Miopes

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martes, 5 de julio de 2011

Don't look now, de Nicolas Roeg

9/10

Amenaza en la sombra  (Don't look now, 1973) es de esas joyas que van ganando lustre con el paso del tiempo, convirtiéndose ya en un clásico del terror psicológico y paradigma del cine de calidad que dio una nueva vida al género en los setenta. No es un clásico incontestable ni mucho menos, es fácil encontrar detractores a poco que uno vaya leyendo en distintos foros sobre la película. Quizás no ha envejecido de forma homogénea, hay partes que son auténticas obras de arte y otras que sufren del inexorable paso del tiempo, algo imposible de evitar, pero en términos generales, Don't look now (prefiero el título original, una vez más) la película merece bien la fama que se ha ido ganando.

John Baxter (Donald Sutherland) está trabajando en la reconstrucción de la iglesia de San Nicola en Venecia. Allí pasa los días con su esposa, Laura Baxter (Julie Christie) recuperándose de la trágica muerte de su hija Christine en un pequeño lago a las puertas de su casa en Inglaterra. Han decidido alejarse de sus pesadillas, dejando incluso a su otro hijo (testigo de la muerte de su hermana) en un colegio interno mientras tanto, quizás para no soportar el ambiente tan depresivo que se estaba creando en la pareja. En un restaurante, Laura encuentra dos hermanas inglesas, una de las cuales es vidente a pesar de ser ciega (ojo, no intentaba hacer el chiste pero ahí ha quedado). Le dicen que Christine está con ellos, que deje de estar tan triste...a partir de ese momento, Laura está de mejor humor, se siente más segura de sí misma y desea más que nunca que todo se arregle. Pero John no piensa lo mismo. Es muy escéptico respecto a estas dos que cree que pueden estar manipulando a su esposa por algún oscuro propósito. La preocupación está más que justificada teniendo en cuenta que hay un asesino suelto en Venecia que ya ha matado varias veces  y ante el que la policía parece impotente. 


Dos tramas que convergen en un final impactante, del que no diré nada más, no merece la pena estropear la visión de la película, de la que se puede hablar sin duda sin desvelar su desenlace. Nicolas Roeg no era ningún debutante en esto del cine cuando dirigió Amenaza en la sombra, si bien ésta era solo su tercera película como director. Pero el bagaje profesional de Roeg no era pequeño, había sido varios oficios con los más diversos y reputados directores de la época, desde David Lean en Lawrence de Arabia hasta François Truffaut en Fahrenheit 451. Roeg tiene un estilo propio a la hora de filmar, desde luego. Sólo ver los primeros planos y ya te das cuenta que no vas a ver una película convencional. Aquí prima el agua, está rodada en Venecia, no podía ser de otra forma, pero no sólo como líquido también como superficie que refleja tanto lo que vemos como lo que creemos ver. Los espejos son esenciales para entender la historia. Espejos que se rompen y distorsionan la realidad. Los colores, el rojo principalmente. Un rojo poderoso en una Venecia oscura y tenebrosa, una Venecia de invierno completamente gris que aumenta aún la sensación de soledad de los personajes. Roeg maneja todos estos elementos a su antojo, así como los saltos en el tiempo, el fragmentar la narración volviendo de manera deliberada a puntos que parecían ya superados. Cada plano en esta película está milimétricamente calucado, a veces saturado, de información de los personajes, su entorno... 
Los actores están fantásticos. Julie Christie es una mujer bellísima, siempre lo ha sido, pero aquí está absolutamente radiante, hermosa y frágil, a veces da la impresión de estar más afectada de lo que parece por la muerte de su hija, algo que sería totalmente comprensible, y sin embargo la estabilidad emocional que da a su personaje resulta totalmente creíble. Donald Sutherland tiene esa mirada perturbadora que no te deja frío, hombre duro que ha soportado la muerte de esa hija, siendo consciente que su trabajo es su vía de escape. Hay una famosa escena donde el matrimonio hace el amor de forma apasionada en la habitación de su hotel. Un hotel, por cierto, que está a punto de cerrar, y la sensación que provocan esas sábanas sobre los muebles resulta de lo más incómoda. La escena en cuestión resultó polémica porque nunca quedó muy claro si lo estaban haciendo de verdad o no. Durante algún tiempo se dijo que Sutherland y Christie habían tenido una verdadera penetración durante el rodaje. Desde luego, la escena parece apasionada, eso sin duda, y quizás resulta un poco extraña por la edición de Roeg, que fue alternando la secuencia de sexo con el post-coito, mientras se preparan para salir. A muchos no les gustó, le pareció incluso innecesaria. Pero esa escena en concreto es provocada por la mejora en el estado de ánimo de Laura Baxter tras haber hablado con las hermanas, se siente bien, sabe que Christine, de alguna manera, sigue viva y eso le da fuerzas. Hasta para recuperar su matrimonio. Me parece un momento emotivo, quizás demasiado intenso para la melancolía de la película, pero aún así, completamente justificado. 

