Fuimos cuatro al cine y a mí fue al que menos gustó, después tras unas cuantas charlas y reflexión subí un poco la nota. Tampoco es que tenga mucha importancia. El aspecto visual es lo que me ha gustado, lo de los detalles que comento. Los diálogos son muy flojos (también en la novela) y la actuación roza la parodia. Menos mal que no trataron nada más con mayor profundidad, si llega a durar más la película no sé que hubiera hecho. Besicos, Carmen!

Renaissance dijo...

A mí, el argumento, con el tema ese de la piel y el cirujano con pasado traumático, me recuerda un montón a Les yeux sans visage, de Franju.
De todas formas, la novela que mencionas en la entrada anterior me la apunto (tengo la sensación de que los franceses tienen una forma de hacer género policiaco muuy rara).

Antò dijo...

Los franceses están enfermos, Renaissance. Decía Benacquista, un escritor francés actual que roza el noir, de Jonquet que había conseguido librarse de "los comercios de baratijas" americanos, y que por eso había destacado. Y tienes razón, Les yeux sans visage ha influenciado mucho tanto a Jonquet como a Almodóvar (que seguro que le encanta, le va muchísimo).