Miopes

Miopes

domingo, 20 de febrero de 2011

Mi Natalie

Willie Conway: [from a window] Hey.
Marty: Romeo and Juliet, the dyslexic version

En una semana sabremos si el óscar a la mejor actriz va para la protagonista de Cisne Negro, Natalie Portman. En una semana podremos ver si esta mujer de 30 años, con una formación académica y profesional impecable finalmente consigue el reconocimiento definitivo  en Hollywood. De Cisne Negro y su impresionante actuación hablaré en otro post, cuando llegue el momento. Hoy quiero hablar de Natalie Hershlag, más conocida como Natalie Portman.
Empezó a trabajar, muy joven a los doce años ya aparecía en un destacado papel en una película para nada sencilla llamada Leon, el profesional, junto con el francés más duro de los últimos años, Jean Reno.  Para muchos pasó desapercibida esta película nada despreciable con una relación un tanto sospechosa entre adulto y menor. Luego vinieron otras actuaciones, de diferente relevancia, pero siempre con directores interesantes como Michael Mann (Heat), Woody Allen (Todos dicen I love you), Tim Burton (Mars Attack) o participando en la precuela más famosa de la historia con Georges Lucas. Sin duda, Natalie estaba en el buen camino para convertirse en una de las actrices más conocidas y cotizadas, pero ella no quería eso y necesitaba  algo más (Closer, My blueberry nights, Free zone, V de Vendetta…). El resultado es una carrera irregular, pero que a los que amamos a esta señorita como un servidor, no nos importa. 
A lo largo de  la historia del cine, las estrellas del celuloide siempre han sido justamente eso, estrellas. Seres mitificados, exagerados, idealizados, idolatrados en algunos casos, envidiados en otros, admirados casi siempre, pero lo más importante, conocidos hasta límites desorbitados. Hoy en día, la percepción de la estrella de cine ha cambiado. Es un hecho innegable. Ya no estamos hablando de series intocables. Hoy en día no se pueden tapar los trapos sucios que los convirtieran en seres terrenales sin más. Hoy sabemos todo y más, o, al menos, tenemos a nuestro alcance el conocerlo. Tanto las verdades como las falacias desmitifican a estos actores, perdiendo parte de la magia que habían tenido, no ya en el siglo XX, también en épocas muy anteriores. Y, ¿a qué viene todo esto entonces? En cierto modo, uno de esos mitos actuales es Natalie Portman, al menos para mí. Puedo decir que me enamoré de esta mujer hace mucho tiempo, concretamente con la primera película que vi de ella, que no es otra que la de Beautiful Girls.
En el 96 empecé a interesarme por el cine. No es que no me gustara antes, claro que había mucho cine antes. Muchísimo, sobre todo de aquel que llamábamos “Blockbuster”, más que nada porque en los cines donde yo vivía había poco más que ver. Llevaba ya algún tiempo grabando todas las películas que echaban en la 2, y me pegué un empacho de cine clásico esperando poder compensar esas carencias en cultura cinematográfica. A partir de ahí me propuse buscar entre las novedades que podía encontrar en los cines de mi ciudad algo que se saliera de la norma, algo que “alimentara el espíritu además de las pupilas” (cuán pretencioso era en la época, hoy sé que no hay nada de malo en disfrutar de un “Jungla de cristal” y de un “8 y ½”, pero ya sabéis como son los intelectualoides). Recuerdo haber leído por entonces de una película que se llamaba “Beautiful Girls”. Era un comedia amarga que hablaba sobre el paso de la vida, y el afrontar las nuevas etapas sin anclarse en el pasado. Con un argumento sencillo, pero repleto de diálogos ingeniosos, con algunas actuaciones muy meritorias y con una banda sonora excelente, producida por Dave Stewart de Eurythmics y con grandes canciones a cargo de grupos indie de la época como Afghan Wings y otros más mainstream como Fine Young Cannibals o los mismísimos Kiss. Recuerdo que me compré ese Cd, no sé donde estará ahora….

Así fui al cine acompañado de mi novieta de la época, que no estaba muy convencida de ver un producto así. La historia es el regreso del personaje interpretado por Timothy Hutton ( Willie Conway) a su ciudad natal para un reunión de antiguos compañeros de instituto. Allí se mezclarán las historias de sus viejos compañeros, como todos echan de menos su pasado, más o menos exitoso, pero como sólo unos pocos  son capaces de mirar hacia adelante y no hacerse más daño. Willie llega a casa de su padre. Un hombre de memoria frágil y enfermo que no le hace sentir como en casa, y luego está su hermano, consumidor habitual de drogas que apenas sabe cómo reaccionar ante la llegada de su hermano. Willie está frustrado por su trabajo como músico en bares en la gran ciudad, su gran futuro parece haberse ido al garete y teme estar siempre a la sombra de su futura y exitosa esposa, que llegaría unos días después. Y es ahí cuando aparece Marty, una vecina de apenas 13 años (aunque Natalie tenía ya 15) con la que se inicia una amistosa relación que hace a Willie plantearse muchas cosas sobre su existencia pasada y … futura. 

