Miopes

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lunes, 21 de marzo de 2011

The Go! Team - Rolling Blackouts

Ya tengo disco para la primavera. Decidido. Hay muchas cosas que se podrían decir en contra de este Rolling Blackouts. A mi no se me ocurre ninguna, pero supongo que las habrá. Desde luego, si eres un metalbanger oxidado, un amante de las voces melodiosas sacadas de programas concurso, si crees que Radiohead es la banda sonora de los tiempos que corren, si consideras que el rock murió en los setenta  o si crees que hace demasiado tiempo que Marilyn Manson no saca disco...entonces... éste no es tu disco. No hace falta que sigas leyendo porque no vas a llegar a ninguna conclusión positiva. Y si no eres de esas personas anteriores pero sí un rancio cínico defensor abnegado del músico maldito...pues tampoco. Porque The Go! Team es una banda hecha para ver el lado brillante de la carretera, pero además con una sólida base musical que hacen que sus canciones sean mucho más que pegadizas.


La banda de Brighton está compuesta por su líder Ian Parton ( guitarrista y creador del espíritu de la banda) Sam Dook ( guitarrista, percusión y lo que surja ), Kaori Tsuchida (batería, teclados...), Jaimie Bell (el bajista), Chi Fukami Taylor (batería, persusión...) y Ninja (la cantante). Su música es una mezcla de géneros y estilos. Hay de todo en los discos de The Go! Team. Tienes la impresión a ratos de estar escuchando la recreación de algún disco sesentero, casi de la mando de Phil Spector, de repente tienes la música sacada de la banda sonora de alguna película descerebrada, para más tarde escuchar un clásico tema pop británico junto a algún monstruoso tema instrumental que es una gran coctelera donde poderlo mezclar todo. Nunca antes había escuchado a los Go!, pero desde luego me voy a poner a ello. Este Rolling Blackout es su último disco, con el que están haciendo gira internacional (a finales de mes pasarán por España en Madrid, Valencia y Barcelona). En un primer momento me recordaban a los brasileños Cansei de Ser Sexy o a Los Campesinos, pero creo sinceramente que éstos abusan menos del sample y crean unas composiciones mucho más trabajadas, aunque parezca todo lo contrario.

8/10

Desde luego el disco entra como un tiro. Ese primer "T.O.R.N.A.D.O." te deja sin aliento, crees estar escuchando el himno perfecto para la mejor sesión de cheerleaders que puedas encontrar. Las letras sin ser nada del otro jueves, son muy amenas. Divertidas, fáciles de retener y de cantar. Con unos coros que a veces pueden ser un poco molestos por lo sobrecargado, el disco tiene unas canciones que te enganchan a la primera.
En cuanto pasa ese "T.O.R.N.A.D.O.", tenemos una de mis favoritas "Secretary song", con una base instrumental increíble. En realidad esa es justo la nota predominante en todas las canciones, la música es sensacional. Mezclan el pop más elaborado con un funk muy directo que se te mete los poros. Probar a escuchar "Bust-out Brigade" mientras camináis por la calle, te sientes el rey de la acera. Sonríes a todo el mundo e incluso te permites dar algún que otro paso al ritmo de las notas desenfrenadas de The Go! Team. Sinceramente, no soy capaz de encontrar un defecto a un disco tan contundente. "Yosemite theme" es uno de los temas instrumentales del disco y es sencillamente maravilloso, con una fantástica introducción que casi nos está llevando al inicio de Falcon Crest, el tema va increscendo. Y esa armónica...Pero es que hay mucho más. Una de las canciones que deberían ser del año si el mundo fuera un lugar justo es "Buy nothing day". Un clásico tema pop, en el mejor sentido de la palabra, con unos coros fantásticos y un estribillo tan pegadizo que te hace escucharla hasta la saciedad. Por favor, no me digáis que este tema no os pone de buen humor. Es uno de los mejores temas de Ian Parton además, con una fantástica guitarra que nos acompaña durante toda la canción, con solo incluido. Pero es que no se puede hablar de ninguna. En apenas 40 minutos tenemos condensados una auténtica lección del pop ultrafresco, mezclado, agitado y dado la vuelta que mejor se puede encontrar. Recomendados.

