Miopes

Miopes

domingo, 5 de junio de 2011

Arnaud, vieille canaille

Este mes hará 10 años que terminé mi año de Erasmus, un curso que suele ser muy especial para todo el mundo. En mi caso fue un cambio total de rumbo, que si bien no se vio de inmediato, sí pude ver sus efectos en los meses e incluso años posteriores. Todos los clichés que queráis estuvieron presentes en ese tiempo. Pero estaba pensando estos días en un personaje que conocí allí y que siempre resultó un enigma, aunque eso sólo lo descubrí al final. Es decir, sólo al final supe que ... no sabía quien realmente era. La memoria tiene esas cosas, va y viene, y de vez en cuando te va dejando sus migajas en forma de recuerdos inconexos. Ojo, esto no es un Gabachos con los que me iría de brunch...ya habrá tiempo de meter gente normal esa sección. Éste sería más bien un No way, man!




Llegué a Francia después del verano del 2000. Apenas hablaba francés y lo de estudiar fuera de mi ciudad era algo novedoso para mí. O casi, había tenido un par de experiencias anteriores que sin duda eran interesantes de las que quizás hable en otro momento. Y ahí estaba yo con mi maleta, habiendo tenido que volar con compañías normales porque las lowcost no estaban tan presentes en nuestro día a día. Con horas de tren encima y muerto de cansancio. Llego por lo tanto a esta residencia de estudiantes en un barrio del extrarradio de Lille. Rodeado de gente de todas las nacionalidades, menos la francesa. El barrio no estaba mal, tenía muchas tiendecillas y un Cora que nos surtía de todo lo necesario para una habitación de 9m2. Y en diez minutillos estábamos en el centro, vamos que no había de qué quejarse.

Y ahí estaba yo  esos primeros días, intentando conocer gente y poder poner en práctica todo mi verbo. La gente era bastante simpática, menos conmigo que con las chicas, parece ser que tenían prisa por colocarse bien en la pole position del folleteo erasmus. Y como la mayoría eran chicos, pues yo era un obstáculo más que otra cosa. Eso lo descubrí después, claro. No es que te lo fueran tirando a la cara de forma por los pasillos. Sin embargo, este chico, Arnaud, sí nos invitó a su habitación. Se trataba del típico francés. Media estatura, muy pero que muy delgado, rubio, de labios gruesos pero de cara delgadísima, con cara de atontao, gracias a una forma de peinarse un poco sui generis. Y siempre vestido de negro, eternamente. Con alguna variante en azul marino, pero no era lo normal. Amable, educado, callado, buen tipo vaya. Recuerdo la primera vez que pasé. Tenía de todo en un sitio tan pequeño. No sé como podía estudiar en algo así: a la entrada tenía puesta a modo de mosquitera una bandera de Jamaica con Bob Marley, a la izquierda tenía el lavabo con un montón de velas usadas y un armario donde escondía todo tipo de utensilios de cocina que bien podían haber pertenecido a su abuela. Debajo, en el suelo, junto a la escoba, el cepillo y un cubo lleno de trapos, el hornillo donde solía cocinar la pasta del LIDL que era la que abundaba por la zona. Pasado el primer metro, llegábamos a la parte "habitable" de la habitación. 

Nada más entrar veías una enorme sábana en el techo que a modo de haima te daba la bienvenida, con una pequeña televisión en un lateral, la cama a modo de sofá en el suelo para poder estar sentadito sin clavarte los (presumibles) viejos y oxidados muelles del somier. El famoso minifrigo bien cargadito de cervezas y un buen surtido de vinos blancos variados. Una mesa llena de libros sobre dios sabe qué y muchísimos posters en toda la habitación, hasta casi empapelarla completamente. La ropa parecía estar en un pequeño espacio que había encima del armario, no demasiado grande pero no parecía ser esa una gran preocupación para Arnaud. Nunca olvidaré el inmenso poster retro donde aparecía un nazi con cabeza de cerdo babeando y con cara de odio, mientras abajo estaban escritas las letras "Vous n'aurez jamais ni l'Alsace ni la Lorraine!!". El olor de la habitación estaba muy concentrado, echaba para atrás en un primer momento. El incienso mezclado con el porro y la ventana cerrada, sin olvidarnos de esos zapatos tan gastados, creaban una atmósfera poco atractiva. Pero el chaval era amable, nos invitó a unos recién llegados a unos vinitos blancos y unos cacahuetes garrapiñados que estaban muy buenos, la verdad. Y así, nuestras primeras conversaciones en francés, mientras oíamos los partidos de la liga francesa y hablábamos de cosas sin importancia. Arnaud estudiaba psicología o pedagogía o algo así. en la misma universidad que yo iba a mis clases, Lille 3. Yo le dije un allí nos veremos, pero no pareció asentir. Me decía que él ya sólo iba a ciertas asignaturas. Nunca supimos que edad tenía ni cuantos años llevaba en la universidad. Tampoco es que nos importara precisamente. Daba gusto tener una cara amiga en aquel largo pasillo de treinta habitaciones. La suya estaba cerca de la mía, casi enfrente. Aunque con el tiempo dejamos de ir de forma recurrente. Tampoco era plan de entrar a invadir la intimidad de ese futuro lo que fuera todos los días. A él no le gustaba visitar otras habitaciones, se sentía cómodo en la suya, en su pequeño palacete de nueve metros cuadrados. 

