Miopes

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miércoles, 18 de mayo de 2011

Salimos vivos de Mihura: Parece fácil pero no, no.

Este pasado viernes finalmente estrenamos la obra en la que hemos estado trabajando, en mayor o menor medida, buena parte de los domingos de este último año. Se trataba de un montaje llamado "Entre mentira y verdad" y que estaba compuesto de dos obras de Miguel Mihura: La Bella Dorotea y El chalet de Madame Renard. Somos un grupo amateur que se junta cada dos domingos un par de horitas, allí en Carril del Conde (Madrid) y que nos lo pasamos bien, muy bien de hecho. Son dos obras en los que los personajes juegan a contar mentiras con el fin de aprovecharse de las desgracias ajenas, en realidad las comedias de Mihura no son tan bienintencionadas como pudieran parecer. Muchas veces nos encontramos perlas de humor negro que son de agradecer, a pesar de la ñoñería general que envuelven estas obras. Sus primeras piezas que eran precedentes del Teatro del Absurdo, son las más conocidas y, digamos, respetadas, las últimas en cambio, son mucho más convencionales y menos interesantes. Pero nosotros no aspiramos a ser La Fura dels Baus, ni mucho menos, sólo a que la gente que nos venga a ver se lo pase bien y de paso hacer algo que la gente le guste.

El viernes 13 a las 7 de la tarde era la obra. Estábamos tranquilos, la verdad. Yo llegué el último, venir de Burgos tiene esas cosas. Una hora antes, pero no hubo mayor problema porque las pruebas de luces y sonido estaban ya hechas. Y era el momento de prepararse para el pequeño gran estreno. La verdad es que sí estábamos nerviosos. Los ensayos no habían salido nada bien, no terminábamos de acoplar bien el texto a nuestras acciones en el escenario y no parecíamos controlar al cien por cien lo que pasaba en la acción. El problema venía principalmente de habernos estudiado el texto por separado, sin movimiento, sin situarse en el espacio y saber por qué digo cada cosa y a cuento de qué. No había problema, al menos no era grave, cuando estábamos dos ... pero con tres era un caos. Ni uno solo de los ensayos había salido bien, de hecho no habíamos conseguido acabar ni tan solo uno. Nuestra directora estaba de los nervios y nosotros también, para qué vamos a engañarnos. Una cosa es que seamos unos principiantes y otra muy distinta es que hagamos el ridículo delante de toda esa gente que estaba ahí fuera (unos 300, aunque la mayoría amigos u enemigos disfrazados, que siempre hay algún envidiosillo).

La primera parte de la obra salió bien (ahí no aparecía un servidor), con algún que otro olvido pero más o menos bien. La segunda parte era la mía, El chalet de Madame Renard, y empezamos con ritmo de comedia, es decir, rápido, pisándonos las réplicas para crear esa sensación de velocidad que haga que el espectador no se duerma, sobre todo, que no se aburra. Pero pronto llegaron las lagunas, apenas un segundo no más, pero a nosotros nos parecía un decenio y la verdad es que lo pasamos fatal, por lo menos con las primeras...pero luego decidimos venirnos arriba, nos olvidamos un poco el texto y decidimos contar la historia como nos fuera viniendo. Y salimos vivos del desastre. Por supuesto nos prometimos más ensayos para cuando la retomemos después del verano, pero el mal trago de ahí quedó. Al público le gustó o eso fue lo que nos dijeron, pero claro, desde que los espectadores han dejado de tirar tomates y otras hortalizas más sólidas, todo ha mejorado mucho. Ya prácticamente nadie te dice nada malo, lo que para nuestros egos aún poco fortalecidos, nos viene bien. Pero eso es  lo importante, que las dos horas se pasaran bien. Y la verdad es que se agradece después de tantos ensayos, con sus correspondientes malentendidos y broncas, un par de aplausos y un "venga chicos, nos hemos echado unas risas". 
Ahora me queda la muestra de teatro del 27 de mayo, aquí en Burgos. Esa va a ser más complicada, pero ya será otra historia. 

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