Miopes

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sábado, 9 de julio de 2011

Blackthorn, homenaje al Western con mayúsculas

8/10
Blackthorn. Sin destino es la nueva película de Mateo Gil, el que fuera y es colaborador de Amenábar como asistente de dirección y guionista y autor de la más que decente Nadie conoce a Nadie (1999). La carrera cinematográfica de Gil no es demasiado extensa, al menos en lo que respecta a la suya como director, tan sólo dos largos para cine, uno para la televisión y varios cortos, pero desde luego es muy interesante, a mí me lo parece en todo caso. En Nadie conoce a Nadie se atrevía con un thriller en plena Semana Santa sevillana, poco más que sacrilegio. Recibió muchas críticas tan solo por haber utilizado ese escenario. Sin embargo creó una película muy efectiva, sobre todo en su primera hora ya que para mí el final estropeó mucho el resultado global. Curiosamente aquí no es el guionista de Blackthorn. En este caso el guión es de Miguel Barros, no demasiado conocido tampoco pero cuya carrera en el cine se remonta a La Buena Vida (1996) como asistente de dirección. Para hacer Blackthorn, Mateo Gil se ha rodeado de un grupo de actores de contrastada calidad: Sam Shepard, Eduardo Noriega, Stephan Rea y unos secundarios  que no desentonan en absoluto en esta coproducción hispano-franco-boliviana que debutó en el Festvia de cine de Tribeca y que tendrá su distribución en Estados Unidos, con todo lo complicado que es colarle un western a los americanos, que para eso lo inventaron ellos. 

Claro que no es un western al uso. La historia quiere ser una continuación veinte años después de aquella mítica película de George Roy Hill, Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, 1969), una de esas películas míticas de mi infancia por lo que acercarme a esta producción de Gil me daba cierto reparo. El film de Paul Newman y Robert Redford podía tener sus defectos (la cancioncilla totalmente fuera de lugar) pero desde luego sus virtudes eran más importantes, además de dejar uno de esos finales que no se olvidan. En esta nueva película, James Blackthorn (Sam Shepard, espléndido) es un hombre entrado en los sesenta, cansado de todo y que lleva veinte años criando caballos en el altiplano boliviano. Ya tiene dinero suficiente para volver a California, donde le espera un sobrino suyo al que escribe con frecuencia. Blackthorn es en realidad Butch Cassidy, el conocido forajido que había sido dado por muerto en San Vicente, Bolivia, veinte años atrás junto con su compañero Sundance Kid.
A través de una serie de flashbacks, nos vamos enterando de la historia (al parecer bastante ajustada desde el punto de vista histórico) de estos dos forajidos y su huída de los Estados Unidos a Sudamérica, sobre todo a Chile, Argentina y finalmente, Bolivia. Blackthorn se encuentra con Eduardo Apodaca (Eduardo Noriega, muy bien), un ingeniero de minas español que ha decidido robar cincuenta mil dólares a Patiño, el empresario más importante del país y casi del continente. Está huyendo de los hombres que quieren matarlo y necesita ayuda. Blackthorn decide echarle una mano, sobre todo para recuperar el dinero que ha perdido al huir su caballo. La historia de la película es la huída de estos dos ladrones de generaciones distintas, con una visión también diferente de la vida. 



Me ha gustado mucho Blackthorn. Supongo que el motivo principal es que me gusta el western clásico, donde todo eran miradas e intenciones, rodeados de la inmensidad sin conquistar, de lo salvaje que era un personaje más. No hay excentricidades en esta película ni trucos por arte de magia. Las películas del oeste no son películas rápidas, son planos largos y diálogos pausados. No tienen que ser moralistas, aunque muchos lo son. De hecho, los protagonistas de la mayoría de las buenas películas de este género no son buenos en el sentido estricto de la palabra. Son personajes martirizados por su pasado que intentan huir de sus fantasmas y sólo encuentran en el sacrificio personal su redención. Mateo Gil consigue muchas cosas con esta película, que supera en prácticamente todo a la anterior, si bien comparar dos estilos distintos no siempre es buena idea. Aquí tenemos una película muy bien dirigida, con dos actores que juegan muy bien su papel, creando esa atmósfera de desconfianza, de amistad por necesidad que tan bien funciona. ¿Te puedes fiar del que tienes al lado? ¿Te necesita él a ti más que tú a él? Los paisajes escogidos son absolutamente maravillosos, tanto la montaña como los pueblos hechos de adobe y caña en medio del desierto. El salar de Uyuni, tiene una de las mejores escenas, sino la mejor, de la película y una de las que más me han gustado en lo que visto de año. El blanco que te hiere los ojos de la sal, asesino como pocos es escogido como el lugar de enfrentamiento entre los fugitivos y sus perseguidores. Estéticamente es perfecta. Las escenas con los actores secundarios están muy logradas, tanto con Iyana, la joven amante boliviana de Blackthorn como con McKinley (Stephen Rea, siempre correcto). McKinley muestra la decadencia, el desgaste producido por los años de rencor persiguiendo a un fantasma. La mirada triste del norirlandés McKinley encaja perfectamente con este personaje gris, pero que da un contrapunto interesante a la historia. Por supuesto, recomiendo ver esta película en versión original, como siempre. 