Pero es que la película está llena de detalles que hacen que merezca pena verla cuarenta años después. Y que se siga disfrutando como el primer día. Un ritmo pausado, tranquilo como lo es la época en la que está rodada. La banda sonora de Pino Donaggio, muy anclada en los setenta pero definitivamente bien ajustada a la película, resulta preciosa, sin llegar a ser inquietante, pero eso es quizás lo que da más miedo. Las hermanas en el baño cuando hablan por primera vez con Laura, y esa imagen reflejada en los espejos de la ciega mientras una señora permanece muda en un rincón contemplando la escena, quizás sin entender nada de lo que pasa. La escena en la que están subiendo una estatua a un nicho de la fachada de la iglesia, y John permanece cara a cara frente a esa monstruosa figura mientras contempla como su esposa se marcha justamente por donde hace un momento se encontraban las extrañas hermanas. El paseo nocturno por Venecia, las sombras, la oscuridad que se propaga como un ser vivo. El delirio de ver una y otra vez la parca roja que llevaba Christine cuando murió. Las inquietantes conversaciones con la policía, esas habitaciones de techos altísimos enclavados en majestuosos palacios. Los paseos en vaporetto por los canales de una Venecia más sombría que nunca. La bruma que se levanta sobre el suelo al pisar justo antes del final. Es una delicia ver algo así, sinceramente. Hoy en día, se estilan películas muy diferentes, no muy malas, simplemente, el ritmo, la actitud de los personajes, las tramas con permanentes giros que muchas veces son simples trampas argumentales. Esta joya del cine británico, considerada como una de las mejores películas de todos los tiempos en según qué listas, basada en una novela de Daphne du Maurier, lo que quizás conecta a la película con el maestro Hitchcok, es de esas películas que permanecen en la memoria y vuelves a ella una y otra vez, recordando escenas que te emocionaron o conmocionaron. Es una película melancólica, depresiva, triste pero de irresistible belleza.




2 comentarios:

Carolina Yáñez dijo...

Sí, esta película es muy original.... es algo silenciosa pero llena de símbolismos. Por ejemplo, cuando al comenzar la película se derrama el vaso sobre el vidrio y una imagen roja comienza a agrandarse, se relaciona con la capa roja de Cristhine, la sangre del final de la película y el asesino suelto; la mirada profunda del sacerdote, como vislumbrando que al protagonista le sucedería una tragedia... una serie de sucesos afortunados, entre ellos los numerosos homicidios en Venecia, culminaron en el del restaurador de iglesias.
Desde el inicio la película está marcada por un sino negativo

Carolina Yáñez dijo...

Sí, esta película es muy original.... es algo silenciosa pero llena de símbolismos. Por ejemplo, cuando al comenzar la película se derrama el vaso sobre el vidrio y una imagen roja comienza a agrandarse, se relaciona con la capa roja de Cristhine, la sangre del final de la película y el asesino suelto; la mirada profunda del sacerdote, como vislumbrando que al protagonista le sucedería una tragedia... una serie de sucesos afortunados, entre ellos los numerosos homicidios en Venecia, culminaron en el del restaurador de iglesias.
Desde el inicio la película está marcada por un sino negativo