Miopes

Miopes

viernes, 29 de julio de 2011

El descanso del guerrero

Que conste que digo "guerrero" en el sentido en el que lo dicen las madres, es decir como pesado. Sí, sí. Me voy de vacaciones y desconecto un poco del internet. Además, últimamente no paro de escuchar cosas que tienen que ver con el tecnostress o como se escriba y creo que sufro de eso. Voy a tener que hacerme una cura de desintoxicación informática de un par de semanas. Tengo algunos posts en la nevera, a medio terminar pero no los voy a poner. A la vuelta los revisaré y los pondré todos, o no, tampoco es que vayan a cambiar el mundo. Además, lo mismo alguna de esas críticas tan malas que he hecho no lo son tanto después de haberse rascado la barriga unos días. Os dejo con uno de los discos que me va a acompañar, Raphael Saadiq con su "Stone Rollin'" (uno de mis discos favoritos del año, no me canso de escucharlo) y el tema que da título: coolérrimo...
¡Buen Agosto a todos!





jueves, 28 de julio de 2011

Priest o ¿sueñan los vampiros con curas eclécticos?

3/10
Había visto el tráiler y me había convencido poco. Eso ya es una primera pista. El cómic no lo he leído, aunque por lo que he visto y escuchado de él, tiene bastante mejor pinta que la película en cuestión. Manhwa o El sicario de Dios (cómic) cuenta una historia bastante más compleja y atractiva que El sicario de Dios (film), eso por descontado. Al fin y al cabo es imposible meter en apenas 80 minutos la densidad de 16 volúmenes, por mucho que todavía haya alguno que hable de la simplicidad del cómic. Sí, amigos. Aún hay gente que piensa así.

¿Puedo decir simplemente Priest en lugar de El Sicario de Dios? Otro gran acierto de la traducción, me tira para atrás solo de oirlo. La historia de Priest, la película, comienza con una amena explicación de lo que ha pasado en el mundo en el último milenio. Resulta que humanos y vampiros han estado peleando a muerte intentando ser la raza dominante. Por supuesto no estamos hablando de los vampiros sacados del catálogo primavera de Tommy Hilfinger de Crónicas vampíricas, no. Esos rufianes hubieran durado menos que una camarera sexy trabajando para Sam Merlotte. Uther Pendragon se hubiera hecho un bonito collar de colmillos para su querida Lady Igraine. No, éstos son más bien estilo los de Soy Leyenda. Muy rápidos, muy ágiles, muy asesinos. Muy poco humanos, vaya. Pero bastante inútiles, al parecer. Han estado dando por saco toda la vida pero no han sido capaces de acabar con unos miserables humanos tirando flechas. Luego llega la época de las Guerras Mundiales, seguimos siendo unos losers hasta que aparece una grupo de humanos fervientes creyentes cristianos llamados sacerdotes, los Priests del título. Son expertos en todo tipo de artes marciales y conocen perfectamente como acabar con los vampiros. Empezamos a ganar la guerra a base de tener un estado dictatorial. En este caso una teocracia. Nos vemos recluidos en grandes ciudades amuralladas protegidos del exterior, que en su mayor parte es una vasta extensión de tierra marchita por las continuas guerras. Hay, sin embargo, granjeros que viven en el exterior, e incluso pequeñas poblaciones que han retrocedido tiempo atrás hasta tener todo el aspecto de pequeñas poblaciones del Far West. Y luego están los vampiros, encerrados en colonias donde están supuéstamente bien vigilados y controlados. Pero como las cosas no son lo que parecen, una de esas granjas es atacada por los vampiros. El padre no es otro que Stephen Moyer, sí, sí, Bill Compton que ya no es rey de ningún sitio, sino un vulgar granjero y además humano. A pesar de intentar esconder a su hija, los vampiros llegan allí, lo hacen todo mixtos como dicen en mi pueblo y se llevan a la nena. Vampiros sedientos de sangre que secuestran niñas de 13 años. No, no es un episodio de Buffy donde el Primero se pone a hacer planes de una malignidad inconcebible para la mente humana. Casualidad de las casualidades, resulta que la niña secuestrada es sobrina de un Priest (Paul Bettany) que además es el mejor. Ahora están relegados a un segundo plano, de hecho vagan errantes por la ciudad mientras los habitantes los miran con temor y desonfianza. Monsignor Orelas (Christopher Plummer) es el líder de todo esta nueva sociedad y tiene a los  Sacerdotes bien controlados. Un sheriff de la zona atacada viene a hablar con Priest. Es el joven Hicks (Cam Gicandet) y le explica la situación. Entonces, Priest no tiene otra que salir a buscar a la niña con Hicks, a pesar de las advertencias de Orelas que lo declara proscrito y manda al resto de Priests a cazarlo. Ahí tenéis la película. No la he destripado entera ni mucho menos, hay bastantes detalles que he omitido que la hacen más interesante. Sí, de verdad, pero poco.






¿Qué tiene de bueno Priest? La estética, corta duración, las escenas de lucha... ¿Qué tiene de malo Priest? Todo lo demás. Una actuación totalmente encorseta, sin ninguna emoción. Un guión que tendrá una extensión de dos folios y medio. Un cúmulo de lugares comunes y clichés. Y la estética tiene un gran problema, se pasa de moda a una velocidad endiablada. ¿Entretenida? Puff...yo me aburrí y solo dura hora y media. Realmente lo que tienes es una película creada exclusivamente para epatar con lo visual. Los efectos especiales, el uso de la cámara lenta con la única función de que admiremos la coreografía de las peleas...No hay gore (tan sólo en las primeras escenas hechas con animación), no hay terror, ni siquiera cuando se meten en la boca del lobo, no hay tensión, no hay gracia ni comentarios ingeniosos, no hay nada de nada. De acuerdo, tenemos una película sobria centrada en un futuro apocalíptico. Eso tampoco tiene que ser algo negativo, no tenemos que llamar al Condemor para que nos haga reír...pero tampoco tenemos que llamar a Neo y copiar y pegar todo el rato. Es una película sin ningún tipo de propósito, el de agradar supongo, ni siquiera el de gustar. Por otro lado, tampoco es que se pueda innovar mucho más en el campo chupóptero. Ya se ha inventado prácticamente todo: vampiros medievales, decimonónicos, en el Oeste, en la China Imperial, en el África Subsahariana, glamurosos, babosos, tímidos, salvajes, de buen corazón, destripadores, en guerra con los hombres lobo, en guerra con otros vampiros con peor imagen pero más hambre, enamorados, envidiosos, sin dientes, figurados, vecinos encantadores, con capa, en bermudas, en La Habana, en el futuro post-nuclear, vampiresas de pechos turgentes, vampiresas estancadas en los 13 años, vampiros detectives, millonarios, homosexuales, bisexuales, asexuales, vampiros perro, vampiros emocionales....¿cómo innovar con algo así? Cuesta encontrar algo que sea realmente original, así que nos quedamos con la diversión para toda la familia y con un canto en los dientes.


martes, 26 de julio de 2011

Locke & Key: Crown of Shadows

Joe Hill, guionista de la serie, fue premiado en la última edición de los Eisner al Mejor Escritor por esta serie, Locke and Key, que ya está en su cuarto volumen. Puede que este reconocimiento pueda darle algo más de popularidad, aunque parece que el piloto no ha suscitado el entusiasmo necesario como para llevar a cabo la adaptación a la pequeña pantalla (quizás a la grande, ya veremos). De todas formas, que premien una obra de la calidad de L&K no debería extrañar a nadie, aunque entiendo que el dibujo de Gabriel Rodríguez pueda ser demasiado convencional para una historia tan oscura, todo eso sin despreciar su trabajo, que me parece brillante. También estaba nominado para la categoría de mejor dibujante, pero ganó Skottie Young por su trabajo en The Marvelous land of Oz, que tiene una pinta realmente buena.

Centrándonos un poco en este tercer volumen, Crown of Shadows, la serie sigue manteniendo un buen ritmo, aunque no sé muy bien a donde quiere ir. Si bien el primer volumen me parecía más oscuro, el segundo más misterioso, este tiene un punto más melodramático. Lo habíamos dejado todo con el ataque a Duncan Locke, hermano de de Rendell Locke, el padre de familia asesinado en el primer número y por lo que su familia debía mudarse a una vieja casa llena de llaves y secretos en Lovecraft. Los personajes principales eran la madre Nina Locke, muy afectada por el ataque que sufrió donde murió su marido y que ahora pasa sus días con sus miedos y el alcohol, Tyler, Kinsey y Bode Locke, los tres hermanos que intentan llevar su nueva vida con más o menos normalidad, haciendo nuevos amigos, no siempre de fiar. Como Dodge, el siniestro personaje que guarda todos los secretos y que necesita urgentemente la llave del pozo donde había estado encerrado en su forma femenina hasta la llegada de los Locke. 