Nos introdujo un poco la cultura francesa de base. Así, una de las cosas que aprendimos fue saber quien era Serge Gainsbourg. En aquella época, sinceramente, no lo conocía, por muy importante que hubiera podido ser. Me contó la anécdota de la entrevista con Whitney Houston, cuando dijo que lo único que quería era copular con ella,  en pleno prime time en la TF1 y la cara de incredulidad de la Houston, que estaba teniendo su verdadero One moment in time. Y siempre le pedíamos que nos pusiera una canción del viejo Gainsbourg, que nos encantaba y acabábamos cantándola. Muy mal por cierto. Se trataba de Vieille canaille, un clásico de las big bands de los 40 creado por Sam Theard en la canción "You rascal, you". El tema aparecía en el clásico reggae de Aux armes et caetera, de 1979. La canción era propicia para el buenrollismo imperante en esas reuniones. Más tarde dejaré la letra, por si alguno le interesa.

Con el tiempo, aprendí ciertas cosas del chaval. La envidia en esos lugares que son como mini Grandes Hermanos es muy mala. Tanto él como otro veterano de guerra, llevaban mucho tiempo en ese sitio, aunque nadie podía precisar cuanto. Pero estábamos hablando de más de diez años. Se dedicaban a esperar que viniera la nueva promoción de erasmus, cada vez más numerosa y gracias a sus agasajos y buenas palabras siempre caía alguna. Las españolas y las italianas eran perfectas. El buenrollismo de antes estaba medido hasta el último minuto. Por lo tanto, un servidor sobraba, no como mis queridas amigas italianas que eran las verdaderas invitadas. Ah, ¡qué ingenuo! El caso es que dejé de hablar con él cuando llegó el buen tiempo y salió el sol. No por nada, él estaba como muy preocupado. Ya no nos veíamos tanto y no tenía intención al parecer. Se echó una novieta argelina. Mal hecho. Unos chicos del barrio entraron en la residencia, cosa que al parecer hacían a menudo, la tenían como una especie de centro social, donde además había chicas guapas que pasaban de un lado para otro por el hall. Estos chicos buscaron al pobre Arnaud y empezaron a increparle. A la chica le dijeron de todo menos guapa. Al parecer le dieron una buena paliza, a él, aunque de eso ninguno fuimos testigo. Arnaud se volvió más huraño si cabe.

Por junio ya no me extrañaba el no verlo. Ya habíamos acabado los exámenes y se veía una mezcla de relajación y también de tristeza por dejar ese año tan fantástico. Una tarde al volver a mi habitación, como a las cuatro de la tarde, vi que salía un humo negro de la habitación de Arnaud. Llamé a la puerta, pero no contestaba nadie. Llamámos a los bomberos porque parecía que había fuego y estaba creciendo. Llegaron éstos y le dieron una patada a la puerta, la bocanada de humo negrísimo, más que el humo negro más famoso que conozcáis, salió al pasillo y tumbó al bombero que tuvo apartarse. El plástico del interior estaba ardiendo con ganas. Todo estaba ardiendo y parecía muy tóxico. Nos mandaron a tomar viento fuera de allí. Al rato se fueron, ya estaba todo bien ennegrecido, pero no había peligro. Echamos un vistazo al interior. Destrozado. Los bomberos habían tirado por la ventana cosas que podían arder fácilmente y se veían desperdigadas por todo el jardín de detrás de la residencia, entre cenizas y restos medio quemados. Arnaud no llegó ese día. Al menos no lo vimos nosotros. Estaba fuera, había ido a ver a su hermana. Cuando llegó al día siguiente le dijimos que le echábamos una mano a lo que quisiera, que contara con nosotros y demás. Le ayudamos a recoger sus cosas y poco más. Se fue y no lo volvimos a ver. Aunque no fue lo último que supimos de él.

