Miopes

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miércoles, 15 de junio de 2011

"El hombre del balcón", Maj Sjöwall & Per Wahlöo

Ya he dicho alguna vez que no soy un buen lector. Por lo menos no soy el lector que solía ser. Y es algo de lo que me arrepiento totalmente. Creo que he perdido muchos enteros por dejar la lectura a un lado estos años y se me nota. No quiero decir que no lea una línea, pero de los 60 a 80 libros que podía leer hace unos al año, hemos pasado a 10 o en el mejor de los casos, 15. Este año subiré esa media, sin duda. Me he propuesto leer más (aún no tengo muy claro en qué formato) y, si es posible, mejor. Todos estas tonterías de los desafíos literarios ayudan, aunque parezca que no. Son obligaciones que se impone uno, así por amor al arte y al menos te hacen tener una disciplina lectora que es la que había perdido, en favor de otras costumbres mucho menos beneficiosas.

Así que me dispuse a cumplir con el reto del relato misterioso. Ya haré en su momento, cuando me haya leído los diez libros, una entrada sobre todo el reto en general, pero de vez en cuando comentaré alguno que me haya parecido más interesante. Empiezo por este El hombre del balcón, escrito a pachas por  la pareja comunista (eso es lo que dice la biografía, yo sólo me dedico a matizar) Maj Sjöwall (Estocolmo, 1935) y Per Wahlöo (Göteborg, 1926-1975). No había leído nada hasta ahora de estos autores, pero este primer libro ha resultado ser más que interesante. Su obra literaria (también eran periodistas bien implicados en movimientos de izquierdas) se centraría en las novelas policíacas dedicadas a Martin Beck y su equipo de policías de la Oficina Central de Investigación de Estocolmo. Las tres más importantes novelas dedicadas a estos investigadores son la propia El hombre del balcón, El policía sonriente y Roseanna, considerada entre las mejores novelas policíacas del siglo XX.
En 1967, al principio de verano en Estocolmo, se cometen una serie de asesinatos donde las víctimas son niñas entre 9 y 11 años, que son violadas y después asesinadas. El horrendo caso surge justo en medio de otro caso de menor entidad pero que estaba preocupando a la población sobremanera, el caso de un ladrón que atacaba de forma violenta a sus víctimas en los parques de la ciudad. La población empezaba a poner en entredicho a la policía, empezaban a notar un gran presión social y la "ineficacia" demostrada hasta ese momento era un peso que mermaba las propias relaciones entre ellos. El desarrollo de la investigación se complica al no encontrar ninguna pista concluyente, con lo que terminan agravándose las disputas internas entre los investigadores, cuya intrahistoria se nos va presentando en pequeños retazos.
Es una novela procedimental con todas las de la ley. No es una novela estrictamente negra, en mi opinión, porque aunque hay claramente un caso de asesinato, y la consiguiente investigación, los autores se centran más en el modo de reunir pistas de la manera más diversa. Es decir, el capturar al asesino es importante, pero no es el único fin del libro, también se trata de mostrar las debilidades de los policías, sus problemas como agentes y como personas, nos muestra la humanidad de los investigadores ante un asesino que parece invisible. Me gusta mucho el inicio de la novela, es fantástico. La descripción de la primera escena desde el balcón es sencillamente brillante. No tiene demasiado que ver con la mayor parte del resto de la historia, que es esencialmente dialogada. Aquí nos presenta el pequeño cosmos de un personaje que pudiera o no ser crucial en el desarrollo posterior de la trama. Porque otro aspecto que me ha hecho disfrutar mucho de la lectura ha sido la forma de tratar a los personajes considerados secundarios: la historia del ladrón, la de su amante filóloga, la de las patrullas ciudadanas, la del niño de tres años testigo del primer asesinato, la de la señora alarmada por el comportamiento de su vecino y muchas otras. Para ser una historia tan dialogada, la descripción de los personajes tanto física como moral está muy conseguida.

Per Wahlöo y Maj Sjöwall
Los diálogos no son especialmente afilados o cargados de simbolismo, pero tampoco banales y llenos de clichés. Digamos que hacen un dibujo muy realista de una investigación policial, con sus altibajos, sin convertir en héroe a nadie. Toda la novela se mueve en parámetros muy realistas, sin llegar a caer en un sensacionalismo barato, lo cual podría llevar a más de uno a tomarla como una historia aburrida, pues los picos de interés no son de montaña rusa, todo va in crescendo, como debe ser, pero no es un relato tramposo que te vaya a dejar sin respiración. Per Wahlöö y, más tarde, Maj Sjöwall, siempre se caracterizó por denunciar la pasividad de la sociedad sueca en la que vivían. La descripción de escenas burguesas con tanto detenimiento nos da el reflejo de una sociedad que no parece importarle mucho lo que le ocurra al otro, mientras sea precisamente al otro al que le ocurra. También intenta mostrar seres humanos normales, gente con problemas que no actúa con una especial astucia o intuición, tan sólo trabajo y método para vencer a una sociedad cada vez más criminalizada. Es de destacar también el retrato que hace de una juventud desencantada que busca consuela para su falta de objetivos en las drogas y en el sexo. Tal como hoy pero hace cincuenta años. Es de destacar el encuentro entre el inspector Martin Beck y una chica de 14 años en la estación de tren. La chica tenía por costumbre hacerse unas fotos en los fotomatones enseñando sus encantos para luego vendérselas a pasajeros maduritos que bien pudieran pagar por ellas, con el fin de conseguir unas coronas para droga. Resulta impactante la naturalidad con la que aborda esta narración el autor (los autores en este caso), una situación tan sórdida retratada sin entrar en hipérboles dramáticas.
En definitiva, una buena novela con una historia con muchos matices, a la que quizás se le pueda achacar una falta de ritmo, aunque no seré yo quien lo haga. Recomendada.

2 comentarios:

Andrés dijo...

Pues si para ti es vergonzoso leer 10 libros como mínimo al año, yo me tendría que esconder debajo de una piedra, ya que desde que hace 10 años que tengo Internet, mi nivel de lectura ha descendido alarmantemente.

Ahora si leo uno al año, puedo felicitarme, pero te juro que apenas encuentro tiempo en el día para la lectura, no sé quién inventó los días de 24 horas, pero es un faenón.

Por cierto, que esto de que leo poco creo que la conté, espero no repetirme mucho XD.

Por eso leer tu crítica de este libro me deja con los dientes largos, seguro que disfrutaría mucho con su lectura.

Saludetes.

Antò dijo...

Vaya, Andrés, creo que no me he explicado bien con eso de los 10 libros para no parece en engreído pretencioso...¡que no soy! (aunque eso lo debería decir otra persona, o sería un narcisista pretencioso...) Antes leía muchísimo e igual que tú, desde que tengo internet pierdo mucho tiempo, y digo pierdo porque la mayoría de las veces no hago nada de especial ni de productivo. Leía de todo, no le hacía ascos a nada. Uno de los motivos por el que estudié una filología es porque me encantaba la literatura y los idiomas en general. Por eso digo que es vergonzoso para mí el leer tampoco, con lo que yo he sido, pero porque leer era como una de mis señas de identidad, y me fastidia no hacerlo ahora. Pero vamos, conozco mucha gente que no lee prácticamente nunca y ni lo necesitan. Es un buen libro éste, no es muy largo y se lee fácil, además el tema es interesante...pero bueno eso ya lo he dicho en la entrada, ¡yo sí que me repito más que el ajo! Un abrazo