Miopes

Miopes

jueves, 14 de abril de 2011

Roger Waters' The Wall bien vale una misa

No soy un "connaisseur" del mundo "pinkfloydiano". Sí, he escuchado sus discos y he hecho el experimento de ver "El mago de Oz" mientras suenan los Pink Floyd con su "The Dark Side of the Moon", haciendo la legendaria por falsa sincronía "The Dark Side of the Rainbow". Me encanta "Us and them", me parece una canción superior. E incluso he escuchado "Ummagumma"...pero no me puedo considerar un seguidor de esta banda, sobre todo conociendo a gente que sí lo es verdaderamente. Por supuesto he escuchado muchas veces "The Wall", vi la mítica película  de Alan Parker y no me perdí el concierto en Berlín (en la tele)  que dio Roger Waters tras la caída del muro con una psicótica Cindy Lauper cantando "Another brick in the Wall (part II)". Entiendo de la importancia y la calidad de la banda. Un buen amigo me explicó incluso el motivo ( o uno de ellos) de la ruptura entre Roger Waters y David Gilliam. Los Pink Floyd buscaban la perfección musical, que el disco sonora perfecto en cualquier momento, mientras que Waters buscaba implicarse algo más, estaba la música y el mundo que la escuchaba. Así que cuando me propusieron ir a ver el espectáculo de Roger Waters, llevando de nuevo "The Wall" en directo, no pude decir que no. Sabía que era una de esas cosas que había que hacer en la vida de todo amante de la música popular, vaya.

Fue hace un par de semanas. Llegamos al Palacio de los Deportes de Madrid. El bueno de Roger se disponía a dar dos conciertos seguidos en la capital de España. Visto todo el montaje, no es de extrañar que intente dos días seguidos. Podría estar una semana y seguiría teniendo una entrada estupenda. Los precios no eran regalados, 56€ y entradas agotadas desde hacía bastante tiempo. Yo me dejaba llevar por el ambiente. Un público totalmente entregado, pero con cierto cuidado por las apariencias, al fin y al cabo estamos hablando de fans que bien podrían ser abuelos. Íbamos atravesando la plaza camino a las puertas, a sabiendas que nuestro considerable retraso nos impediría acceder a las mejores posiciones. En un concierto como éste, supone un gran error. Pronto me di cuenta que el no poder acceder a la pista y deber buscar un buen mirador desde las butacas era una opción que simplemente no funcionaba. Pero eso lo dejaré para luego. Dejadme hacer un pequeño repaso a lo que estábamos viendo: jóvenes uniformados con las últimas tendencias en...bueno...en últimas tendencias, viejas glorias del rock and roll que traían a sus hijos, que a su vez ya hace tiempo que no beben kalimotxo, repelentes pseudointelectuales capaces de hacer una radiografía poco acertada de los asistentes al evento (ahí estoy yo), cuarentones extasiados ante la probabilidad remota de pillar cacho al sonar "Young lust", modelitos para todas las ocasiones desde el que perfectamente estaba preparado para ver a Nash, al que podía tener entradas para los Dark Tranquility o incluso que aquel que llevaba los mocasines perfectos
para una tarde de sangre y puros en Las Ventas. De lo más variado oiga.


Empezamos mal. No había sitio en pista. Hay que ir con tiempo y colocarse bien ... bromas aparte... porque el espectáculo merece la pena. Tuvimos que buscar un sitio más o menos centraditos y sobre todo, que nos dejara ver el espectáculo que estábamos a punto de contemplar. Hay que decir que el Pabellón de Deportes es un sitio verdaderamente grande y puede ser muy agobiante a la hora de situarse. Y es que la presión me podía. Estaba a punto de asistir a uno de los mayores espectáculos a los que un amante de la música puede asistir... o al menos eso es lo que me decían. No hubo suerte y hubo que situarse en las gradas, bastante alto y en una esquina, de hecho había una de las líneas de focos que dificultaba la visión. Craso error. Encima, el lugar donde estábamos,casi vacío en un principio fue llenándose poco a poco, hasta la llegada de un grupo de lo más dispar que tenía como estrella invitada un tipo de lo más eufórico. Quería, besaba, achuchaba a todo el que pillaba por medio, fuera hombre, mujer o cosa. La verdad es que era simpático, en un concierto de los Kortatu lo hubiésemos disfrutado pero éste no era el momento.

