Miopes

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martes, 5 de julio de 2011

Penelope, el viejo chico conoce chica con un giro porcino

7/10
Penelope es una de esas películas que llegan sin pretensiones y te terminan enganchando a pesar de todo el cinismo que quieras sacar. Una comedia romántica con todas las de la ley, con su humor blanco en muchas ocasiones, un poquito de mala uva por otro lado y un guión trabajado, el resultado es una buena película, lo que es de agradecer. Una  "rom-com" con toques mágicos, en principio es un género que no me tira para atrás ni mucho menos. Sí, en efecto, me encantan las historias sensibleras con buenas intenciones donde chico conoce chica o cualquier otra combinación, y, a pesar de todos los problemas habidos y por haber, por arte de birlibirloque todo se soluciona. Pero lo único que pido es que la historia no sea una caricatura de sí misma, que haya algo más que una trama ñoña donde no quepa la sorpresa. Y que tanto los actores como el director crean en lo que están haciendo. Y no penséis que esas historias tienen tanto éxito (salvo Pretty Woman, ejemplo de ejemplos), las comedias románticas suelen ser películas menores sin más objetivo que el de hacer pasar un rato agradable olvidándose de toda pretensión artística. 
Y sin embargo, esta película de nombre tan evocador tiene algo más, ya desde el mismo cartel que he elegido para ilustrar esta entrada vemos que en esta Penelope podemos encontrar ese plus que necesita toda comedia romántica para ser recordada. Aquí hay amor (por supuesto), personajes secundarios enriquecedores, diálogos interesantes, buenas actuaciones, una estética cuidada y una intención clara: divertir al espectador, emocionarlo también, pero no tratarlo como si fuera tonto. 


La historia es la de la familia Wilhern, maldita cinco generaciones atrás cuando uno de sus miembros dejó embarazada a una sirvienta pero la abandonó al no querer casarse con ella. La chica se suicidó (sentido trágico de la vida, perfecto para iniciar una trama) y su madre, bruja de profesión, soltó una maldición gitana de las que hacen época. La primera hija que naciera en esa familia tendría una figura espantosa y este hechizo sólo se rompería cuando alguien de su misma clase pudiera quererla y casarse con ella. El tema del hechizo y el amor como quitamaldiciones. Clásico pero efectivo. El bebé de Franklin y Jessica Wilhern será uno con una nariz de cerdo que horripilará a todos cuanto la contemplen. Tal es la persecución a la que se ven sometidos que deciden crear un plan: esconder al bebé para siempre hasta que se pueda romper maldición, por lo que fingirán su muerte. Años después, una serie de pretendientes discretamente convocados y obligados posteriormente a firmar un contrato de confidencialidad, pasarán por la mansión de los Wilhern para conseguir el amor de Penelope y de paso, su fortuna. He ahí las semejanzas con la Penélope de Ulises, también ella tendrá que recibir pretendientes más atraídos por sus riquezas que por ella misma. La diferencia es que todos salen despavoridos al ver la cara de Penelope, a pesar de su hermosa voz y deliciosa conversación. Crítica a la superficialidad de la sociedad en la que nos movemos (aunque éste no sea precisamente el punto fuerte de la película, a decir verdad). Uno de los pretendientes (Edward, hijo de un importante empresario) consigue huir sin firmar nada, y denuncia a Penelope en una comisaría, habla de un monstruo deforme con terribles dientes que le persigue en sueños. Sólo un periodista le creerá, Lemon (Peter Dinklage, uno de los mejores de toda la película) y creará una trama para conseguir la foto del "monstruo" que le había costado más de un disgusto tiempo atrás. Así encontrará a Max (James McAvoy, aún desconocido entonces y que sin embargo está bastante notable) necesitado de dinero y que acepta la misión de encontrarse con la joven Penelope. Todo bien hasta ahora, pero claro, esto es una comedia romántica y el caradura-pero-buen-tipo de Max no puede evitar enamorarse de la misteriosa chica tras el espejo. Christina Ricci es la encargada de interpretar a esta Penelope, y creo sinceramente que lo borda, sobre todo con esos ojos que transmiten tanto y de forma tan intensa. Los momentos en los que ella se pasea por la ciudad con la bufanda son fantásticos.


No contaré más de la trama, pero diré que tiene más de una sorpresa y desde luego, estéticamente está realmente conseguida. Al canadiense Mark Palansky, no hay que perderle de vista. Criado bajo el manto protector de Michael Bay en películas como Pearl Harbour, Palansky desarrolló para esta película del 2006 aunque estrenada bastante más tarde, un universo onírico y mágico lleno de matices que no satura, sino que acompaña la historia de forma perfecta. No sería un nuevo Tim Burton, no es tan barroco, pero podéis haceros una idea del tipo de cine que quiere mostrar. Lo que más me gusta de la película es ese equilibrio entre fantasía y realidad, a la vez que muestra la crítica a una sociedad de intereses. El papel de los medios resulta determinante, así como los poderosos intentan jugar con él. Pero aquí hay buen fondo, nada de personajes turbios dominados por sus demonios, es sólo la historia de una chica encerrada por los errores de su familia y los prejuicios de los demás. Una hipérbole de nuestra sociedad envuelta con mucho caramelo, pero que no empalaga. Lo mejor, las escenas en el espejo, los ojos de la Ricci, Max cuando todavía es Max y el gran (sin bromas) Peter Dinklage. Quitaría otros secundarios como el papel de Reese Witherspoon, que no aporta nada de nada. Para disfrutar sin juzgarla demasiado, o incluso haciéndolo. 

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