Miopes

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sábado, 11 de junio de 2011

Complementos circunstanciales de tiempo: Triangle (Christopher Smith, 2009)

Llevo un tiempo sin comentar ninguna película. No veo demasiadas últimamente, y las que veo no motivan especialmente para hacer una crítica, ni en sentido positivo ni negativo. Ahora que tendré más tiempo me dedicaré a ver todas esas películas atrasadas que tengo, así como las últimas novedades, aunque me encuentro bastante desmotivado al respecto. Veo la cartelera y no siento nada especial, será que tengo otras cosas en mente.

Triangle es una película del año 2009, que ha sido bastante comentada debido a su originalidad y a su descarado desprecio a las reglas del tiempo y el espacio. Está dirigida por Christopher Smith, que también ha escrito el guión. De este mismo director ya había visto dos interesantes películas de terror: Creep (2004) y Severance (Desmembrados, 2006), esta última sí que me gustó, me pareció un slasher bastante curioso. Su última película es Black death, una de terror con la peste bubónica de fondo. Es del año pasado, ya le echaremos un vistazo. 

Creo firmemente que su mejor película hasta ahora es esta Triangle. La historia es relativamente compleja. Intentaré no soltar demasiados spoilers: Jess es una madre que intenta llevar a su hijo autista, Tommy, como puede. Los primeros minutos son ligeramente desconcertantes, pero hasta ese momento todo te hace pensar que algo va a ocurrir a este niño y que la acción va a desencadenarse a partir de ahí. Poco después, y tras un misterioso evento en su casa, vemos a Jess sola entrando en el muelle donde su amigo Greg la ha invitado a pasar un feliz día de navegación en su yate, con unos pocos amigos más. Todo bien hasta entonces, tan sólo las pequeñas rencillas propias de las amistades con intereses diferentes. Una extraña tormenta aparece de repente. El barco se da la vuelta y quedan a la deriva en medio de ninguna parte. Ahí aparece un barco llamado Aeolous, un enorme trasatlántico que parece ser su salvación. No tardan en subirse en él. No parece haber nadie. Jess tiene la extraña sensación de haber estado allí antes. Y a partir de aquí una serie de extraordinarios acontecimientos llevarán a la locura a los protagonistas.

Hasta aquí digo, porque sinceramente esta película merece la pena ser vista sin que nadie te prevenga de nada. A nivel interpretación los actores están bastante bien, aunque reconozco que la cara permanentemente en tensión de Melissa George (Jess) me molesta bastante. Los diálogos no son especialmente agudos ni siquiera son relevantes en su mayor parte. Lo que realmente marca la película es el montaje de la misma. Las diferentes tomas o puntos de vista de una misma escena y como podemos llegar a entenderlo todo de forma distinta según estemos situados. La película juega con los saltos en el tiempo, o más bien con la ausencia de éste. La angustia que siente Jess como madre que no puede comprender a su hijo es trasladada a esta nueva situación absolutamente incomprensible. Tiene escenas verdaderamente memorables, como cuando Sally, una de las acompañantes de Jess, debe huir, ya herida, y se esconde entre una pila de cuerpos ya en descomposición que guardan todos algo en común. Es bastante impactante esa escena por la paradoja que supone. Se repetirá algo parecido en otra escena posterior. El hecho de que sólo haya interacción con dos personajes que no están en el barco también da que pensar. Uno es Tommy, el hijo autista, y el otro es un conductor de taxi con el que Jess no cumplirá lo acordado. 

7/10
La tensión narrativa está asegurada en esta película británica rodada en Australia. Los continuos cambios en la percepción de las escenas, así como su reiteración en planos distintos crean una confusión necesaria para entender al personaje de Jess que da la impresión de ser el único personaje estable en la historia. Lo de estable no es sinónimo en este caso de cuerdo. La estabilidad emocional es algo de lo que carece. Creo que el director ha resuelto plenamente la historia que no parecía fácil. Visualmente la película es impactante, con momentos de auténtica claustrofobia, mezclados con otros de terrible agorafobia al estar en medio del mar (talasofobia sería entonces, creo). Las escenas de violencia no son nada exageradas, no es el guiñol de sangre al que las películas del género nos tienen acostumbrados. La violencia da la impresión de ser real. Pero hay alguna que otra escena delicadita. Todavía estoy dándole vueltas a la trama y a lo que realmente ha querido decirnos el director. Seguramente no tenía en mente todas las elucubraciones que han surgido luego en la red, pero eso no deja de ser algo bueno. Interesante. 

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