Hay personajes que no aparecen en este volumen que deberían aparecer más tarde o no, como Ellie, la profesora que aloja muy a su pesar a Locke, o el tío Duncan. Tampoco sabemos si su importancia va a crecer o simplemente no tendrán más relevancia. No es el caso de las nuevas apariciones, como los amigos de Kinsey que le enseñan la cueva donde está escrito el nombre de su padre junto con otros que no puede identificar. También tiene más importancie el detective con el que contacta Nina. En realidad, los personajes más importantes siguen siendo los mismos que en las dos primeras entregas, con alguna novedad en el primer número de este tercer volumen, que ayuda a entender ciertas motivaciones de Dodge. 
Pero no todas, obviamente, porque Joe Hill sigue siendo un maestre en el arte de enredar la trama o de despistarte con acciones paralelas que parecen no llevar a ningún sitio. La parte oscura de la historia, las acciones de Dodge, están muy bien llevadas, pero creo que donde mejor funciona el tándem Hill-Rodríguez, son con las viñetas donde se muestra el sufrimiento de la madre. Lejos de ser un cliché, intentan que comprendamos por lo que está pasando Nina, tanto o más que el resto de personajes. Su adicción al alcohol puede resultar patética, la muestra como una persona totalmente destruida, sin posibilidad de recuperación. El último número sirve perfectamente como ejemplo. En una pequeña viñeta, casi minúscula con el tamaño del resto, Hill y Rodríguez nos dan las claves para entender por lo que esta mujer está pasando. Luchando por intentar que su familia no se pierda, pero incapaz de evitar que su dolor salga y se convierta en rechazo, principalmente en el personaje de Kinsey, la adolescente cuya rebeldía se hace aún más patente. 



El trabajo de Rodríguez es fantástico. Los números 3 y 4, donde se relata la pelea con las sombras son una genialidad. Aunque quizás sea justo ahí la parte del guión que menos me gusta. Me parece un recurso demasiados sencillo el hecho de que un personaje como Dodge se pueda mover tan fácilmente y, sin embargo, sea tan torpe en otras acciones. Ahí es donde veo ciertos fallos de guión, no de dibujo, que está perfectamente ejecutado, en la poca coherencia de ciertas progresiones. Cada dibujo suyo expresa tantas emociones que apenas una secuencia basta para entender todo lo que le pasa a cualquier personaje. Sigue siendo el dibujante perfecto para Joe Hill, que al parecer planea llegar a los 68 números, lo cual es un poco desesperante teniendo en cuenta que van por el 24 del 4º volumen. Quizás sean demasiados, no sé si esta historia llena de misterios que sigue sin desvelarnos para qué son todas esas llaves, por qué están ahí y por qué Rendell Locke quería guardarlas con tanto cuidado. Pero qué tonterías digo, ahí está la emoción, pero cuidado, habrá que ser muy hábil para no saturar al pobre lector cuya capacidad de atención empieza a bajar de forma alarmante.

domingo, 24 de julio de 2011

Hoy va de peleas (II)

No sé si alguna vez habéis estado en una pelea. No es muy agradable, no. Por supuesto no me refiero a esas peleas perfectas en la que el puñetazo va al sitio perfecto, siempre tienes una barra de metal cerca o simplemente das esa patada voladora fantástica que lanza a tu oponente contra la pared. Ni siquiera sé muy bien si podría dormir a alguien de un golpe en la cabeza. Todo el mundo lo hace genial, da igual que seas un boina verde que una ama de casa en apuros. Curiosamente el otro día vi una película, À bout portant, donde sí aparecía esta situación. El protagonista no era capaz de hacer perder el conocimiento a un tipo con la culata de una pistola. Vaya inútil. Todo el que haya visto cine sabe que es facilísimo. Vamos a seguir con más escenas que contengan peleas de verdad, nada de chucufletas con saltitos de 20 metros o garras de adamantium, pero, como en el primer post, alguna se me escapará:

El jinete pálido (Pale rider, 1987) Dir. Clint Eastwood Int. Clint Eastwood, Michael Moriarty, Richard Kiel

Esta escena me marcó de pequeño. Ver al imponente entonces Clint Eastwood, con su sempiterna cara de mala leche, "El tío de la manta" como lo llamaba mi padre, haciendo de sacerdote en el Salvaje Oeste tenía su punto de emoción. Y aquí, en la secuencia del mazo tan conocida, enfrentándose al increíble Richard Kiel, un hombre que gozaba de un aspecto amenazador donde los haya. Pero en una pelea de mazos tú no vas a poder con el viejo Clint. Sí lo sé, ya empezamos con las trampas. Dije que era solamente a base de puñetazos u otras partes del cuerpo, pero es que no me puedo resistir a semejante escena. ¡Por Dios bendito! ¡El gigante había roto una piedra (seguramente caliza, que ésas se rompen fáciles, pero una piedra al fin y al cabo) de un solo golpe! Además es una escena que hace referencia a tantas otras, como la famosa escena de Indiana Jones, el espadachín amenazador y la pistola. 


Commando (1985) Dir. Marc L. Lester Int. Arnold Schwarzenegger, Rae Dawn Chong, Vernon Wells

De acuerdo, de acuerdo. Otra pelea que no debería haber añadido al lote. Pero ¡por favor, es mi infancia la que dicta las normas! No creo que haya habido en mi vida de cinéfago una escena más repetida que la del final de Commando, imposible. No puedo ser parcial aquí, hay demasiado sentimentalismo implicado. Hace mucho tiempo que no la veo y supongo que la película es pésima, pero tampoco se puede negar que tiene momentos ya míticos de las películas calificadas dentro del género "hostias y pan rallao". Ya sabéis lo "te acurdas cuando te dije que te mataría el último....te mentí" o "Let off some steam, Bennett" y luego pasó lo que pasó. Además, no sé si os acordáis, pero el personaje de Arnold se llamaba Matrix, John Matrix. ¿Casualidad? Yo creo que no.


Están vivos (They live, 1988) Dir. John Carpenter Int. Roddy Piper, Keith David, Meg Foster


¡Qué película! Me estoy dando un paseo por el boulevard de los sueños rotos que me voy a quedar tonto. Están vivos fue la última gran película de John Carpenter, al menos del Carpenter más genuino. Poco presupuesto, historias turbulentas donde un héroe anónimo debe sacar lo mejor de sí para que prevalezca el bien. Si alguien no la ha visto, los aliens han invadido la tierra, pero se esconden bajo un aspecto humano. Solo un albañil llamado George Nada (el gran Roddy Piper) puede verlos gracias a unas gafas de sol que permiten ver su verdadera identidad. Mucho sentido del humor, buena ciencia-ficción con  su punto de acidez contra la sociedad dormida y una pelea entre Nada y su amigo Frank (Keith David). Eso sí que es una pelea de verdad, aunque sea por unas gafas. De las que cuando terminas te ríes y te vas a tomarte unas cervezas. Lástima que los malditos aliens tenían que venir a fastidiar.


El castañazo (Slaph shot, 1977) - Dir. George Roy Hill - Int. Paul Newman, Michael Ontkean, Strother Martin, Jeff Carlson, Steve Carlson, Dave Hanson

No me vienen a la cabeza muchas películas sobre el hockey hielo. De hecho sólo me viene una (El castañazo) y otra con Emilio Estévez para Disney, pero no recuerdo el nombre. Será que el resto del mundo le importa más bien poco ese deporte. Pero lo que no se puede negar es su espectacularidad. No es lo mismo una pelea de fútbol, callejera, casi siempre tramposa y con cobardes que dan pataditas y se van corriendo, a una de hockey. No se puede comparar, solo hay que echar un vistazo a esta famosa secuencia con los hermanos Hanson dándolo todo.
Además la película estaba bien. Una comedia divertida con un Paul Newman desatado. De nuevo el tándem Hill - Newman aparece por aquí. Tenían arte, caramba.

Una historia del Bronx (A Bronx tale, 1993) - Dir. Robert De Niro - Int. Robert De Niro, Chazz Palminteri


En esta scorsesiana película dirigida por el propio De Niro en el 93, encontramos un personaje bastante merecedor de nuestra desconfianza, Sonny LoSpecchio (Palminteri). El capo mafioso del Bronx no le gusta que nadie se meta en su territorio así cuando estos Hell's Angels se instalan en el bar y deciden armar bronca, el viejo Sonny les enseña buenos modales de una forma inesperada. Es una escena potente, casi podemos ver al cabroncete de Joe Pesci rematando la faena.  La música presente en todo momento marca una gran distancia con la violencia que estamos viendo. Por un lado tenemos el "Come together" de los Beatles (poco Scorsese, le va más los Rolling Stones) y con el final "Ten Commandments of love" de Harvey and the Moonglows. Clásico.