Yo quedé totalmente enamorado de esa niña, jugando con la nieve en el jardín de su casa, mientras coqueteaba de manera inocente con Willie, haciendo caer a pedazos todo su mundo.  Apenas unas palabras y ya te sientes fascinado por ese personaje. Pero Marty no era una de esas “Lolitas” de obvia fascinación por parte de un adulto abandonado, es un personaje real. Sus diálogos no están cargados de una fuerza arrebatadora que te hace apuntarlos en lo primero que encuentras con el fin de repetirlos una y otra vez. Ahora bien, son mordaces, con esa mordacidad de aquellos que no saben que la tienen. Marty es una chica normal, que está empezando a descubrir el mundo que le rodea. Que lo observa con esa mezcla de pasión y desgana con la que miran los adolescentes. Natalie Portman era Marty, le confería una ternura e incluso una inocencia que resultaba real a los ojos del espectador. Natalie/Marty te sonreía de forma cándida, feliz ante el mundo de posibilidades que se le ofrecía. Ese personaje, carente de maldad o de un doble fondo que pudiera llevarnos a otro sitio más oscuro a la hora de entenderlo, se convertía en el personaje que se comía a toda la película. Decía Marty en un momento dado: “If I'm not mistaken, you've come back here to the house of loneliness and tears, to Daddy Downer and Brother Bummer, to come to some sort of decision about life, a life decision if you will” Willie respondía: “How old are you?” y Marty: “I am thirteen. But I have an old soul”. Marty/Natalie tenía una sonrisa que se contagiaba, una belleza cercana y tranquila. Es como una de esas personas que encuentras en el metro y la miras una vez, sigues leyendo, la miras otra vez, y vuelves a bajar la cabeza pensando en tus cosas, hasta que vuelves a mirar porque hay algo en esa extraña que te está llamando y no sabes qué es. Quizás no sea la persona más hermosa que has visto en tu vida, pero desde luego, la palabra "atractiva" cobra toda su fuerza en esa ocasión. 

Salí del cine como pocas veces he salido, con el placer de haber visto algo que me había dejado tan buen sabor de boca, que no quería que se acabara nunca. Eso no me ha ocurrido tantas veces como me hubiera gustado. Fue la primera película que fui a ver dos veces al cine, algo que tampoco ha sido demasiado frecuente después de tantos años. Ni que decir tiene que he seguido la carrera de Natalie Portman con mucha atención, ha habido de todo, es cierto, pero en general, no estoy decepcionado después de las sensaciones que tuve aquel día. Ese mismo año vi Heat y he de confesar que si lo hice fue más por ella que por la fabulosa unión entre Pacino y de Niro, tantas veces buscada. Quedé decepcionado por la poca atención que se le daba a "mi Nati", pero sabía que sólo era cuestión de tiempo. Luego se convirtió en Padmé Amidala, haciendo un papel más que sobresaliente para mí y en la muy interesante Closer, donde se exponían de forma explícita todas mis fantasías más ocultas en aquella escena con el c***** suertudo de Clive Owen.  Natalie Portman es alguien que ha sabido escoger, que quizás no ha tenido tanta suerte como debería, pero que desde luego se puede reprochar pocas cosas. Quizás la comedia "Sin compromiso" de este año sea una de ellas, con el insigne Aston "sólo-tengo-un-papel-importante-pero-me-acuesto-con-Demi-Moore" Kuschner, pero seguro que Cisne negro le sirve para redimirse. Adoro a Natalie Portman, qué le voy a hacer.

2 comentarios:

sergio dijo...

Muy bien por usted señor miope, está muy bien eso de atreverse a compartir a la luz pública los gustos sobre actores y actrices, más aun los que se basan en "motivos del corazón". Fíjese usted que yo siempre he sido un "fan" de Kim Novak, aunque sospecho que por motivos menos etéreos que su adoración por la sta Portman. Pero no lo he podido evitar!

Antò dijo...

Gracias Sergio por el comentario. Sí, tengo una debilidad por Natalie Portman y se ha ido reforzando con el tiempo. Así que mejor, un día me la encontraré y le diré aquello: Hola Natalie, soy tu fan nº1. Pero es que Kim Novak fue un auténtico boom. Rebosaba sensualidad port todos los poros de su cuerpo. ¡Eso no se evita!