El concierto empezó como previsto, ni un minuto antes ni un minuto después. Puntualidad perfecta. El orden que reinaría durante todo el show. Cada momento, cada canción, cada descanso, cada nota estaba justo en el lugar que debía estar. Casi como ver una película y, bueno, ya de paso presento el principal problema, la precisión absoluta traía una falta de emociones. Pero hablaré más tarde. Lo que se veía en un principio era un enorme escenario con una serie de ladrillos blancos que iban formando un muro, descendiendo conforme iba llegando al centro del escenario, para dejar ver el lugar donde la banda iba a tocar. Todo un icono.
A partir de ese avión estrellándose, esos fuegos artificiales e "In the Flesh?", empezó ese descenso a los infiernos del joven Pink, su aislamiento y su repetido fracaso para comunicarse, mostrado en la figura de su padre muerto en la Segunda Guerra Mundial, sus profesores y sus problemas en las relaciones sentimentales. Un canto a la falta  al extrañamiento de aquellos que se sienten fuera de lugar. Éste es el setlist:


  • In the Flesh?
  • Thin Ice
  • Another Brick in the Wall, Pt. 1
  • Happiest Days of Our Lives
  • Another Brick in the Wall, Pt. 2
  • Mother
  • Goodbye Blue Sky
  • Empty Spaces
  • What Shall We Do Now?
  • Young Lust
  • One of My Turns
  • Don't Leave Me Now
  • Another Brick in the Wall, Pt. 3
  • Last Few Bricks
  • Goodbye Cruel World

INTERMISSION
  • Hey You
  • Is There Anybody Out There?
  • Nobody Home
  • Vera
  • Bring the Boys Back Home
  • Comfortably Numb
  • Show Must Go On
  • In the Flesh
  • Run Like Hell
  • Waiting for the Worms
  • Stop
  • Trial
  • Outside the Wall




Durante la primera parte asistimos a la caída a los infiernos del protagonista, poco vamos viendo como se va cerrando el muro, bloque a bloque, hasta llegar al final de la primera mitad del concierto, con el último ladrillo que es colocado mientras a modo de ventana, Roger Waters canta "Goodbye Cruel World". Tras el intermission, donde se van sucediendo las fotos de aquellos fallecidos en las distintas guerras, cuyos familiares han ido enviando las imágenes a la web del propio Waters, empieza el "segundo tiempo" con una canción completamente escondida tras el muro. A partir de ahí el muro funciona como una impresionante pantalla en la que se van reflejando diferentes imágenes, ya sean de la propia película o montajes adaptados a la época que vivimos.


La verdad es que todo el concierto fue impresionante, no puedo decir nada en contra de algo tan elaborado y meditado. Quizás lo dicho anteriormente, ni un minuto para la improvisación, esos solos de guitarra absolutamente estudiados, una furia contenida que chocaba con las imágenes desafiantes describiendo un mundo que se aproxima a lo apocalíptico. Tampoco me gustó, pero nada de nada, la presencia de unos niños en "Another brick in the wall", haciendo señalando al pobre profesor para que les dejara en paz. Todo profesor sabe que hoy en día la letra de la canción debería ser "Hey, kids! Leave the teachers alone!!!". No, en serio, me pareció muy fuera de lugar la presencia de estos chicos. Además hubo cierta moralina a lo largo de todo el concierto, quizás un poco de demagogia incluso, pero a quien le importa. Ésto es rock and roll...intelectual, pero rock and roll al final. Merece la pena y lo volvería a hacer ahora mismo. La entradita la guardo con cariño, vaya.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sos un pelotudo. Hacete una transfusión de sangre. Porque parece que no tenes. En mi barrio, Sarlanga te diria que sos un pecho frio y tendrias que ir con calzoncillo de lata.

Saludos.

Carlos Te lechea