Conspiración de silencio (Bad day at Black Rock, 1955) - Dir. John Sturges - Int. Spencer Tracy, Robert Ryan, Ernest Borgine, Walter Brennan, Anna Francis


McCreedy contra todos. Nadie en el pueblo le hace mucha gracia que este manco, callado y de aspecto amenazador venga husmeado, haciendo preguntas y queriendo meterse en sus vidas. El personaje de Ernest Borgnine cree que le puede meter el miedo en el cuerpo. Pero McCreedy (Spencer Tracy) sabe repartir cuando hay que hacerlo. Una pelea como en los good ol' days, ahora quizás parece infantil, pero me sigue encantando. Ojo, y sin música.


Le llaman Bodhi (Point Break, 1991) - Dir. Kathryn Bigelow - Int. Patrick Swayze, Keanu Reeves, Gary Busey


Kathryn Bigelow tiene una carrera a sus espaldas más que respetable que fue recompensada con The Hurt Locker, pero la Bigelow ya había demostrado antes que sabía como dirigir escenas de acción. En este éxito de 1991 tuvo ocasión de probarlo en varias ocasiones. Visualmente fue muy impactante. La joven estrella Keanu Reeves con el tristemente fallecido Patrick Swayze hacían un tándem fantástico. En especial en esta buenísima escena final en la que el infiltrado Johnny Utah debe detener a Bodhi, que está en Australia esperando la Gran Ola. Tremenda pelea en la playa bajo la lluvia por vivir en la cárcel o morir libre.

Arma Letal (Lethal Weapon, 1987) - Dir. Richard Donner - Int. Mel Gibson, Danny Glover, Gary Busey

Martin Riggs y Roger Murtaugh son una de las grandes parejas del cine, al menos de la segunda parte del siglo XX, tampoco hay que exagerar. Una de los ejemplos de como debe ser una buddy movie. Lo primero, divertida, con un toque amargo y acción. Un poco de tensión no le viene mal. En esta escena tenemos la pelea de Riggs (Mel Gibson) y del personaje de Gary Busey. Rodeado de policías, de nuevo bajo la lluvia, se ponen tibios a puñetazos y utilizando otras técnicas no demasiado ortodoxas. Un amasijo de llaves, patadas estilo capoeira y jiujitsu y todo en el jardín del pobre Murtaugh. Aquí podéis tener una descripción perfecta de la escena desde el punto vista de la técnica de lucha.


El diario de Bridget Jones (Bridget Jones' diary, 2001) - Dir. Sharon Maguire - Int. Renée Zellweger, Colin Firth, Hugh Grant

Porque no todos somos unas máquinas de matar andantes, nuestras peleas son chuscas y poco fotogénicas. Y ahí tenemos a esos dos caballeros ingleses que no consiguen dirimir sus diferencias mediante una educada conversación junto a una taza de té y unas galletitas de mantequilla. Nope. Se lían a tortas al son del "It's raining men", versión Geri Halliwell. Esta sí que es un combate "de verdad".




El castigador (The punisher, 2004) - Dir. Jonathan Hensleigh - Int. Thomas Jane, John Travolta, Samantha Mathis

No me gustó nada, pero nada, esta recreación del archiconocido personaje de cómic creado por Gerry Conway, Ross Andru y John Romita Jr. Ni me molesté en ver esa segunda parte, Punisher War Zone. Pero las cosas como son, la pelea entre Frank Castle y el Ruso es épica. La escena puede parecer un poco kitsch incluso, con ese ruso que parece sacado de un anuncio de Jean-Paul Gaultier pero es una pelea como Dios manda, aunque sea entre dos colosos.


Pasajero 57 (Passenger 57, 1992) - Dir. Kevin Hooks  - Int. Wesley Snipes, Bruce Payne, Tom Sizemore

Como cambian las cosas. Yo tenía un buen recuerdo de esta película, la emoción del secuestro aéreo y todo eso. Cuando la volví a ver me pareció mucho peor. No deberíamos volver a ver nuestros clásicos de juventud por si las moscas. Pero Wesley Snipes es un auténtico action man y no hace falta que se vista de Blade. En la lucha contra el malo malísimo al final de la película tenemos una situación de esas bien tensas que rematan perfectamente cualquier película que se precie. Y si no, juzgadla vosotros mismos, pero con un poco de piedad, por favor.


El mito de Bourne (The Bourne Supremacy, 2004) - Dir. Paul Greengrass - Int. Matt Damon, Joan Allen, Karl Urban, Julie Stiles

Es una de mis series favoritas. Tienen las películas de Jason Bourne un estilo muy personal, es ese género de acción a la europea que da tan buenos resultados, al menos de cara al espectador. Las tres películas tienen escenas realmente trabajadas. Yo me quedo con ésta, una pelea doméstica con el estreñido Marton Csokas. También tiene trampa, los dos están superentrenados para matar, pero la pongo por el bien aprovechado uso de diferentes enseres.



Horizontes de grandeza (The big country, 1958) - Dir. William Wyler  - Int. Gregory Peck, Charlton Heston, Jean Simmons, Carroll Baker

De las películas que marcan época. Horizontes de grandeza siempre era un must-see en casa cuando la echaban después de comer (porque antes ponían buenas películas después de comer, hijos míos). El macarra interpretado por Heston no deja en paz al bueno de Peck, así que deciden arreglarlo como buenos colonos del Viejo Oeste. A puñetazos. En la madrugada, Peck llama a su enemigo para seguir la pelea lejos de casa (qué educados, no quieren despertar a nadie ni romper nada). Con las primeras luces del día, una pelea de ritmo pausado, apenas sin música. Sería muy diferente si la rodaran ahora.


Faster, Pussycat! Kill, Kill! (1965) - Dir. Russ Meyer  - Int. Tura Satana, Haji, Lori Williams

No es que se pueda concluir que Faster, Pussycat es una obra maestra...o sí, según como se mire. Y como uno tiene esa mirada tan malsana pues habrá que considerarla un clásico. Pero es que Tura Satana es demasiado icónica como para olvidarla. Pongo dos secuencias ya clásicas de esta cinta del guarrete de Russ Meyer. La primera es cuando se encuentran las tres strippers malvadas a la pareja y nos encontramos la pelea con el novio. Sinceramente, un tío que va con esos pantaloncitos cortos de cuadros en medio del desierto se merece todo lo que le pase. La segunda es la famosa catfight entre las tres strippers con Tura Satana repartiendo mamporros y golpes bajos.

Fight Club (1999) Dir. David Fincher Int. Edward Norton, Brad Pitt y Helena Bonham-Carter

No he podido encontrar el enlace a esta pelea en concreto. Supongo que el spoiler es demasiado importante. Diré solo para aquellos que no la hayáis visto, cosa que me parece muy mal, que es la pelea final entre los personajes de Norton y Pitt. Desde luego, la escena ya se puede calificar como una de las más reconocibles del cine moderno. Una película llena de humor negro y de la que se ha hablado mucho y bien, y los que hayan hablado mal habrán tenido sus motivos. De todas formas, no todo el mundo está obligado a participar en el club de la lucha...oops, cuidado con las reglas...

Para terminar, tres grandes inclusiones:

- Gracias a Sergio y a su recomendación de la película Manos peligrosas, con un impecable Richard Widmark repartiendo a diestro y siniestro en el metro, eso sí, sin perder la elegancia.
- Sí, pongo esta escena de Aterriza como puedas como homenaje a mí mismo y a todo lo que me gustaría hacer cuando paso por esas zonas clave donde cientos de jóvenes ataviados con toda clase de siglas intentan sacarme el dinero, por alguna buena causa, eso sí. El piloto tiene razón.
- Como homenaje a todas esas fantásticas peleas no puedo olvidarme de esa fantástica chorrada que es Team America. Nada de efectos digitales, en todo caso, manuales.

sábado, 23 de julio de 2011

Simon Pegg y Nick Frost nos ofrecen un festival de guiños en Paul

5/10
De nuevo, otro ejemplo de parodia. Y de nuevo las referencias trabajan para la historia, pero no son metidas con calzador, lo que se agradece. De nuevo el dúo dinámico de la comedia británica, es decir Simon Pegg y Nick Frost, trabajando junto al director de Superbad o Adventureland, Greg Mottola, nos traen una comedia plagada de guiños a películas del género. ¿Cuáles? La verdad es que los homenajes son muy obvios en algunas ocasiones: E.T., la saga Star Wars, Encuentros en la Tercera Fase, Strar Trek, Alien, e incluso Indiana Jones y el Arca Perdida.

Paul nos cuenta la historia de dos fanáticos de la ciencia ficción que deciden viajar desde Inglaterra ("New England? No, Old England", como dice uno de los agentes) para asistir a la Comic-Con de ese año (qué casualidad, es justo este fin de semana). Desde luego la satisfacción es total. Están todos sus ídolos, las camareras van vestidas de princesa Leia, en fin. Su siguiente destino es alquilar una caravana (RV) y viajar hasta el área 51, con el secreto deseo de contactar con vida extraterrestre, si puede ser. Graeme Willy (Pegg), entusiasta y gran dibujante y Clive Gollings (Frost), escritor de ciencia ficción ganador del premio Nebula años atrás. Tras un desafortunado incidente con unos duros sureños, los británicos emprenden rumbo hacia la famosa zona reservada cuando son testigos de un accidente de coche. Allí conocerán a Paul (voz de Seth Rogen en USA, Santi Millán en España), un extraterrestre que lleva 60 años en una base militar hasta que se dio cuenta que era prisionero. Se escapa con el objetivo de ser recogido y devuelto a su planeta. Aquí comienza una persecución al estilo clásico con alguna sorpresa final. Más o menos. 

