Miopes

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martes, 26 de julio de 2011

Locke & Key: Crown of Shadows

Joe Hill, guionista de la serie, fue premiado en la última edición de los Eisner al Mejor Escritor por esta serie, Locke and Key, que ya está en su cuarto volumen. Puede que este reconocimiento pueda darle algo más de popularidad, aunque parece que el piloto no ha suscitado el entusiasmo necesario como para llevar a cabo la adaptación a la pequeña pantalla (quizás a la grande, ya veremos). De todas formas, que premien una obra de la calidad de L&K no debería extrañar a nadie, aunque entiendo que el dibujo de Gabriel Rodríguez pueda ser demasiado convencional para una historia tan oscura, todo eso sin despreciar su trabajo, que me parece brillante. También estaba nominado para la categoría de mejor dibujante, pero ganó Skottie Young por su trabajo en The Marvelous land of Oz, que tiene una pinta realmente buena.

Centrándonos un poco en este tercer volumen, Crown of Shadows, la serie sigue manteniendo un buen ritmo, aunque no sé muy bien a donde quiere ir. Si bien el primer volumen me parecía más oscuro, el segundo más misterioso, este tiene un punto más melodramático. Lo habíamos dejado todo con el ataque a Duncan Locke, hermano de de Rendell Locke, el padre de familia asesinado en el primer número y por lo que su familia debía mudarse a una vieja casa llena de llaves y secretos en Lovecraft. Los personajes principales eran la madre Nina Locke, muy afectada por el ataque que sufrió donde murió su marido y que ahora pasa sus días con sus miedos y el alcohol, Tyler, Kinsey y Bode Locke, los tres hermanos que intentan llevar su nueva vida con más o menos normalidad, haciendo nuevos amigos, no siempre de fiar. Como Dodge, el siniestro personaje que guarda todos los secretos y que necesita urgentemente la llave del pozo donde había estado encerrado en su forma femenina hasta la llegada de los Locke. 

Hay personajes que no aparecen en este volumen que deberían aparecer más tarde o no, como Ellie, la profesora que aloja muy a su pesar a Locke, o el tío Duncan. Tampoco sabemos si su importancia va a crecer o simplemente no tendrán más relevancia. No es el caso de las nuevas apariciones, como los amigos de Kinsey que le enseñan la cueva donde está escrito el nombre de su padre junto con otros que no puede identificar. También tiene más importancie el detective con el que contacta Nina. En realidad, los personajes más importantes siguen siendo los mismos que en las dos primeras entregas, con alguna novedad en el primer número de este tercer volumen, que ayuda a entender ciertas motivaciones de Dodge. 
Pero no todas, obviamente, porque Joe Hill sigue siendo un maestre en el arte de enredar la trama o de despistarte con acciones paralelas que parecen no llevar a ningún sitio. La parte oscura de la historia, las acciones de Dodge, están muy bien llevadas, pero creo que donde mejor funciona el tándem Hill-Rodríguez, son con las viñetas donde se muestra el sufrimiento de la madre. Lejos de ser un cliché, intentan que comprendamos por lo que está pasando Nina, tanto o más que el resto de personajes. Su adicción al alcohol puede resultar patética, la muestra como una persona totalmente destruida, sin posibilidad de recuperación. El último número sirve perfectamente como ejemplo. En una pequeña viñeta, casi minúscula con el tamaño del resto, Hill y Rodríguez nos dan las claves para entender por lo que esta mujer está pasando. Luchando por intentar que su familia no se pierda, pero incapaz de evitar que su dolor salga y se convierta en rechazo, principalmente en el personaje de Kinsey, la adolescente cuya rebeldía se hace aún más patente. 



El trabajo de Rodríguez es fantástico. Los números 3 y 4, donde se relata la pelea con las sombras son una genialidad. Aunque quizás sea justo ahí la parte del guión que menos me gusta. Me parece un recurso demasiados sencillo el hecho de que un personaje como Dodge se pueda mover tan fácilmente y, sin embargo, sea tan torpe en otras acciones. Ahí es donde veo ciertos fallos de guión, no de dibujo, que está perfectamente ejecutado, en la poca coherencia de ciertas progresiones. Cada dibujo suyo expresa tantas emociones que apenas una secuencia basta para entender todo lo que le pasa a cualquier personaje. Sigue siendo el dibujante perfecto para Joe Hill, que al parecer planea llegar a los 68 números, lo cual es un poco desesperante teniendo en cuenta que van por el 24 del 4º volumen. Quizás sean demasiados, no sé si esta historia llena de misterios que sigue sin desvelarnos para qué son todas esas llaves, por qué están ahí y por qué Rendell Locke quería guardarlas con tanto cuidado. Pero qué tonterías digo, ahí está la emoción, pero cuidado, habrá que ser muy hábil para no saturar al pobre lector cuya capacidad de atención empieza a bajar de forma alarmante.

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