El llamado "western crepuscular" es un subgénero que ha dado grandes películas (Grupo Salvaje, La Balada de Cable, ambas de Sam Peckinpah, Sin Perdón o la reciente Valor de ley, y la película de la que procedió, por citar unos pocos ejemplos). El protagonista es un hombre acabado, al menos él se da a sí mismo por acabado. Necesita volver a casa de alguna manera o reconciliarse con su pasado, en muchas ocasiones sangriento. Suele coincidir con el final de una era, la del Salvaje Oeste. Al fin y al cabo, los mitos del western están forjados en la conquista de lo desconocido, en ampliar la frontera del nuevo país lo más lejos posible, aunque para ello haya que explorar lo que ningún hombre civilizado ha explorado antes. Es el luchar contra lo misterioso, lo que convierte a aquellos maleantes y forajidos en héroes. Una tierra sin ley, y donde imponerla siempre tenía un precio. Ese viejo Oeste está acabando, la tecnología ha llegado. El tren ya recorre el país y empezamos a ver los primeros coches. El tipo duro que representa el héroe del oeste ya está anquilosado. Hay una imagen curiosa en esta Blackthorn, cuando el protagonista se dispone a cruzar una calle para ir a sacar su dinero del banco. Un coche atraviesa esa calle y Butch lo mira como diciendo "ha llegado la hora de irse". Pues bien, este fin de era hace que podamos empatizar con  estos viejos pistoleros, tan rudos en un aspecto, tan nobles en otro. Sentimos pena por ellos porque ha llegado su momento y de lo grandes que han sido, ahora parecen aún más pequeños. Hay un momento en el que el personaje de Noriega le dice a Shepard que "todo esa inmensidad de sal que tienen delante algún día también tendrá dueño", Shepard/Blackthorn le responde que "espera estar muerto para entonces". Es el deseo de mantener su libertad, algo que no se puede pagar con nada en el mundo, algo que no todos entienden, algo que el mundo en que se mueven no entiende. Quizás sí sea entonces un western al uso, quizás la idea que transmite el western sobre todo es esa, la del hombre descubriendo la naturaleza, siendo libre y luchando hasta perderla y ser engullido por la modernidad. 



Ojo! Semi-spoiler! 
Lo que no me ha hecho ninguna gracia, Sr. Gil, es que me destroce mi imaginario particular mostrando lo que les pasó a esos dos Butch Cassidy y Sundance Kid al salir fuera de aquel establo y enfrentarse con los  soldados bolivianos. No, señor, no me ha hecho ninguna gracia..pongo la escena final de la mítica película de Hill (que no de Gil) para no olvidarme de aquel momento único.




3 comentarios:

raeioul dijo...

Hola, soy de Bolivia y decirte que el Salar de Uyuni no se encuentra en el desierto de Atacama.

¡Saludos!

Antò dijo...

Hola Raeioul! Pido disculpas por el error, la verdad es que tenía mis dudas y lo comprobé en internet y efectivamente, lo comprobé mal. Lo siento además porque no estamos hablando de unos cuantos kilómetros precisamente, ahora mismo lo rectifico. Gracias por la aclaración. Tenéis un país realmente precioso. ¡Un saludo!

Anónimo dijo...

excelente sinopsis, la verdad dan ganas de verla saludos!