sábado, 12 de marzo de 2011

Escena costumbrista en Arles con cantautor quebequés al fondo

Este pasado fin de semana y aprovechando el puente que se nos daba por el carnaval, a unos pocos privilegiados eso sí, mi pareja y yo nos fuimos hasta la localidad francesa de Arles o Arlés, declarada Patrimonio Mundial de la Humaniddad por la UNESCO allá por 1981. Sin duda, esta pequeña ciudad cerca de Marsella, de gran importancia arqueológica y con un cuadro verdaderamente famoso que suele llevar su nombre (La chambre à Arles, de Van Gogh) merece la pena que se le eche un vistazo. Sus 36000 habitantes son de lo más variopinto y el lugar en genreral destila tranquilidad, mucho más que las cercanas Nîmes o Avignon.
El motivo de mi visita era el poder ver a un viejo amigo francés que lleva viviendo allí ya una serie de años, creo que cinco. Mi amigo era profesor de Arte en la Universidad Lille 3 de Lille, pero una serie de cambios en su vida le hicieron volver a su Bouches du Rhone natal, la provincia de Marsella, de donde él es original. Pero en vez de volver a la gran ciudad, siguió el paso de unos amigos y se instaló en esta pequeña villa tan pintoresca.
El sentarse en un café en Arles supone el contemplar en trasiego incesante pero no masivo de personajes que pueblan el lugar. Es fácil que a poco que te conozcan te suelten un "Bonjour" o se te acerquen y te lancen los clásicos tres besos  de la zona, empezando siempre por la derecha, como dictan los cánones. Los cafés abren relativamente tarde y cierran, siempre relativamente, temprano. Es una ciudad que parece vivir exclusivamente de día y cuando las luces se van apagando te la deja recogida y en estado latente esperando que llegue mañana. Y así es toda Francia, salvo las grandes ciudades, el llegar a un pueblo de menos de 50000 personas a la caza y captura de costumbras más propias de España, es una pérdida de tiempo. Puedes pensar que el pueblo ha sido abandonado y no queda nadie allí para ti. En realidad, esto no es así, sólo que hay que saber buscar. Pero es verdad que la tan conocida vida de bares de la que disfrutamos no tiene su continuación con nuestros vecinos.
Pero no íbamos solos, además de ir ya prevenidos claro. Así que sabíamos dónde dirigirnos. Llegamos a un bar à vins llamado Chez Arianne. Allí nos esperaban unos amigos que estaban viendo el concierto de un cantautor quebequés, llamado Jean-François Lessard. El chaval era un rubiales espigado y con pinta de empollón despistado, pero con una voz propia de contramaestre de la armada británica, mejor decir del ejército francés, que vociferaba palabras llenas de imágenes y metáforas mientras se contorsionaba de la forma más extraña posible para poder contar su historia. Más que un cantautor, estábamos delante de un cuentista hiperbólico que usaba la música para narras sus "farses" como dicen los quebequeses. Historias de denuncia, irónicas, cínicas a veces simplemente pequeñas, pero desde luego tenía  a su público (a mi) a comer de su mano. Cuando el concierto terminó, los músicos (sólo dos de gira por Europa, David era el otro, pero sé que suele llevar más músicos), empezaron a recoger todo entre la gente que bebía vino y los que intentaban pedir en tan pequeño lugar. Estamos hablando de un restaurante, no la sala Bikini, que no es mucho más grande que el salón de una casa normal. Nosotros nos buscamos un sitio al fondo para comer un poco de tartiflette y mucho queso del lugar, todo eso regado con vino que no es de la zona pero que está muy bien. Así veía como todo el mundo se iba acercando a los dos chicos venidos de Montréal. El poder magnético del músico provocaba una fascinación más que evidente en el sector femenino del respetable. Un chico con pinta de perpetuo peregrino del Camino de Santiago se acercó a JF (el quebequés) y le propone algo. Empiezan a sacar instrumentos, algunos totalmente desconocidos para mí, como esa doble cuchara atada por un cabo que servía de percusión. Y así, de repente, se forma un círculo y empiezan a tocar canciones. Eran temas populares que parecían conocer también mis acompañantes en la mesa, más tarde supe que estaban cantando en occitando la lengua ya en bastante decadencia de la región y que sin embargo cuenta con una historia más que interesante. Aquello era una fiesta, que no desmerecía para nada el concierto que había tenido lugar apenas una hora antes. En un momento dado, ya con cinco o seis músicos en escena, empezaron a cantar otra en occitano, pero ésta yo la conocía. Era el grandísimo tema L'estaca de Lluis Llach. Una obra maestra de la lucha contra las dictaduras que ha sido bien acogida en Francia e Italia. Además, la versión en occitano no resulta difícil entenederla si tenemos en cuenta la familiaridad geográfica y lingüística con las regiones colindantes. Fue un momento increíble, la emoción se notaba en todo el espacio. 


