martes, 17 de abril de 2012

Elefantes

Dice L'Encyclopédie des Symboles (traducción de la edición alemana de 1989 de Hans Biedermann) que el elefante tiene un valor simbólico eminentemente positivo. De ese "grand cuerpo que asusta a los niños", como decía La Fontaine, la Europa moderna se queda sobre todo con la enormidad "elefantesca", la torpeza de un "rompedor de porcelana", pero también y principalmente su proverbial memoria. Sin olvidar una fuente de riqueza, ahora ya ilícita, para los traficantes de marfil: "Millones de años de evolución transformados en joyas, estatuillas, piezas de ajedrez o dudosas sustancias medicinales", suspiraba un enamorado del paquidermo cuyo primer ancestro aparece en Egipto hace unos cuarenta millones de años. ¿Es esta longevidad, su talla de gigante que contraste con su relativa placidez, su inteligencia, el hecho de ser el mayor de los mamíferos que lleva a su bebé durante veintidós meses y que celebra su llegada o su comportamiento altamente socializado, su manera sorprendente de honrar a sus muertos lo que le ha hecho tan popular? Europa, aunque no lo conocía salvo por los zoos o los circos, lo ha convertido casi en un fetiche, quedándose primero con ese aspecto de gran genio protector. No hay niño que no conozca al famoso Babar y su compañera Celeste dibujados por Jean de Brunhoff, quien ha inmortalizado en sus elefantes que caminan "trompa con cola" una hermosa imagen de la fuerza solidaria y continua. 

Sin embargo, hay que ir a sus tierra de elección natural, África y Asia, para poder tomar toda la dimensión simbólica del elefante. Así, los jefes de los Bamiléké de Camerún tienen un doble bajo la forma del elefante, ya que el animal posee una fuerza misteriosa, el llamado "Ké", que viene a reforzar el poder de aquél que sabe conciliarlo. Pero hay que saber cuidarlo, la muerte del Ké conlleva la muerte de su doble humano. Se convierte así el elefante en un signo de poder: aparece en las máscaras, en los tambores, adorna las pipas o los tronos de los reyes. Cada dos años, con motivo de una gran fiesta, se planta un colmillo con el fin de asegurar la fecundidad de la naturaleza y de los hombres. Pero el elefante africano, de grandes orejas desplegadas y con grandes colmillos de marfil, hoy diezmado por los cazadores, permanece como un animal libre, extraño al hombre. Así que su montura por los cartagineses para asustar a los romanos fue algo breve y pasajero. 

Todo lo contrario que su pariente el asiático: más pequeño, orejas planas, pequeños colmillos, incluso ausentes en las hembras...Compañero familiar, participa tanto en la fiesta como en la labor. Está omnipresente en los mitos de la India. En los relatos védicos, aparece en los partos sucesivos de la diosa Aditi. Entre los dioses más populares del hinduismo, tenemos a Ganesha, hijo de Shiva y de Parvati, hombre con cabeza de elefante, dios del Conocimiento cuyas grandes orejas filtran las palabras de los fieles, pero que representa igualmente su doble naturaleza: su cabeza es el macrocosmos, la no manifestación del ser, mientras que su cuerpo representa el microcosmos de la humanidad. También el elefante sirve de montura al dios del Rayo Indra y a Kama, el dios del Amor. Por otro lado, Budha se reencarna en un elefante blanco como la nieve con seis colmillos. Védicos, hinduistas, budistas, el elefante está siempre presente. Quizás sea la lentitud un símbolo de la sabiduría. En China también el elefante está relacionado con la fuerza y la inteligencia. Incluso en la Antigüedad se le relacionaba con el dios Mercurio por su inteligencia. 

En la mitología cristiana, el elefante representa la victoria sobre la muerte por su longevidad. Pero también la castidad, la protección contra la "serpiente enemiga" o incluso escenifica en algunos textos el mito de Adán y Eva. Para reforzar ese carácter positivo del elefante, se decía que quemar sus pelos o huesos hacía huir a los demonios. Se habla del pudor de este animal, por su costumbre de aparearse en el agua. Es habitual encontrar al elefante, en Europa, en los cuadros que representan el paraíso, llegando a convertirse en un emblema durante las cruzadas. Incluso se creó una orden cruzada en Dinamarca en 1464.

En cuanto al psicoanálisis, el elefante tiene un componente fálico debido a su trompa, pero también encarna la sabiduría de la vejez (el color gris), sin ninguna agresividad. En los sueños, este animal representa la realidad terrestre en las personas que tienen dificultad en guardar el contacto con dicha realidad. Para los chinos, montar un elefante (como muchos héroes legendarios) es signo de felicidad. 