Es divertida, sí. Tantas referencias y algún que otro buen chiste hacen que la película se vea con agrado. Puedes jugar a pillar todos los guiños, que son muchísimos (ojo con las camisetas que llevan los protagonistas) Pero la historia me ha aburrido bastante. Una vez pasada la gracia del alien fumador y malhablado no vemos nada más que nos atrape. De acuerdo, tienes a dos colegas fans de la Ciencia Ficción que encuentran su sueño hecho realidad, algún que otro acólito que se les va sumando, más los Hombres de Negro que van detrás. Todo bastante predecible con alguna broma para amenizar el trayecto. No es que esté en contra de lo predecible, no se puede inventar siempre y tampoco creo que fuera su intención. Lo importante es hacer pasar al espectador un buen rato, pero aún con todo, más de un bostezo se me escapó. 

Sin embargo, algo de polémica sí ha creado esta película. Está bien que no deje indiferente. Una de las cosas que menos me gustan de Paul es el aspecto de película encorsetada. Da la impresión de tener que seguir las pautas de Hollywood, incluso siendo una parodia. En Hot Fuzz y Shaun of the Dead veíamos más libertad, quizás por estar rodadas en Gran Bretaña y con humor inglés sin reservas, un humor mucho más fino y agudo que el americano. Pues bien, muchos se quejan de como los protagonistas ven a los americanos (más freaks que ellos, lerdos y estereotipados al máximo). En cierto modo, eso es así. Pero no es menos cierto que nos tenemos que tragar cada cliché por parte de ciertas películas made in Hollywood sobre el resto del mundo, que no viene mal que les den un trato parecido. Pero siendo justos, las bromas no son especialmente maliciosas, tan solo un compendio de acentos, frases típicas, poses...nada verdaderamente dañino. Luego tenemos las referencias religiosas, parece que no han sentado muy bien a los grupos cristianos. Se sienten castigados y piensan (a veces de forma justa, es cierto) que son el único objeto de burlas y no se meten con otras religiones tipo Islam. No me parece tan poco muy cruel el trato con ellos, quizás el padre cristiano extremista (un papel bastante gris) pueda resultar ofensivo. Lo que es, para mí, es muy poco divertido. 

La actuación tampoco es especialmente brillante. Mucho gag gestual, mucha mueca y poco más. Es como si quisieran hacer un producto con el que reírse fácilmente. Hay actores sacados del Saturday Night Live como la protagonista femenina Kirsten Wiig, haciendo de una joven ignorante de los placeres mundanos de la vida, o Bill Hader, como joven agente con ganas de escalar puestos. Otros actores importantes como Jason Bateman, el agente Zoil, Lorenzo Zoil (chiste implícito con la película de Susan Sarandon), Jane Lynch como dura camarera de bar de carretera y peinado imposible y bastantes más. Lo mejor de la película es ver las referencias y el compadreo que se forma cuando la ves con alguien que te entiende. El resto no merece mucho más la pena.

viernes, 22 de julio de 2011

Confessions, de Tetsuya Nakashima

10/10
Confessions (Kokuhaku, 2010) fue la película que Japón decidió llevar a los Oscars como mejor película en lengua no inglesa. El que se llevara los premios más importantes en su país de origen y que estuviera cuatro semanas como número uno fue sin duda un factor determinante. El que la Academia americana no quisiera incluirla también dice bastante de lo clásico y cerrado que son los Oscars, no de ahora, creo que nacieron así. Tampoco le hace falta.
Confessions está dirigida por Testsuya Nakashima a partir de la novela de Kanae Minato. Se presenta como una historia sobre la venganza y sobre la condición humana, lo que nos hace ser inmunes al dolor ajeno, tanto al provocarlo como a la hora de evitarlo. 

Cuidado, habrá algo de spoilers aunque solamente del principio de la película.

Todo comienza en una clase. Allí la profesora Yuko Moriguchi (Takato Matsu) intenta hablar con sus alumnos de 13 o 14 años en número de 37, mientras ellos hablan, ríen, gritan, corren por la clase, se tiran cartones de leche. Sin embargo, Yuko no pierde la calma y continúa hablando hasta, poco a poco, conseguir su atención. Dice que va a dejar el colegio ante el gran alborozo de los chicos, cree haber sido una buena profesora o al menos haberlo intentado. Mientras habla se va dirigiendo a algunos de forma personal, contando alguna intimidad, lo que les desconcierta, para finalmente decirles que no importa lo que le dijeran, porque ya no confía en ellos. Eso hace que se callen y empieza a cuestionarles sobre la importancia de la vida. Ellos suelen hablar de suicidarse, pero ¿realmente lo harían? Finalmente les habla de su experiencia personal con la muerte, su pareja contrayendo el VIH y como su hija de cuatro años murió ahogada en la piscina. Pero no fue un accidente, dos alumnos de esa clase fueron los culpables: Shuya, como mente pensante y Naoki como la mano ejecutora. Hay conmoción en la clase, pero esto es sólo el principio. Yuko cuenta como ocurrió todo, como los chicos fueron poniéndole a prueba hasta encontrar algo que realmente le doliera. Ella ha decidido hacer algo parecido, ha inyectado sangre con VIH en los dos botes de leche que han bebido los chicos. Quizá no sea ahora, pero estarán condenados. El shock en clase es brutal. Justo aquí empieza la película, tras esta introducción absolutamente terrible y maravillosa.


Confessions es de una rotunda belleza. El color azulado, mostrando la tristeza de los personajes, de todos,   predomina durante toda la película. Nakashima emplea la cámara lenta de forma acertada para mí, aunque habrá muchos que consideren ese empleo demasiado artificioso y efectista. La primera escena, la primera y larga escena donde se desvela toda la trama, aunque no todos los matices, es un acierto de principio a fin. Con un ritmo pausado vas entrando en ese ritmo casi adormecido que se va convirtiendo en pesadilla. Los distintos ángulos de visión de la profesora y de los alumnos. Como poco a poco vamos viéndoles transformarse. De valientes héroes que se creen eternos con toda la tecnología a sus servicio, a simples conejillos de Indias asustados que no se atreven ni a contar a otros adultos lo que están presenciando.

Esta película trata sobre la venganza, pero también la posibilidad de redención. Como la propia sociedad, reflejada en este caso por la clase, que se comporta como un ente vivo casi de pensamiento único y pobre del que intente salirse del redil. Las escenas de bullying van salpicando la película convirtiéndose en una norma, e incluso en un arma. Te haces muchas preguntas tras haber visto Confessions: ¿qué consigues con una venganza? ¿Es lícita? ¿Debe ser la venganza más dura que el acto que la originó? Los crímenes de los niños son siempre un tema problemático. En Japón no puedes pagar por un crimen hasta haber cumplido 14 años, los niños saben que saldrían impunes como la niña que había asesinado a toda su familia, pero serían recordados. ¿Hay redención posible cuando has devastado la vida de una familia entera? Redención, venganza y también, de nuevo, el poder de los medios de comunicación y las redes sociales y como influyen en las generaciones más jóvenes.


La música juega un papel evidente en la película, tanto que a veces tenemos la impresión de estar viendo un videoclip de 106 minutos. Una canción de Radiohead se repite en varias ocasiones, se trata de Last flowers, una hermosísima canción que encaja perfectamente con la trama. Lo que es más, la eleva a obra de arte en algunos momentos. Otras canciones son del grupo japonés Boris. He estado escuchando sus últimos discos y me han parecido bastante interesantes, muy al hilo de Radiohead aunque con unos riffs más pesados. A pesar de ser canciones sueltas, es una banda sonora muy compacta que no desentona con todo lo que estamos viendo, al contrario. 

Me he emocionado viéndola, sinceramente. Conforme iba pasando el metraje se me iba haciendo un nudo de angustia en la garganta. Afrontas la crueldad en esta película de una manera muy sutil, hay un momento en el que no sabes muy bien si la víctima ha cambiado de cara, como el verdugo. Los minutos finales con aquella vuelta atrás en el tiempo y viendo como las piezas se van recomponiendo para destrozarte el corazón son estremecedores. Los actores están muy bien, comedidos, se les puede acusar en algún momento de no ser expresivos. Pero eso no quiere decir que no tenga momentos de realismo, quizás un realismo matizado por los diversos puntos de vista que nos da el director. La reacción de los alumnos es perfectamente normal, son adolescentes que no son capaces de ver más allá de su mundo. Lo tienen todo e incluso pueden vivir en un mundo casi secreto en el que los adultos no se atreven a mirar, ¿qué les importa a ellos los demás si no es para ser reconocidos ellos mismos? No es una visión complaciente la que nos plantea esta película y podemos decir que eso es Japón, pero estaríamos equivocados.