Al día siguiente estuvimos invitados a una cena con estos músicos y con unas chicas que tenían un coro de música polifónica. Ni que decir tiene que la fiesta fue completa. Eso sí el plato del día no podía ser más light, apio, coliflor, zanahoria, rábano y demás maravillas del huerto de la señora de casa, crudo y con una salsa de anchoas para mojar. Y vino, mucho vino. Terminamos contando chistes lo más vulgar posible, así que fue sin duda una noche redonda.

Un poco de autobombo no es pecao

Hace un par de entradas cuestionaba la utilidad de los premios, pues  bien, donde dije digo, digo Diego. ¡Vivan los premios! Sobre todo cuando le tocan a uno. En realidad, los premios sólo son importantes si los ganas, es como la Copa del Rey y otras tantas competiciones similares.
Pues bien el amable, gentil e irreductible bloguero Andrés desde Blogodisea me ha hecho merecedor de un premio tan personal como es Tu blog me inspira!
¿Qué temas me inspiran a leer un blog? ésta era la pregunta que tengo que responder si quiero recogerlo y bueno pues la respuesta es cualquier cosa, sólo depende del momento adecuado y de mi estado de ánimo adaptado. Siempre hay algo interesante y si se me escapa, bueno pues para eso ya tengo la vista en puesta en
Freak's City y sus recomendaciones semanales.

Puff...yo no sabría a quién entregar este premio porque me inspiran varios por no decir que todos...soy así de selectivo. Supongo que para ser justos comenzaré por Dani (por ser un tío grande y un mi sensei en el mundo del blog), Ana (porque es una persona que no pierde el tiempo, que disfruta con lo que hace y porque es más maja que las pesetas, aparte de leer como si no hubiera un mañana), Fran G. Lara  (porque escribe como los ángeles si éstos existieran y si les diera por escribir, que por otro lado, no lo veo posible, no que existan sino que les de por escribir, ya que teniendo el espíritu santo...bueno, pues eso), Almas oscuras (porque me encanta la mezcla del naif diseño del premio y la página más oscura que leo...y porque nadie hace reseñas cinematográficas como ellos), Carmen (porque me encanta su blog, está hecho con gusto y el ciclo dedicado a Stefan Zweig no puede quedar sin recompensa, además no la conozco pero debe ser encantadora), McGuffin (porque la tele es más tele con su diario), Renaissance (por su visión especial de las cosas y su manera de enGATusarnos...) , Sergio (¡porque habla de todo lo que me gusta, te parece poco!) las Slayers (pero hay que decir algo sobre las Slayers, creo que no...) y bueno, lo dejo aquí pero no me olvido del último premiado que no es otro que Andrés de Blogodisea. Evidentemente se merece este premio y más.

Además, el gran Gustavo colaborador impertérrito de Andrés en Blogodisea tuvo a bien hacerme una entrevista para su sección. No puedo estar más henchido de orgullo.


