Miopes

Miopes

lunes, 10 de enero de 2011

El dolor ajeno

Este fin de semana nos hemos encontrado con un nuevo suceso en los USA relacionado con las armas y con los extremos políticos. El atentado del otro día ha suscitado una gran polémica, no solo por el acto criminal en sí, sino por toda la guerra ideológica que supuestamente había llevado a ello. No quiero hablar ahora de esas 6 muertes y del estado crítico en el que se encuentra la congresista Gabrielle Griffords. Está en todas las tertulias y se pueda encontrar opinión por todas partes al respecto y tampoco es que tenga una opinión formada sobre el asunto ni mucho menos. Me parece un espanto porque por principio estoy en contra de la violencia. Creo que ese tipo era un ser obseso, desquiciado, que ha dado rienda suelta a su odio de una manera fatal. 
Me gustaría comentar que tenemos información muy detallada de las víctimas, su historia personal, incluso alguna casualidad bastante cruel relacionada con el nacimiento de una niña. Seguimos el estado de los heridos sin mucha dificultad gracias a las versiones online de los principales periódicos naciones e internacionales. Y, sin embargo, cuando pasa algo así en ciertos paises, donde los atentados son costumbre, apenas tenemos una noticia en los telediarios del día, una crónica en los periódicos y al día siguiente no tenemos apenas nada. Todo el mundo sabe a que me refiero. Prácticamente tenemos algo así o incluso mucho peor, todos los días y ¿de cuántos hablamos con los amigos o compañeros? Apenas somos capaces de recordar si es Irak, Somalia, Afganistán o la India. Ahora bien, Tucson, Arizona, no se nos olvida. No es que lo vea mal, ni creo que el atentado no se merezca repercusión. Al contrario, yo lo he segudio bastante y lanzo un mea culpa respecto a esos olvidados de cada día.
Voy a contar una anécdota personal. Cuando sucedió el atentado del 11-M, estaba viviendo en Francia. Estaba dando clase de español en un instituto. Ese día, mientras me afeitaba escuchaba la radio y hablaron de un ataque terrorista (hablaban de ETA, obviamente) en Madrid, con muchos muertos, una veintena se decía. Conforme pasó el día fueron aumentando las cifras y alcanzó la que todos conocemos. Al día siguiente volví al instituto donde trabajaba. El día anterior ya había hablado con los compañeros, no había demasiada información y por la tarde ya me fui enterando de todo, con lo que estuvimos hablando de que había sido un gran atentado de ETA y que esta vez habían ido demasiado lejos y otras muchas cosas que se decían en un primer momento. Como digo al día siguiente llegué al colegio y me dispuse a dar clase a unos alumnos de unos 16 o 17 años, eran mis alumnos mayores. Como era clase de español, el atentado salió en la conversación. Estaban enterados por supuesto, pero desde luego, dicho antentado no había supuesto un gran shock en sus vidas. El día anterior yo lo había vivido con bastante intensidad y apenas me daba cuenta que ellos no tenía porqué hacerlo. Me preguntaron si conocía alguien en Madrid, si había novedades y cual era mi opinión sobre la autoría del ataque. Una alumna me dijo que efectivamente, había oido sobre el atentado y lo había habldo con sus padres. Peor el 11-S había sido más importante, me dijo. Y luego me habló, con bastante frialdad, sobre la cantidad de atentados que se producen en el mundo y que, en cierto modo, el de Madrid había sido uno más. Que lo único que podía llamar la atención es que había sido en un país vecino, pero no tenía porqué tener más relevancia. Además, hace unos años había habido una guerra en Europa, la de los Balcanes y ese asunto sí que merecía debate (era de origen eslavo, pero no sé exactamente de donde era, nunca lo dijo). En un principio me enfadé, aunque no lo demostré porque me parecía que no debía hacerlo. Puse cara de póker, acepté su opinión. Hubo alguno que se la rebatió, pero algunos incluso la apoyaron. Yo no lo entendía en ese momento, me había tocado demasiado de cerca ese acto terrorista como para pensar que es algo cotidiano en otros sitios. Al fin y al cabo la cercanía es lo que podemos cuantificar, sólo cuando podemos tener la percepción de algo podemos entenderlo, amorlo u odiarlo. Todo lo demás, es ignorancia o indiferencia.
Lo comenté con mis compañeros. Algunos hablaron de la poca sensibilidad de la chica. Pero realmente, tenía razón. Ella no le quitó importancia al atentado, al contrario. Ahora me viene a la cabeza lo de las píldoras del dolor ajeno que se pueden encontrar ahora. Me estaba hablando de  la poca visión global que tenía sobre lo que realmente estaba pasando. Ese ataque hablaba de la salud del planeta. Hablaba mal, daba miedo este mundo. Sigue dándo miedo. Simplemente quiso que no perdiera la perspectiva de la realidad que nos rodea y me hizo ver que sólo los ojos con los que se ve otorgan la importancia o no de algo. Ni que decir tiene que la chica en cuestión era brillante y aprobó con un 20/20.

3 comentarios:

Ana dijo...

No te quiero ni contar el cuerpo que se me quedó a mí cuando a un amigo irlandés (buena persona, lo juro), se la refanfinflaron los atentados del metro de Londres. Dijo algo así que lo que les pasara a los ingleses se la traía al pairo... le tuve en cuarentena como 6 meses, pensando que era una mala persona. Pero es que no es mala persona. Sin embargo claramente hay diferentes respuestas personales a distintas formas de violencia y lo que es más fuerte es que dependiendo de cuáles sean las dianas de esa violencia, podríamos llegar a justificarlas... "se lo merecían". Depende del cristal con que lo mires.

Andrés dijo...

Es que, hasta que no te toca, no te enteras de lo mal que está en el mundo. Realmente lo que cuentas de esa chica es cierto, perdemos la objetividad.

Hay muchas muertes que se producen al día y podrían ser evitadas, y sin embargo nos centramos en algunas producidas que se les da más bombo, como las del 11-S.

Seguro que si les dijesen de dar un millón de dólares a cambio de no haberse producido el 11-S, muchos países hubiesen aportado dinero.

¿Por qué no se destina entonces ese mismo dinero en salvar la vida de muchas más personas en países del tercer mundo en el que no tienen medicinas y otras cosas básicas?

Efectivamente, mueren sistematicamente muchas personas en el mundo, pero no aparecen en las noticias. La humanidad se lo ha montado pero que muy mal.

Saludos.

Antò dijo...

Ana: entiendo lo que te pasó, alguna vez me he encontrado a alguien así. No creo que tenga que ver lo de ser buena o mala persona, es simplemente el tener la empatía suficiente y sobre todo el que tus manías personales no te nublen la perspectiva de las cosas.

Andrés: A veces creo que si pudiéramos sentir de repente empatía por todo lo que vemos en el mismo grado, caeríamos en una depresión sin fin. Supongo que debe ser una forma de mecanismo de defensa. Lo que comentas del dinero es de locos. Es quizás el acto más egoista que la humanidad entera puede hacer. El gasto en defensa, en organización de espectáculos que duran 15 días y después adiós muy buenas o simplemente el bloqueo al envío de alimentos en masa a los países pobres para no abaratar precios, prefiriendo la destrucción de esos alimentos...en fin, me parece que no somos conscientes de nada y algún día nos va a explotar en la cara. Perdón por el tono apocalíptico.

A cuidarse...