El video es un montaje con "Last flowers" de Radiohead y varias escenas de la película, así que puede ser un poco explícito.

Miserere o El origen del Mal, de Jean-Christophe Grangé

Miserere es el primer libro que leo del afamado escritor francés Jean-Christophe Grangé. Publicó este polar en el 2008 y ha sido traducido este año al español y publicado por Grijalbo con el nombre de El origen del mal. Prefiero el nombre original, sin duda. Grangé es un autor de gran éxito en Francia, aquí en España no ha llegado a las cotas de reconocimiento del país vecino, pero todo se andará. Entre sus novelas más famosas se encuentran Esclavos de la oscuridad, El imperio de los lobos y Los ríos de color púrpura, que tuvo su adaptación al cine hace unos años con Jean Reno y Vincent Cassel. Esa película es lo único que había visto relacionado con Grangé, esa película y su horrenda segunda parte. Pero como este verano tengo ganas de leer novela negra, me he decidido por este autor y su tratamiento del polar o novela negra, donde se adentra en temas más oscuros cercanos a lo paranormal. 
Digo que no me gusta el título en español porque hace referencia equívoca a una trilogía llamada así "Les origines du Mal", en la que se incluye La línea negra (La ligne noire), Esclavos de la oscuridad (Le serment des limbes) y La forêt des Mânes. Y aunque Miserere trata sobre el Mal que engendra el hombre, no parece incluirse en dicha trilogía. ¿Por qué se cambian los títulos de los libros de un idioma a otra de esa manera? No entiendo lo de las películas, pero lo de los libros aún menos. Supongo que es por motivos comerciales, pero no creo que el título original sea un mal título. Pero eso es otro tema a tratar. Veamos este Miserere/El origen del mal.

El Miserere es un salmo cantado en Semana Santa y que empieza justamente por esa palabra. En la novela se habla del Miserere de Allegri, un canto polifónico renacentista, creado para dos coros y cantado habitualmente a cappella. Aquí os dejo una versión para quienes, como yo, sean unos completos ignorantes. En la iglesia armenia de San Juan Bautista, en París, el director del coro infantil Wilhem Goetz, ha sido asesinado poco antes de las fiestas de Navidad.  Lionel Kasdan, policía ya en retiro y perteneciente a la parroquia de esa iglesia, se ve envuelto en la investigación de este exiliado chileno que tenía tan buena reputación entre los diversos coros de la ciudad. El crimen resulta extraño, da la impresión que ha muerto por dolor. Un ataque al corazón provocado por el espantoso dolor que sufre al romperse los tímpanos. La pista puede encontrarse en los niños que pertenecen al coro, quizás un asunto de abusos sexuales. Pronto descubre que Goetz era homosexual, pero la muerte de su joven amante, también asesinado comienza a complicarlo todo un poco más. Aparece un segundo policía en la investigación, Cédric Volokine, alias El Ruso. Volo es capitán de la BPM (Brigada de Protección de Menores) y cree firmemente que se trata de un caso de abuso sexual a menores donde alguien se ha cobrado venganza. Los métodos de ambos policías chocan en muchos puntos. Kasdan está retirado y ha vivido mucho, es un hombre temperamental pero certero en sus preguntas, vive atormentado por un episodio ocurrido durante su servicio militar en Camerún. Volo es joven y tiene un pasado lleno de glorias académicas y deportivas, aunque también oscuro y marcado por las drogas. Kasdan es viudo y apenas se habla con su hijo, Volo podía tener a quien quisiera, es atractivo y tiene don de gentes, pero sus necesidades son otras. La investigación del asesinato va girando por diversas pistas: abusos sexuales, dictadura chilena, torturadores, nazismo....cada pista parece llevar a un callejón sin salida. Y los asesinatos se van sucediendo. 

Hay algo que no me gusta de las novelas de serie negra tan largas como ésta. Grangé y otros autores de éxito, se dedican a explicar ciertos datos (véase la dictadura de Pinochet o el juicio de Nüremberg) como si los lectores no supieran nada de ellos. No sé la razón por la cual una nota al margen puede parecer algo tan desfasado, pero peor me parece el que los libros que estoy leyendo se conviertan en un manual. Y esto ocurre en demasiadas ocasiones en Miserere, es demasiado larga y está llena de detalles superfluos. Me gustan los pasajes en los que se ahonda en los personajes, incluso en los menos importantes, como en los distintos jefes de policía que van pasando por la trama. La novela tiene 634 páginas (al menos en su edición de bolsillo francesa), pero está dividida en 83 capítulos. No deja el autor que la tensión decaiga a base de situaciones que no se alargan eternamente, si bien alguna de ellas está de más. Los capítulos más largos son los mejores, curiosamente. Es donde se hace una descripción más detallada de los personajes y donde descubrimos sus virtudes y, sobre todo, sus miserias. Pero no me malinterpretéis, el libro me ha gustado. Puede que Grangé haya pensado ya en la versión cinematográfica o incluso en una miniserie, por eso de la agilidad de la acción y ese fin de fiesta que no voy a desvelar pero que es tan propio de la gran pantalla. El capítulo de la visita a Milosz es muy bueno, así como la confesión de lo que pasó realmente en Camerún por parte de Kasdan. Un gran entretenimiento, muy oscuro en algunas partes, más simple en otras, pero recomendable si os van las historias truculentas donde nos muestran una vez más que el hombre es un lobo para el hombre. 

jueves, 21 de julio de 2011

The Proposition, el western de la década

10/10
"I will civilise this land". Esta frase es repetida por el Capitán Stanley (Ray Winstone) al principio de la película. Necesita tener claro sus prioridades. Esa tierra que trata de civilizar no es otra que Australia, a finales del siglo XIX, siendo ésta una inmensa colonia del Imperio Británico a la que había colonizar a base de integrar a la población local o masacrarla. Los aborígenes, a los que los europeos llamaban directamente "negros". Australia se había convertido en el siglo XVIII en una colonia de centros penales, pero el auge de las migraciones en el XIX y la ingente cantidad de recursos que ofrecía atrajo población de todo el mundo, principalmente Europa y Asia. En 1901, Australia se independencia del Reino Unido aunque sigue manteniendo una importante relación con él. No en vano, muchos de los habitantes ahora australianos procedían de allí. Autoridades incluidas, como el caso del Capitán Stanley y su deseo de convertir el  outback al que había sido destinado en un lugar habitable. 

En la zona hay una banda de forajidos comandada por los hermanos Burns. Han sembrado el pánico en el outback, no sólo por sus pillajes, sino también por su ausencia de respeto a la vida humana. La última acción que ha conmocionado a los habitantes de esta zona rural es la violación y asesinato de Eliza Hopkins, estando ella embarazada, así como del resto de los suyos. Su captura se hace obligada para dar un escarmiento a otros que quisieran imitarlos. En la primera escena, vemos como Stanley y sus hombres atacan un burdel donde está parte de la banda. Concretamente Charlie Burns (Guy Pearce) y su hermano pequeño Mikey (Richard Wilson). Todos mueren menos ellos dos. Stanley tiene un plan para ellos. En una escena realmente conseguida, Stanley le hace la famosa propuesta de la que habla el título. Charlie será liberado, se le dará un arma y un caballo. Deberá ir a buscar a su hermano Arthur (con el que ya parece que no están, quizás por lo de la masacre de los Hopkins), deberá encontrarlo en el desierto y matarlo. Si no lo hace en nueve días, justo en Navidad, su hermano Mikey será colgado. Si lo hace, los dos serán liberados. Uno de los dos hermanos debe morir. Stanley le hace ver que Arthur es una abominación, es un ser cruel que no merece otra cosa. Charlie se va, pero Mikey es llevado a prisión. Allí es insultado por el pueblo mientras espera el día en que lo liberen o lo ahorquen. Mientras tanto, Martha Stanley (Emily Watson) es la esposa del capitán Stanley, mujer delicada y atormentada por las atrocidades que ha visto. Eden Fletcher (David Wenham) es el superior de Stanley. No quiere contentarse con ahorcar a Mikey, necesita un castigo público para que la gente vea que tiene poder y decide darle 100 latigazos. Stanley se opone. Pero cuando se corre la voz que dejó escapar a Charlie gracias a ese plan suyo, incluso su mujer le pide que castigue al joven Mikey. La escena de los latigazos marca un punto de inflexión en la película. 