Hala, a trabajar un poco que ya está bien de decir lo guapos que somos todos

sábado, 5 de marzo de 2011

Los Murciálagos Clan

Parece que este año, el grupo de mis paisanos M-Clan va a tener su ración de éxito. Está nominado a los Premios de la Música, que ya comenté en la entrada anterior, y tiene una larga lista de conciertos por delante. Yo soy de los que piensan que desde que se fue Santi Campillo, la banda ha perdido parte del espíritu que nos llamó tanto la atención a unos pocos en Murcia allá por el 92 o 93.  Personalmente me gustan sus discos, más o menos. Siguen ostentando el título personal de tener las peores letras del panorama rock, como aquella vergonzante "Te fuiste a Moscú, me dejaste sin menú, soplándole a la sopa fria como un esquimal al que le ha sentado mal... la sopa fría"... da casi vergüenza...pero lo suple con unos músicos de sesión más que buenos, un inspirado Ricardo Ruipérez y Carlos Tarque, para mí el mejor cantante soul-rock de este bendito país. Pues nada, lo que les den seguro que no será tan inmerecido como a otros. Supongo que el éxito les ha hecho adoptar una domesticación de su música, que ni siquiera se intuía en aquellos inicios tocando canciones de rock sureño comos si fueran los mismísimos Molly Hatchet.



A los actuales M-Clan hace tiempo que no los he visto, pero en los noventa sí me vi varios conciertos suyos. Y la verdad sea dicha, nunca me sentí defraudado. Tenían un directo contundente, poco común en la época, con un repertorio aún menos común. A ver, situémonos, estamos hablando de unos años en los que proliferaban los grupos que tocaban sin moverse del sitio, mirándose las botas sucias mientras sus flequillos más bien tirando a rígidos por la roña saltaban de manera imprecisa con ligeros balanceos...grunge...malo. Por lo que un grupo que eran denominados los Black Crowes  españoles, grupo al que adoraba en aquellos tiempos (y aún hoy en día) sólo me podía provocar felicidad. Poco me importaba que los discos parecieran a medio hacer, que la producción fuera más que limitada, que las letras estuvieran basadas en clichés...los Murciálagos Clan, que eran como yo los conocí, estaban dispuestos a hacer rock con pedigree.

La primera vez que los vi fue en un festival que hubo en Murcia por el 92 creo recordar, quizá fuera al año siguiente. Los cabezas de cartel eran Soziedad Alkóholika y Barón Rojo, luego había grupos de menos enjundia, aunque muchas ganas. De los cuáles yo me quedé con el nombre de Murciálagos Clan. Por supuesto, nosotros queríamos oficialmente ir a ver a "Soziedad Alkóholika", todo lo demás nos importaba poco. Sin embargo, yo había leido sobre las influencias de los Murciálagos y aunque me daba vergüenza declararme seguidor del rock sureño delante de mis amigos que no escuchaban nada que no fuera Death, a mí lo que me empujaba a ver ese concierto de clara presencia de música extrema, eran los chavales que cantaban "Se calienta". No había una gran oferta  de conciertos en la época, al menos para un servidor, que vivía sin vehículo y con 16 años. Llegamos al sitio, yo gordito y con gafas (ahora me he quitado el -ito, pero evidentemente, no las gafas), con mi camisa de leñador y mis botas militares, y estábamos rodeados de lo mejorcito de la casa. Todos los metaleros de nuevo cuño se juntaban con las viejas glorias que venían a ver a los Barón Rojo. Una gran experiencia, pronto me di cuenta que no había demasiadas chicas entre la audiencia lo que me hizo plantearme alguna duda sobre lo oportuno de asistir a estos conciertos en el futuro. Del concierto en sí no tengo muchos recuerdos, sólo la imagen de Carlos Tarque muy delgado y sin camiseta corriendo de un lado a otro del escenario mientras iba cantando los temas del que iba a ser su primer disco. Yo lo estaba disfrutando, de eso sí me acuerdo, pero mis amigos vociferaban insultos de diverso pelaje. Y llegó el momento final de los teloneros. Los Barón iban a empezar a tocar y el público se impacientaba. Carlos Tarque anunció que era su última canción y bueno, quiso hacer una harenga al público allí presente...y dijo algo así como "bueno, ya estamos terminando...ahora vendrán los maestros Barón a darnos una clase de rock, ¿queréis que nos vayamos ya?" ...qué iluso...sonó un atronador "SÍIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII" que casi les tira para atrás. Se fueron cabizbajos, se veía que no estaban contentos por tocar ahí, aunque lo estaban por tocar, que no era fácil. Bueno, el tiempo ha pasado y ha puesto a cada uno en su sitio.



