Miopes

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jueves, 21 de julio de 2011

À bout portant, el "polar" sigue en buena forma

8/10
À bout portant (lo podríamos traducir como "A quemarropa") es una de esas películas que cumple lo que promete. Acción y tensión a partes iguales. Giros argumentales y efectividad visual. Si a esto lo acompañamos con buenos actores, tenemos la combinación perfecta para hacer una buena película. Esta producción francesa de finales del 2010 está dirigida por Fred Cavayé, director y guionista francés, conocido principalmente por su película del 2008 Pour elle, cuyo remake made in USA se ha estrenado este año, interpretado por Russell Crowe, con el título de Los próximos tres días. Los actores no son demasiado conocidos en España, salvo Elena Anaya en su segundo papel en una producción francesa tras Mesrine: L'ennemi public n#1 con Vincent Cassel. Tenemos por un lado a Gille Lellouche, irreconocible tras su papel de inspector Caponi en Adele y el misterio de la momia, el duro Roschdy Zem, conocido por su papel en Indigènes (Días de gloria) aunque con una dilatadísima carrera en Francia, y Gérard Lanvin, otro actor veterano francés on muchas películas en su haber, entre otras Le goût des autres. En definitiva, un cartel con bastante atractivo para una thriller de acción angustiosa. 
La historia se inicia con una espectacular persecución a la que se ve sometido Hugo Sartet (Zem) acabando en un terrible accidente (una de las imágenes de la película) que le lleva al hospital en estado grave. La encuesta para saber quien es no da demasiados frutos, se espera, por tanto a que se despierte para poder averiguar más de él. Samuel (Lellouche) es un auxiliar que quiere convertirse en enfermero y que está casado con Nadia (Anaya), la cual está embarazada de una niña que nacerá en un mes. Una noche mientras Samuel está de guardia, alguien viene a ver a Hugo, Samuel le sorprende pero el atacante escapa. Samuel consigue salvar la vida del paciente, atrayendo el interés de la policía. Todo va bien, hasta que alguien entra en su casa y secuestra a Nadia, dejando a Samuel inconsciente. Una llamada horas más tarde le advierte que debe sacar a Sartet del hospital, a pesar de estar permanentemente vigilado por la policía o su mujer morirá en tres horas. 

No es la primera vez que vemos una película con una premisa parecida. Un personaje anónimo es obligado a cometer un crimen o alguien querido morirá. Se ve atado de pies y manos, no puede contactar con la policía porque eso no le supondría una gran ayuda. El tiempo como espada de Damocles es la mejor forma de activar una película de acción. Lo bueno de esta película son sin duda las escenas de acción, están a la altura de cualquier película de Hollywood. La primera escena es espectacular con aquel accidente  con la moto. Pero luego hay más escenas muy logradas. La mejor, sin duda, es la persecución por el metro. Lo tenemos todo ahí, la tensión del personaje que no sabe si el que lo persigue va a matarlo o solo capturarlo. La necesidad de huir para poder encontrar a su esposa, secuestrada con el agravante de estar embarazada y necesitar reposo absoluto. La escena final en la comisaría de policía es de una tensión máxima, filmada con gran habilidad por Cavayé y bien interpretada por los protagonistas. 

En una película de apenas 85 minutos, con tanta acción concentrada, los personajes aparecen descritos con pequeñas pinceladas, demasiado esquemáticos. Quizás se pueda echar en cara justamente eso. No sabemos demasiado de la vida de Sartet, sólo que es un ladrón que está metido en un asunto gordísimo en el que hay policías de por medio. En cuanto a los policías, todos aparecen muy planos y esterotipados. Caras de tensión forzada y diálogos muy habituales en este tipo de películas. De Samuel sabemos algo más, tenemos una pequeña descripción de lo que quiere llegar a ser, su vida va a cambiar con la llegada del bebé y quiere tener lo mejor en su profesión. Está perfecto en las escenas de acción, vemos su fragilidad pero su disposición a hacer lo que haga falta por recuperar a Nadia. Me ha sorprendido Lellouche para bien. En cuanto a Elena Anaya, vuelve a hacer de española como en Mesrine... y no tiene un acento muy fuerte, pero aún así se nota su procedencia. No tiene nada malo, por supuesto, el hacer de extranjero, es solo que sus diálogos se limitan bastante. Pero es que la expresividad de la Anaya es sobrecogedora. No le hace falta palabras, tan solo una mirada directa y profunda. Se nos presenta como un personaje débil, o, al menos, en franca desventaja pero tiene momentos en los que demuestra una fuerza indudable, como la escena del cuarto de baño. Es un papel menor, pero está a la altura, como siempre.

El cine francés logra unos films de acción comparables a cualquiera. Tiene escenas donde la tensión se mantiene de forma constante y el tono realista que le da siempre tanto a la trama como a los personajes resulta de lo más interesante cuando se quiere huir de las hiperbólicas producciones USA. Puede que no sea una obra maestra, o sin puede, no lo es. Tiene algunos momentos en el guión que te preguntas por qué, pero desde luego es un thriller más que decente, directo que no te deja tiempo a aburrirte en ningún momento. 


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