The Proposition es una película dura, sin demasiadas licencias poéticas, salvo una cuidada estética. La fotografía es maravillosa, tiene unos atardeceres que parecen de otro planeta. Quizás porque Australia les parecería a estos personajes otro planeta, como nos parece a nosotros pobres diablos que sólo la hemos visto en fotos. Toda la ambientación es sublime, sentimos el asco, el calor, el sufrimiento de esos personajes condenados a vivir en un mundo que tienen que crear. Los actores están perfectos. Danny Huston interpreta al hermano mayor, Arthur Burns. Lo hace con convicción, presentándonos  a un personaje depravado según cuentan pero del que solo sus acciones nos pueden indicar algo así. Es tranquilo, reflexivo, casi lunático. Los aborígenes dicen de él que es un perro, le han salido orejas y rabo y aúlla a la luna. John Hurt tiene un pequeño papel como cazarecompensas. Su escena en la cantina con Charlie (Pearce) es magnífica. Por favor, no veáis esta película doblada. Esas voces valen oro. Claro, tampoco sé si está tan siquiera doblada, porque no la estrenaron en España a pesar que muchos la consideraron como una de las películas del año 2005. 



Emily Watson transmite la delicadeza e incluso debilidad de una mujer que no pertenece al sitio donde vive.  Su personaje añora un Londres que está demasiado lejos, tan solo queda en su casa decorada al gusto europeo y en las revistas de moda que hojea con melancolía. Su escena en la bañera, desnuda, contando a su marido el sueño que tuvo con la difunta Eliza Hopkins resulta escalofriante. Ray Winstone es el capitán, que sufre por querer colonizar la zona para poder vivir feliz con su esposa, quiere ofrecerle ese regalo. La envidia de sus hombres será su perdición. Winstone es un actor que personalmente me encanta. Creo que transmite una energía y una credibilidad apabullantes. El protagonista, el otro, es el australiano Guy Pearce. Charlie está decidido a encontrar a su hermano Arthur, pero no tiene muy claro el matarlo o no. Sabe que si no lo hace, estarán condenados a huir y cada vez será más difícil. Sabe también que su hermano está fuera de control. Guy Pearce está también muy bien presentándonos un personaje frío, taciturno, traumatizado por lo que ha visto y atormentado por las dudas. John Hillcoat es el director.  
Conocido sobre todo por The Road, y por trabajar en los audivisuales de Nick Cave co-autor de la banda sonora junto con el compositor Warren Ellis. La música es especialmente evocadora. Melodías hipnóticas y de gran belleza siendo simples, a veces tan delicadas que resultan como los susurros de Cave antes de encontrar a su hermano. Dentro de la violencia que vemos en la película, encontramos también una poesía evidente. Bella y terrible al mismo tiempo. 

Ejemplo de esto es esta escena en la que se mezcla la belleza de la canción tradicional Peggy Gordon con el castigo público del joven Mikey Burns.




P.D. Este post va dedicado a Dani de Freak's City. Su blog cumple hoy la friolera de 6 años, igual que The Proposition. Enhorabuena y a seguir tirando como siempre.

                                                            Samuel: What's a misanthrope, Arthur?
                                      Two Bob: Some bugger who fuckin' hates every other bugger.
                                                 Samuel: Hey, I didn't ask you, you black bastard
                               Arthur : He's right Samuel. A misanthrope is one who hates humanity.
                                                       Samuel: Is that what we are, misanthropes?
                                                              Arthur: Good lord no. We're a family. 

À bout portant, el "polar" sigue en buena forma

8/10
À bout portant (lo podríamos traducir como "A quemarropa") es una de esas películas que cumple lo que promete. Acción y tensión a partes iguales. Giros argumentales y efectividad visual. Si a esto lo acompañamos con buenos actores, tenemos la combinación perfecta para hacer una buena película. Esta producción francesa de finales del 2010 está dirigida por Fred Cavayé, director y guionista francés, conocido principalmente por su película del 2008 Pour elle, cuyo remake made in USA se ha estrenado este año, interpretado por Russell Crowe, con el título de Los próximos tres días. Los actores no son demasiado conocidos en España, salvo Elena Anaya en su segundo papel en una producción francesa tras Mesrine: L'ennemi public n#1 con Vincent Cassel. Tenemos por un lado a Gille Lellouche, irreconocible tras su papel de inspector Caponi en Adele y el misterio de la momia, el duro Roschdy Zem, conocido por su papel en Indigènes (Días de gloria) aunque con una dilatadísima carrera en Francia, y Gérard Lanvin, otro actor veterano francés on muchas películas en su haber, entre otras Le goût des autres. En definitiva, un cartel con bastante atractivo para una thriller de acción angustiosa. 
La historia se inicia con una espectacular persecución a la que se ve sometido Hugo Sartet (Zem) acabando en un terrible accidente (una de las imágenes de la película) que le lleva al hospital en estado grave. La encuesta para saber quien es no da demasiados frutos, se espera, por tanto a que se despierte para poder averiguar más de él. Samuel (Lellouche) es un auxiliar que quiere convertirse en enfermero y que está casado con Nadia (Anaya), la cual está embarazada de una niña que nacerá en un mes. Una noche mientras Samuel está de guardia, alguien viene a ver a Hugo, Samuel le sorprende pero el atacante escapa. Samuel consigue salvar la vida del paciente, atrayendo el interés de la policía. Todo va bien, hasta que alguien entra en su casa y secuestra a Nadia, dejando a Samuel inconsciente. Una llamada horas más tarde le advierte que debe sacar a Sartet del hospital, a pesar de estar permanentemente vigilado por la policía o su mujer morirá en tres horas. 

No es la primera vez que vemos una película con una premisa parecida. Un personaje anónimo es obligado a cometer un crimen o alguien querido morirá. Se ve atado de pies y manos, no puede contactar con la policía porque eso no le supondría una gran ayuda. El tiempo como espada de Damocles es la mejor forma de activar una película de acción. Lo bueno de esta película son sin duda las escenas de acción, están a la altura de cualquier película de Hollywood. La primera escena es espectacular con aquel accidente  con la moto. Pero luego hay más escenas muy logradas. La mejor, sin duda, es la persecución por el metro. Lo tenemos todo ahí, la tensión del personaje que no sabe si el que lo persigue va a matarlo o solo capturarlo. La necesidad de huir para poder encontrar a su esposa, secuestrada con el agravante de estar embarazada y necesitar reposo absoluto. La escena final en la comisaría de policía es de una tensión máxima, filmada con gran habilidad por Cavayé y bien interpretada por los protagonistas. 

En una película de apenas 85 minutos, con tanta acción concentrada, los personajes aparecen descritos con pequeñas pinceladas, demasiado esquemáticos. Quizás se pueda echar en cara justamente eso. No sabemos demasiado de la vida de Sartet, sólo que es un ladrón que está metido en un asunto gordísimo en el que hay policías de por medio. En cuanto a los policías, todos aparecen muy planos y esterotipados. Caras de tensión forzada y diálogos muy habituales en este tipo de películas. De Samuel sabemos algo más, tenemos una pequeña descripción de lo que quiere llegar a ser, su vida va a cambiar con la llegada del bebé y quiere tener lo mejor en su profesión. Está perfecto en las escenas de acción, vemos su fragilidad pero su disposición a hacer lo que haga falta por recuperar a Nadia. Me ha sorprendido Lellouche para bien. En cuanto a Elena Anaya, vuelve a hacer de española como en Mesrine... y no tiene un acento muy fuerte, pero aún así se nota su procedencia. No tiene nada malo, por supuesto, el hacer de extranjero, es solo que sus diálogos se limitan bastante. Pero es que la expresividad de la Anaya es sobrecogedora. No le hace falta palabras, tan solo una mirada directa y profunda. Se nos presenta como un personaje débil, o, al menos, en franca desventaja pero tiene momentos en los que demuestra una fuerza indudable, como la escena del cuarto de baño. Es un papel menor, pero está a la altura, como siempre.

El cine francés logra unos films de acción comparables a cualquiera. Tiene escenas donde la tensión se mantiene de forma constante y el tono realista que le da siempre tanto a la trama como a los personajes resulta de lo más interesante cuando se quiere huir de las hiperbólicas producciones USA. Puede que no sea una obra maestra, o sin puede, no lo es. Tiene algunos momentos en el guión que te preguntas por qué, pero desde luego es un thriller más que decente, directo que no te deja tiempo a aburrirte en ningún momento. 


miércoles, 20 de julio de 2011

Big Talk, el nuevo spin-off de los Killers

6/10
The Killers  es una banda con un escandaloso éxito, basado en una evolución hacia el synth-pop, a una imagen nada particular y a canciones pegadizas. En sus discos escuchamos muchas canciones más bien de relleno, mucha morralla, pero tienen tres o cuatro que sobresalen. Construyen las canciones de forma perfecta, son de esas que se quedan ahí en tu cabeza dando vueltas durante días, semanas o meses. Puede que la culpa la tenga su cantante Brandon Flowers, pero desde luego no es el único responsable del éxito de la banda. Flowers sacó un disco el año pasado llamado Flamingo que tuvo cierto éxito. Ahora es el turno del batería de los chicos de Las Vegas, Ronnie Vannucci Jr. Aprovechando el parón de los Killers, Vannucci ha montado un proyecto llamado Big Talk, con el que ha sacado un disco de mismo nombre donde demuestra que no es simplemente el batería de una de las bandas más populares de la década. Vannucci ha confeccionado, en parte junto a su antiguo compañero Tylor Milne, doce canciones de corte quizás un poco más clásico que con The killers, pero sin duda de gran calidad. No hay duda que el Vannucci es un gran compositor y un buen letrista, sabe perfectamente como hacer buenas canciones de pop rock pegadizas, aunque no estoy yo demasiado seguro si este disco (publicado por Epitaph) pudiera tener muchas oportunidades si no viniera con la marca de la "banda madre". Es decir, las canciones son buenas, no hay duda, pero tampoco la última sensación que pueda explotar y desde luego, Ronnie Vannucci no es un gran cantante. Las comparaciones con Flowers son obligadas y pierde el batería, pero tampoco es un desastre de magnitudes épicas. Queda, digamos, resultón, apropiado para el contexto general del álbum.