Premios para qué os quiero...

De vez en cuando le llegan a uno diferentes correos electrónicos animándote a participar en encuestas varias. Una de las que me ha llegado ahora es para participar en los Premios de la Música de este año. En la web podréis ver todas las nominaciones, tanto las generales como las específicas de cada estilo musical. Suelen ser unos premios bastante democráticos. Los aficionados y profesionales varios dentro del mundillo tienen la oportunidad de elegir sus candidatos y por tanto, los mejores del año. 
No voy a participar. No es que tenga nada en contra de los finalistas, salvo quizás el caso de Dani Martín, que considero de lo peor que hay en este país, y más con su canción "16 añitos", una de las pocas que ha conseguido darme vergüenza ajena. Por supuesto no voy a poner un enlace. Faltaría más. Ya bastante tiene en todas esas cadenas al servicio de las discográficas que se encargan de poner una y otra vez las canciones más sosas del mundo. 

Pero quiero de verdad pensar que algo raro pasa en este país cuando los tres mejores discos "generales" del año son : "15 años" de Pastora Soler, "Para no verte más" de M-Clan y "A veces cuesta llegar al estribillo" de Rosendo Mercado. No quiero que se me malinterprete. No me parecen malas opciones teniendo en cuenta lo que había por ahí, ha habido un verdadero consenso. Aún así, la música elegida es más que conservadora y da la impresión que no se puede hacer en este país nada que se salga de lo habitual y tener una recompensa por ello.

Entonces...¿qué sentido tiene hacer una selección de la "mejor" música del año? Me refiero, seguro que se podría hacer una gran fiesta celebrando un año de artisteo patrio sin necesidad de decir lo que está por encima o por debajo de algo. Pocos van a estar de acuerdo, cualquiera que sea el ganador. Y lo peor, es que a nadie le va a importar demasiado. 

Sí, ellas también ganaron premios....


Realmente, todo esto es un preámbulo para mi pregunta final. ¿Para qué sirven los premios? Hace una semana, los Oscars repartieron su justicia premiando al que tenía todas las papeletas para ganar, no al que más gustaba a los espectadores, que en eso estaban más divididos. Parece que ya teníamos en nuestra cabecita un esquema sobre el posible ganador, aunque todos hayamos disfrutado más con otro tipo de película. Entonces, ¿los premios sirven para demostrar a todos qué exactamente? ¿Qué eres el que más ha vendido? Para eso están otro tipo de reconocimientos más crematísticos, supongo. Quizás, ¿para demostrar que eres el mejor? Y cómo es eso humanamente posible, quizás sea fácil saber quién es el mejor del año, no sé, deshaciendo nudos marineros. La velocidad y la maña se pueden cuantificar. ¿Pero cómo se puede valorar algo tan subjetivo como el valor de una obra artística, sea ésta musical, cinematográfica, pictórica o literaria? De acuerdo que una comisión de expertos se pueden reunir y decidir qué películas o discos son los mejores, pero eso puede tener un sentido en un festival, pero ¿cómo se puede medir la calidad de una sóla obra cinematográfica en relación con otras miles? ¿Quién las ha visto todas? Sólo el tiempo pone las cosas en su sitio, los premios de hoy pueden convertirse en sonoras meteduras de pata en el futuro. No, los premios son simplemente una pantomima sin sentido que se podría reducir en estos tiempos de escasez a unos canapés, un par de chavales tocando la guitarra en un rincón, y una maratón de monólogos de Shakespeare en clave baturra.