Miopes

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jueves, 6 de enero de 2011

Breve encuentro

Fue justo pasando por la Merced, aquí en Murcia. Era ya tarde y el trasiego de gente que iba y venía creaba la típica postal navideña previa a la Epifanía. Yo sentía una ansiedad que iba en aumento, quizás por las tareas que me habían encargado quizás por saber que el tiempo se me echaba encima o quizás simplemente que es que odio a la gente, sobre todo a la que va de compras tan tarde. No es el caso, vaya. Pero es lo que tienen las situaciones de stress. Sobre todo, las que nos inflingimos nosotros mismos. Decía entonces que iba andando, sólo, pensando en mil cosas, ninguna parecía tener una solución y todas se resolverían solas. Y así, como en el poema de Ezra Pound o quizás aún mejor, como en la canción de Tom Petty, una cara en la multitud. Puede que sea sorprendente para la mayoría, ni tan siquiera algo reseñable, pero para mí cada vez lo es más. Hace tiempo que me fui de aquí y la gente que conocía ya ha dejado de ser esa gente que fue, como yo también lo he hecho. He estado de un lado para otro los últimos doce años y mi círculo de amistades ha venido reduciéndose de forma considerable, el roce hace el cariño y la distancia, pues eso. Y fue justamente ese el motivo que me hizo sorprenderme cuando esta chica me saludó y se paró unos segundos a charlar. Hacía años que no nos veíamos, quizás hasta quince años desde la última. Se trataba de una compañera del instituto, cuando terminé seguimos viéndonos un poco, pero luego ya me fui a Francia y pasaron los años, y simplemente pasó la vida. 
No es que tuviera una relación especialmente cercana con esta chica, nos llevábamos bien, pero nunca fue una de esas personas cercanas que dejan huella, que ayudan a forjar tu carácter. Era esa cara amiga que te gusta encontrar al fondo del bus, con la comentas las diatribas del día a día, con la que no tienes tiempo de enfadarte, quizás porque aún continuas manteniendo las formas. Pero tenía algo de especial ese encuentro. Desde que dejé Murcia y fui dando tumbos por diferentes lugares, he ido perdiendo raiz en vez de echarlas como el resto del mundo. En Madrid nadie tiene un pasado o al menos se te permite el inventártelo, cuando estaba en Francia qué mas da de donde viniera, lo mismo en Inglaterra y en Irlanda. No me malinterpretéis, no es que fuera por ahí fingiendo ser quien no era, no es el caso, siempre he sido bastante franco y sobre todo, nada pretencioso. Pero admito que me sentía muy cómodo charlando con gente que acababa de conocer, que no tenía una idea prefijada de mi o de mi familia, o de mis amigos, como suele pasar en los pueblos. Puede que estemos hablando de ser un poquito más libre. Ahora vivo en Burgos, ahora estoy casado y claramente estoy echando raíces. Además ya empiezo a tener un grupo de amigos "propio", y más o menos fidedigno. He encontrado de nuevo un sitio. Sin embargo, hay algo que me hacía pensar. Es un detalle sin importancia, que incluso pudiera molestar a algunos. Cuando estoy con alguien en mi ciudad actual, tranquilamente tomando un café por ejemplo, y esta persona en cuestión saluda a algún amigo de la infancia. De la infancia. Ése es el punto importante. Cuando hablé con esta chica y poco a poco nos fuimos poniendo al día de nuestros asuntos (que si nos hemos casado, que si no has cambiado nada, que si tú has mejorado mucho, insinuas que antes estaba mal, etc.) me di cuenta enseguida que lo que esta chica sabía de mi era justo lo que todos mis amigos de la actualidad ignoran excepto lo que yo les haya podido contar. Esta chica ha vivido en primera persona esos años tan incomprendidos que son los de la adolescencia y uno siente que ese es el elemento que falta para completar el puzzle de mi vida. Fue un breve pero bonito encuentro, seguramente más importante para mi que para ella. Serán las fiestas que me están ablandando...aunque como ella misma dijo: "tú siempre fuiste un poquico alelao hijomío".

P.D. Tengo la impresión que esta entrada no tiene nada que ver con el resto del blog...pero teniendo en cuenta mi falta de coherencia a lo largo de los años, precisamente he ahí la lógica. Por cierto, sigo escuchando (mientras hago escribo esto) a esta chica llamada Ingrid Michaelson a la que cada vez admiro más. Ésta es "Maybe" de su disco "Everybody" (2009), sé que sus títulos no son lo más original del mercado, pero no os dejéis llevar por las apariencias a estas alturas de la película



2 comentarios:

sergio dijo...

Muy bonito post señor miope, a pesar de su tono personal creo que se puede aplicar a cualquiera (casi) de nosotros. salu2

Antò dijo...

gracias hombre. Entiendo que estas sensaciones son universales. Un saludo!