Pero es que Big Talk empieza fantástico. La primera  canción, Katzenjammer, es un tema pop con un potentísimo riff que recuerda a los grandes himnos de las bandas de los 80 como Big Star o The Smithereens, o a otras más recientes como Weezer o incluso Goo Goo Dolls. Fue la primera canción que escuché del disco y me pareció buenísima. Lástima que el resto del álbum no consigue mantener el tipo. Quizás porque en este tema lo que menos se nota es precisamente la voz de Vannucci, nos dejamos llevar por el brillante sonido del grupo y el resultado es un temazo. Éste es uno de los que van muy bien con The Killers, lo veo perfectamente tocado en directo e incluso cantado por el propio Flowers. La siguiente canción es Getaways, otro de los temas fuertes del álbum. Me recuerda muchísimo a The Cars, ahora que han vuelto, e incluso al Tom Petty de Echo o The last Dj. Con eso digo que Vannucci ha optado por una música de rock americano "clásico" de estribillos repetitivos pero siempre pegadizos, con buenos riffs y coros. Y sin embargo, The next one living es algo más british. Aquí podría parecer por un tema de Kaiser Chiefs o Franz Ferdinand, bandas que surgieron al rebufo del éxito de The Killers, curiosamente. Replica es otro temazo anclado en los ochenta, con profusión de teclados y ese medio tiempo clásico de todas las bandas que marcaron la época, tipo Duran Duran. En general todos los temas mantienen un nivel alto, incluso me parece mejor disco que el Flamingo de Brandon Flowers. Espero sinceramente que no les de a todos por sacar un disco cada uno, como si fueran los Kiss o los Eagles, porque ya sería demasiado, nenicos. . Un disco que le gustará a quien siga  siga disfrutando con los discos de Ocasek y sus Cars, el rock ochentero universitario americano y en general las buenas canciones pop que no aspiran a la modernidad.  


martes, 19 de julio de 2011

Tucker and Dale Vs. Evil, una parodia como Jason manda.

"He's heavy for half of a guy"


7/10
Una buena parodia tiene que tener todos los elementos del género/tema parodiado, pero revisados de forma irónica o satírica y que, lo más importante, sean reconocibles por todos los espectadores. Eso no implica que la propia existencia de la parodia se base en una serie de gags copiados directamente de la fuente, tipo Scary Movie. Se puede encontrar un buen guión cargado de referencias pero con vida propia. Luego podemos dejar a un lado una actuación llena de tics y reacciones exageradas. No es necesario que los propios actores nos hagan ver que es una parodia,ya se entiende perfectamente. Una parodia, que viene del griego παρώδïα, compuesta por παρα = "para" (similar) y ώδή = "ode" (canto, oda), no tiene por qué ser también sinónimo de una película mediocre, incluso puede superar al género homenajeado. ¿Acaso Evil Dead no es una fantástica parodia del género de terror? ¿o El Jovencito Frankestein? ¿o Hot Fuzz del género policiaco y Shaun of the Dead del género zombie (Pegg y Frost lo están bordando, la verdad)? ¿o incluso Shrek de las películas infantiles? Lo que tienen en común todas estas películas es que han conseguido superar la barrera de la mera sátira para convertirse en obras propias, llegando a convertirse en referencia de otras que han venido después. Todas las Disaster Movie, Spanish Movie, Meet the Spartans, no llegan más que a meros entretenimientos cuya gracia se limita a un primer visionado y no siempre. Además de querer conseguir lo que Aterriza como puedas y Top Secret habían hecho con mucho más ingenio treinta años antes.

A lo que vamos. Tucker and Dale Vs. evil (2010) es una comedia canadiense (hey, un momento, es la segunda película canadiense que comento seguida tras Anvil!) dirigida por Eli Craig, que no es que tenga gran experiencia en el mundo del cine, pero que ha resuelto la papeleta medianamente bien. Como actores más reconocibles tenemos a Tyler Labine (conocido por las series Sons of Tucson, Mad love y sobre todo para un servidor, por Reaper), a Alan Tudyk (más actor de cine, aunque ha aparecido en varias series de television, si habéis visto la divertida Un funeral de muerte ya lo podréis situar) y a Katrina Bowden (la encantadoramente superficial Cerie en Rockefeller Plaza), dentro de una película filmada en los frondosos bosques canadienses intentando imitar las zonas pantanosas de West Virginia. Ahí empieza la parodia, una película sobre asesinos psicópatas amantes del country rodada en Canadá, por canadienses. 

Tucker (Tudyk) y Dale (Labine) son dos "hillbilies" o "rednecks" o simplemente dos chicos de pueblo que han decidido pasar sus vacaciones arreglando una desvencijada cabaña junto al lago, con el inocente de fin de tener un sitio tranquilo donde pescar. Su vieja furgoneta y su perro les acompañan. Por el camino se encuentran con Allison (Bowden) y sus amigos pijales de facultad, deseosos de pasar unas vacaciones de acampada en la tranquilidad del bosque virginiano, bebiendo cerveza y teniendo sexo fuera del matrimonio.  Por el camino se cruzan, y los dos mundos chocan. Los universitarios se sienten incómodos ante tanto palurdo, por las pintas parecen salidos todos de la matanza de Texas. Por otro lado, Dale se siente fascinado por la belleza de Allison pero es demasiado cobarde para acercarse a ella. Tucker le anima a hacerlo, pero solo consigue asustarlos más y provocar un pequeño altercado en la estación de servicio donde se encuentran. Cada uno se irá por su lado, unos con todos los prejuicios del mundo y otros con la idea de ser unos completos perdedores sin posibilidad de socializarse. Se volverán a encontrar de noche, en el lago donde están pescando Tucker & Dale. Allison está a punto de tomar un baño en ropas menores cuando descubre a estos dos pescadores nocturnos mientras intentaban irse sin ser vistos, el susto que le provoca hace que se caiga al agua y esté a punto de morir, pero los dos caballerosos hillbillies la salvan, mientras gritan a sus amigos un poco más allá y horrorizados ante la escena: "Tenemos a vuestra amiga". Entre la niebla, la noche, el lago y el aspecto de los lugareños, los amigos salen despavoridos ante la idea de ser masacrados como en cualquier slasher. Uno de ellos, Chad (Jesse Moss, experto en películas del género tirando a malas), que previamente había amenizado la tarde con una historia sobre una masacre acontecida veinte años antes, no quiere llamar a la policía sin más. Quiere venganza y buscará a los "depravados psicópatas". A partir de aquí la historia se convierte en una enorme colección de despropósitos bien confeccionados a base de guión y gracia. Mucho humor, pero negro negro.

El hecho de que todo sea un enorme malentendido y los unos piensen de los otros lo mismo, que son unos enfermos psicópatas que quieren matarlos es una buenísima premisa para empezar la película. Especialmente gracioso es cuando Tucker piensa que todos esos chicos forman parte de una banda de suicidas que han llegado allí para acometer su misión, y de paso llevárselos a ellos también. El lugar también es propicio, no es conveniente correr de forma desaforada por el bosque con todas esas ramas y esos troncos afilados por doquier. En este punto, la película gana enteros. No pretende hacer un chiste fácil, busca la forma de reírse de esos desafortunados accidentes porque están dentro de la clave del cine de terror. Vemos esas terribles muertes y pensamos en cualquier clásico del género, pero ahí reside lo cómico, en la confusión generada por nuestras expectativas. Si nos ponemos a revisar tenemos todos los elementos básicos de una película de terror con psicópata:

  • Lugareños de aspecto amenazador (sin afeitar, grasientos y con perro) que comen huevos en vinagre.
  • Grupo de jovencitos de buen ver, dispuestos a pasarlo bien, dejando a un lado el sentido común: el líder con mal fondo, la chica alocada cuyos encantos no disimula, el chico racional que intenta ser el valiente pero el miedo es más fuerte, el prudente que avisa a la policía, el macarra, la prota guapa pero lista y de buen corazón...

