Miopes

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sábado, 8 de enero de 2011

Peter Weir ha vuelto con su Camino a la Libertad

Hay algo que me suele molestar en ciertas producciones cinematográficas de alto standing, y pasa sobre todo en las norteamericanas, aunque no exclusivamente. Lo primero que vemos en pantalla al empezar la última película del (gran) director de Master and Commander, La última ola o El club de los poetas muertos, Peter Weir, es un cartelito para no entendidos en la historia del siglo XX: (algo así) "En 1941, Hitler había invadido la parte Oeste de Polonia y Stalin la parte este, entre los dos se repartieron el país". Gracias por la aclaración, así todos los espectadores parlanchines que tenía a mi alrededor no se perdían y podían situarse en el tiempo. Y luego está el epílogo final, que no voy  a desvelar, pero todas esas imágenes de archivo y esos titulares que intentan contarnos que ha pasado con esa Europa que se encontraba Bajo el Telón de Acero. Las obviedades me gustan en su justo término, pero las obviedades que se toman en serio, esas me fastidian más que otra cosa. 

6/10

Camino a la libertad (The way back, 2010) está basado en el libro "The Long Walk: The True Story of a Trek to Freedom" de Slavomir Rawicz, que cuenta la historia real o basada en hechos reales de unos prisioneros en una cárcel de Siberia en la URSS de Stalin justo a mitad de la Segunda Guerra Mundial. Algunos de esos prisioneros son políticos por ser "enemigos del pueblo" y contrarios al partido y otros son púramente criminales. Ya en una de las primeras escenas, uno de los soviéticos encargados de la prisión se encarga de contarnos que el auténtico carcelero allí no es otro que la propia naturaleza extremadamente hostil que rodea el lugar. En efecto, los paisajes son bastante extremos, aunque no auténticos, ya que la parte de Siberia se rodó en Bulgaria. Algo que no me extraña porque esta película absolutamente antisoviet no creo que sea del gusto de la Rusia actual. La historia se centra en Janusz (Jim Sturgess) que traicionado por su esposa es deportado a Siberia como enemigo del partido comunista. Allí entabla una serie de amistades y un día deciden poner su plan de escape en acción. A partir de ahí se desarrolla la trama, su intento de huida hacia algún lugar donde no puedan ser deportados por las huestes comunistas. Es la odisea de estos personajes a través de montañas, temperaturas inhumanas tanto por el frío como por el extremo calor, y la propia lucha personal. Digamos que hasta aquí todo está bien. La historia me parece realmente interesante y en verdad creo que se merecen toda la publicidad posible esos hombres que consiguieron lo imposible. Pero sinceramente, creo que no es suficiente. Unos paisajes excepcionales, unos momentos de reflexión y otros donde el coraje de los personajes se ponen a prueba pueden ser resultones en pantalla, pero, vuelvo a decir, no es bastante para decir que ésta es una gran película ni mucho menos. 

Peter Weir es un buen director, o al menos ha hecho muy buenas películas hasta ahora, y supongo que las seguirá haciendo en el futuro, pero aquí ha dirigido una historia de las que se llaman efectistas. Todo está dibujado a trazos, a fragmentos en los que los actores no tienen tiempo de mostrar ninguna tensión dramática para que el espectador pueda realmente engancharse a ellos. El escape de la prisión se hace en un minunto, sin apenas imágenes, no sabemos quienes son los prisioneros que escapan, a excepción de los personajes de Janusz, el americano Smith (Ed Harris) y el criminal Valka (Colin Farrell) que ya habían quedado más o menos dibujados. A partir de ahí, todas las escenas se van desarrollando de forma bastante rápida, casi como no queriendo aburrir al espectador con la historia de unos personajes que se dedican a caminar y a caminar sin parar. En algunos momentos me siento como si estuviera viendo las diapósitivas de la expedición. Hay personajes que sobran, pero no me voy a meter en eso ya que es posible que sean los de la historia original y es lícito tanto el respetar esa historia como el no hacerlo. Es por eso que creo que Weir abusa de las imágenes de los distintos paisajes, como queriendo que éstas sean un personaje más, pero creo que sólo consigue crear un batiburrillo de lugares con los que no nos sentimos relacionados en ningún momento.
En cuanto a las interpretaciones, son propias de las grandes producciones con tantos personajes. No están mal o no hay tiempo de saber si están mal, porque apenas tienen diálogos más o menos interesantes, salvo algunas réplicas sin demasiada gracia o algunos momentos que intentan ser de emoción personal, aunque, insisto, conmigo no lo consiguieron. También tengo que decir que éramos cuatro viendo la película, y el único que piensa así soy yo, por lo que es posible que guste a más de uno. Las mejores escenas son aquellas más introspectivas, las del desierto realmente no están mal. También me gustó bastante la escena del primer fuego fuera de la prisión, no quiero desvelar nada más. La escena inicial me confirma que el actor Jim Sturgess (un desconocido para mí) no podía sostener toda la película, y así fue. No me ha gustado demasiado, pero vuelvo a repetir que apenas ha tenido escenas en las que demostrar su valía actoral. Los conocidos Farrell y Harris están bien. El veterano Harris siempre está bien, o siempre hace el mismo papel como queráis. Farrell está especialmente bien aunque teniendo en cuenta el resto de actores, no parecía muy difícil salirse. Un fallo mío, si bien inevitable, es verla en versión doblada. Como siempre este tipo de películas donde los acentos son tan importantes (polaco, serbio, inglés, letón, ruso, mongol...) pierden mucho en el doblaje. 
En definitiva, se trata de una buena historia, potencialmente buena que incluso puede llegar a emocionar si conseguimos empatizar con los personajes, que nos lleva por unos parajes donde poner a prueba la resistencia humana y una cosa muy importante: cuenta una parte de la historia que, al menos el que os habla, no estamos demasiado acostumbrados a oir, la de los prisioneros por el lado soviético, la de la dureza de sus vidas y la del olvido que sufrieron por parte del resto del mundo.

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