Parece ser que Arnaud se había ido, pero se había asegurado de llevarse la póliza del seguro con él. Qué oportuno, oiga. Los bomberos habían confirmado que el punto de incio del fuego debió de ser la mesa donde tenía todos los libros, seguramente gracias a una vela. En esa habitación había demasiadas cosas que podían arder muy fácilmente. Hablando con Manu, el que aparecía único amigo suyo del lugar, éste nos confesó que estaba superado por los acontecimientos. Arnaud no tenía dinero, llevaba años mintiendo a todo el mundo. No estaba en la universidad, sólo había hecho un año de carrera, el resto del tiempo había estado pidiendo dinero y mal viviendo de lo que le daban para sus supuestas matrículas y gastos varios. No tenía ni un duro, pero estaba muy agobiado con una serie de deudas que se podía haber granjeado con gente con las que no te gusta tener ese tipo de amistad. Todo indicaba que Arnaud había pegado fuego a la habitación para cobrar el seguro. Era obligatorio en Francia, lo seguirá siendo, tener un seguro para tu habitación, aparte de la propia residencia. Yo también tenía uno que nunca supe exactamente para qué era, cuando sucedió lo de Arnaud, lo aprendí. Así que decidió poner en peligro la vida de la residencia, de los compañeros que estaban allí para cobrar un seguro que no sé a cuanto ascendería, pero con todos los rumores que corrían por ahí, iba a ser difícil de conseguir. Pobre desgraciado. Cada vez que me acuerdo de él, me viene a la mente esa canción. Hoy la voy a escuchar otra vez por Arnaud, ese viejo canalla al que en el fondo, muy en el fondo, había que querer...."J's'rai content quand tu s'ras mort...vieille canaille....."




J's'rai content quand tu s'ras mort

Vieille Canaille
J's'rai content quand tu s'ras mort
Vieille Canaille
Tu ne perds rien pour attendre
Je sau - rai bien te descendre
J's'rai content d'avoir ta peau
Vieux Chameau


Je t'ai r'çu à bras ouverts

Vieill' Canaille
T'avais toujours ton couvert
Vieill' Canaille
T'as brûlé tous mes tapis
Tu t'es couché dans mon lit
Et t'as bu tout mon porto
Vieux Chameau

Puis j't'ai présenté ma femme
Vieille Canaille
Puis j't'ai présenté ma femme
Vieille Canaille
Tu y a fait du baratin
Tu l'embrassais dans les coins
Dès que j'avais tourné l'dos
Vieux Chameau

Puis t'es parti avec elle
Vieille Canaille
Puis t'es parti avec elle
Vieille Canaille
En emportant la vaisselle
Le dessous d'lit en dentelle,
L'argent'rie et les rideaux
Vieux Chameau

Mais j'ai sorti mon fusil
Vieille Canaille
Mais j'ai sorti mon fusil
Vieille Canaille
Et quand j'te tiendrai au bout
Je rigol'rai un bon coup
Et j't'aurai vite refroidi
Vieux Bandit

On te mettra dans un' tombe
Vieille Canaille
Et moi j'irai faire la bombe
Vieille Canaille
À coups de p'tits verr's d'eau-d'vie
La plus bell' cuit' de ma vie
Sera pour tes funérailles
Vieille Canaille
Vieille Canaille
Vieux Chameau

2 comentarios:

Andrés dijo...

Vaya, y yo pensando que estabas haciendo una clase de homenaje a Arnaud ,y el relato se ha ido tornando en un "¡menudo personaje!".

La verdad que lo recordarás con cierto cariño porque forma parte de tu pasado y tus otros buenos recuerdos, pero visto desde el exterior, qué gente más espabilada e interesada que hay por la vida.

Son de esas personas que sobreviven no sé cómo, pero lo hacen muy bien. Eso sí, causando daño sin importarles el carajo.

¿Dónde andará este personaje? XD.

Saludos.

Antò dijo...

En efecto, Andrés, menudo personaje. Le tengo cariño porque trae muy buenos recuerdos "colaterales", pero en aquellos días me acordé de toda su familia. Hay gente que es tan egoísta que no es capaz de ver más allá. Y en cuanto donde estará...pues más de una vez me lo he preguntado. Unos años más tarde volví a la residencia donde había vivido y pregunté a los "locales" por él. Todos lo recordaban, pero, tras insultarlo, no sabían nada de él. ¿Quién sabe? Un saludo