  • Una cabaña a punto de caerse, de hecho hay partes llenas de clavos muy largos, afilados y oxidados que se caen y eso está muy peligroso. Cabaña con cabezas de animales y recortes de periódicos viejos con noticias de asesinatos. 
  • Bosque oscuro, con montón de ramas donde tropezar y mucho barro. 
  • Lago lleno de troncos donde no se ve ni jurar y del que podría salir cualquier cosa.
  • Agente de policía veterano que desconfía de los extraños....y con bigote
  • Herramientas peligrosas: hachas, sierras mecánicas, martillos, destornilladores, trituradoras .... por no hablar de los aserraderos. En esos sitios uno no se pude fiar.
  • Lo más importante: un antecedente. No hay nada como una buena historia de crímenes brutales para mirar el lugar y a los que viven en él de forma diferente.

Con todos esos elementos (y los de la foto de aquí al lado, que no sabía muy bien donde la iba a poner, pero sabía que lo iba a hacer) se construye una historia de terror. Si a eso le añadimos un guión divertido, con buenos diálogos y solo 80 minutos de metraje, la diversión está garantizada. Hay momentos realmente buenos, que me han hecho reír como pocas veces en lo que llevamos de año y eso lo tengo que tener en cuenta. Especialmente brillante es el momento de la gasolinera, cuando Tucker & Dale están comiendo huevos en salmuera o lo que sea ese bote, mientras comentan lo atractiva que es la chica en cuestión. Dale cree que no está a su alcance, pero Tucker le anima a ir a por ella. Le dice aquello tan visto de "tienes que ser tú mismo, sólo sonríe y suelta alguna carcajada". Entonces, el bueno de Dale se dirige a ellas con algo en qué apoyarse (una guadaña es lo que tiene más a mano) y le dice "Hey, chicas...de camping?" con la peor risa del mundo. Aquí lo podéis ver, con música de banjo de fondo. También hay que destacar los dos encuentros con el agente de policía, especialmente el segundo, que ha servido de imagen de la película en carteles como éste.  En estas situaciones se ve lo buenos actores cómicos que son Alan Tudyck y Tyler Labine. Están francamente divertidos intentado explicar lo inexplicable. El resto de actores no están mal tampoco, aunque rozan lo anecdótico en ocasiones, salvo Jesse Moss cuyo papel cobra importancia a medida que la película va avanzando. Todos los guiños a tantas películas se disfrutan también, empezando por la propia Evil Dead, siguiendo con Viernes 13, La Matanza de Texas, Fargo con la escena de la trituradora e incluso El proyecto de la Bruja Blair con la escena inical. Lo malo, porque algo malo tiene que tener, son las escenas finales, cuando todo el pescado está ya vendido y se convierte en una comedia de acción un poquito más tradicional. El epílogo sobra para mi gusto. En definitiva una buena película, divertida y con momentos realmente conseguidos. No os dejo el trailer que os la destripa entera. 


lunes, 18 de julio de 2011

Anvil! Friends will be friends

8/10
Muchos habréis visto ya el documental de Sacha Gervasi Anvil! The story of Anvil (Canada, 2008). Si no lo habéis hecho, lo único que os puede sugerir es que lo hagáis. Son ochenta minutos de humanidad. De humanidad y de los sueños que tenemos. A veces nos olvidamos de ellos completamente y otras, en cambio, preferimos atarnos a ellos porque no tenemos otra. Si hay una película que pueda transmitir valores basados en la amistad, en el trabajo y en la dedicación, señores políticos y demás autoridades, aquí tienen una perfecta.

Steve "Lips" Kudow y Robb Reiner son amigos desde niños. Los dos provienen de una familia judía que llegó a Toronto a mediados de siglo para abrirse paso en este Canadá que tanto prometía. En cierto modo lo consiguieron, una posición decente. Tanto que pudieron darle una buena educación a sus hijos. Pero estos chicos estaban locos por la música, como no podía ser de otra manera. Empezaron a tocar juntos siendo adolescentes, formando la banda llamada Lips, que más tarde derivaría en Anvil. En 1979 sacaban su primer disco Hard n' Heavy, disco de pobre producción pero que tuvo cierto éxito. Se reeditó en 1981 con nueva portada y los años que vinieron después resultaron espectaculeres para el cuarteto que formaban Lips a la guitarra y voz, Reiner a la batería, Ian Dicksson al bajo y Dave Ellison a la guitarra rítmica. En 1982, Anvil publicaría su opera magna Metal on Metal y al año siguiente, Forged on fire. Resultaba curioso como una banda canadiense, sin que prácticamente ninguna otra banda del entorno les secundara, estaba introduciendo en Norteamérica el sonido rompedor de la New British Heavy Metal Wave, conlos Maiden a la cabeza. Pronto este sonido también daría frutos en sus vecinos estadounidenses con los trashers de la Bay Area tipo Metallica, Anthrax, Megadeth, Testament o Slayer. Estaban en lo más alto. Pero llegaron los problemas que trae estar ahí. Queremos más dinero, nuestra compañía no nos paga lo que nos tiene que pagar, problemas de creatividad, un mal disco que se publicó cuatro años después, en el 87, una imagen que quizá no iba con los tiempos (muy superficiales, era la época del Hair Metal), problemas con los manager... En definitiva, su cuarto disco Strength of Steel fue un fracaso. No solo un mal disco, además supuso matar esa pequeña ola de popularidad que tuvieron. Dejaron de hacer grandes giras y poco a poco, o quizá de golpe, la banda dejó de estar presente en las emisoras más metaleras. 


Hubo cambios en la banda, por supuesto. Mantener un grupo en declive es tarea ... imposible. Pero ni Robb ni Lips dejaron la banda. De hecho consiguieron mantener una formación bastante estable a partir de 1995 con Ivan Hurd a la guitarra rítmica y Glenn Five al bajo. Hurd dejó la banda en 2007, pero Five sigue todavía al pié del cañón. Y poco a poco, fueron viendo como el tocar en Osaka, en París, en Berlín, en Londres se hacía ya imposible, uno de esos recuerdos de juventud que no llegas a disfrutar tanto como quisieras porque pensabas que iba a durar para siempre. Y es ahí cuando empieza el documental de Gervasi. Es la historia de la banda en el año 2005, más de veinte años después de su popularidad. Y sin embargo, como intentan con una devoción solo comparable a la religiosa más ferviente, seguir adelante con su sueño de poder tocar, vivir de lo que les gusta. Y en el fondo la grabación de su decimotercer disco, This is thirteen.

Nunca fui un gran seguidor de la banda. Sí los conocía, de hecho tengo en casa dos viejas K7, no sé donde las compré, del Hard n' Heavy y el Forged on Fire. Aunque el estilo sí me podía atraer, nunca le pillé el gusto a la voz de Kudlow, y sí es cierto que los pillé muy tarde. Ya lejos de su mejor etapa. Así que cuando oí hablar de este documental sentí mucha curiosidad, más por el morbo de saber que había pasado con estos metaleros venidos a menos. ¿Qué me encuentro? Un documental hecho desde el cariño, desde el respeto e incluso la admiración, pero que no esconde los momentos más duros, e incluso patéticos de los dos protagonistas y sus familias. Es la historia de dos amigos, pero dos amigos de verdad, de los que se pelean, de los que lloran, de los que comparten todo, luchando por un sueño, uno tira del otro. Es triste cuando los ves tocando delante de cuatro gatos, cuando se emocionan por hacer un tour por Europa y resulta un fracaso estrepitoso, también cuando tienen la oportunidad de grabar un nuevo álbum con un veterano y reputado productor y no hay dinero para el proyecto. Realmente, éste es el día a día de miles de bandas en el mundo, pero pocas tienen cincuenta años y siguen ahí. Cualquiera hubiera tirado la toalla, ellos no. 



"Lips" es un personaje de una fe inquebrantable. Reiner transmite serenidad. También pinta, como Lars Ulrich, pero el de Metallica ha tenido más suerte igualmente en esa faceta. Pero el apoyo de sus familias resulta conmovedor. El verlos ahí trabajando de cualquier cosa por que quieren dedicarse a su verdadera vocación, años y años, y mantener ese apoyo resulta cuanto menos loable. El momento final volviendo a Japón a tocar delante del público que los encumbró, afrontando todos los miedos al fracaso resulta conmovedor. Gervasi ha tenido buen ojo a la hora de editar todo el material que tendría, ha creado una atmósfera muy cálida en torno a esta pareja indestructible. Hay momentos de gran tensión emocional y de ridículo también, no en vano alguno llegó  a pensar que era otro mockumentary tipo This is Spinal Tap. A veces lo de que la realidad supera a la ficción es indiscutible. Una historia humana, real y sobre todo auténtica en el mejor sentido de la palabra. 

P.D. No es por mal meter, pero cuando me acuerdo de todos aquellos que están empezando y van a la televisión y dicen que venir a ese pograma concurso de telerrealidad porque es el sueño de su vida....eso, o ser actor o algo así...me dan ganas de, ganas de.....

P.D. (2) Os pongo un enlace de los amigos de Apartamento 666. Jordi tuvo un encuentro con el gran Lips tras su último concierto en Barcelona.