Felicidades si habéis aguantado hasta este punto. Me he quedado asustando con el video promocional de la agencia ésa que le ha hecho el tour al rey allí en Botsuana o Bostwana, o como se escriba. Un animal con semejante simbolismo e importancia es matado de forma brutal por simple placer. A distancia, con balas de gran calibre y bien protegidos. El objetivo básico: hacerse una foto con un ridículo chaleco amarillo y un majestuoso animal hincado a tierra en una posición ridícula, la última ofensa que recibe antes de su despiece final. Hay muchas cosas que están mal en el asunto del rey Juan Carlos y su caza de elefantes: la falta de oportunidad es una de ellas, la falta de pudor es otra, y el sentimiento que me queda es que a toda esta gente le damos igual los elefantes y los pobres desgraciados que quedamos por aquí. Ay si el coronel Hathi pudiera decirle un par de cosas a su Majestad...


domingo, 15 de abril de 2012

Lostprophets - Weapons

LOST PROPHETS - Weapons (RCA, 2012)
6/10
Mi única problema con Lostprophets, una de las bandas más exitosas del rock actual en el Reino Unido, es que tienen grandes inicios, regulares continuaciones y peores finales. Siempre tienen algún tema para romper que suena potentísimo, pegadizo y cargado de fuerza. Esos coros tan característicos más propios de campo de fútbol, esas letras directas a veces demasiado enfocadas al adolescente perturbado medio, esa   excesiva preocupación por su look. En definitiva, la banda de Cardiff tienen todo para triunfar, pero tampoco van a cambiar tu forma de ver el mundo. Tampoco pasa de nada, no todas las bandas de las islas tienen que tener a Bono en sus filas. Afortunadamente.

Aquí, de nuevo, me vuelvo un poco contradictorio. En realidad, sí me gusta la música de sus dos últimos discos (los dos primeros no los tengo muy en consideración), esos himnos que tanto resultan, con la resultona voz  de Ian Watkins y el enérgico sonido del resto de los músicos. Canciones como Everyday combat o A town called Hypocrisy me suben la moral y las suelo escuchar a todo volumen en cuanto tengo ocasión. Su disco anterior, The Betrayed, me pareció bastante conseguido para ser una banda que aspira a lo que aspira. Lo que hay que tener claro es que los galeses no quieren ser una banda de nu-metal, ni de post-hardcore ni de ninguna de esas etiquetas que quizás sí tuvieron al principio. Hay que esperar un pop/rock "enriquecido", que tampoco tiene porque ser algo malo en principio. En este último disco, Weapons, lo muestran a las claras. Canciones como Another shot o Jesus walks (no confundir con el clásico moderno de Kanye West) podrían haber estado grabadas por bandas tipo Simple Plan. Lo que no quiere decir que me disgusten. Precisamente Jesus Walks tiene un estribillo bastante pegadizo y me recuerda con esos coros tan magníficos al rock de hace dos décadas que tanto me gusta.

El corte de inicio es muy de la banda, un acelerado punteo, un coro pidiendo guerra y una canción que habla de no rendirse y darlo todo. Bring'em down es su presentación, a la que sigue We bring an arsenal, que podría ser la continuación argumental de la primera. De nuevo ese estribillo a coro perfecto para los conciertos. Una cosa es segura, las canciones podrán estar más o menos trilladas, pero resultan perfectas para el directo. Better off dead es un temazo, uno de los que más me han gustado. Tiene una intro diferente donde Watkins intenta un pseudo rapeo sin llegar a ser Linkin' Park, pero que consigue un efecto interesante que diferencia del resto de temas. No en cuanto a la letra, que sigue hablando de luchar contra el sistema y de no dejarse vencer. Seguimos con más temas "fáciles" como Heart on loan, que sin duda son pegadizos y disfrutables, lo que no quita esa sensación de haberlo oído todo antes. Somedays es un tema lento que comienza con guitarra acústica, también está muy logrado y la verdad es que te deja buen sabor de boca. Un disco que rezuma buen rollo, o, por lo menos, esperanza en los tiempos que corren, tampoco están tan mal. Me ha gustado este quinto lanzamiento de los de Cardiff, creo que confirma que la banda está haciendo una discografía interesante y seguro que agradará a aquellos que disfrutaron con Liberation Transmission o The Betrayed, o a los que les guste Funeral for a Friend o My Chemical Romance. Desde luego, el rumbo tomado por los MCR en el último disco se parece bastante al de Lostprophets, solo que los galeses siguen queriendo hacer la banda sonora de una película de acción standar mientras que los MCR van ya directamente a por los superhéroes. No sé si me explico...seguramente no.

sábado, 14 de abril de 2012

Last Witness - Mourning after. Exorcismo hardcore concentrado

LAST WITNESS "Mourning after" (Holy Roar, 2012)
7/10
Hay momentos en los que necesitas llenarte de energía. De energía pura, nada de medias tintas. Cada uno lo busca donde puede, la música siempre ha sido mi principal fuente y cuanto más extrema y acelerada mejor. Y es así que escuché hablar muy bien de estos chavales que sin inventar la rueda, consiguen plasmar en sus composiciones todo lo que el hardcore significa. Los 28 minutos que dura el último trabajo de los británicos Last Witness son sencillamente abrumadores. Pura potencia concentrada en ocho cortes de una intensidad arrolladora. La banda londinense con el intenso cantante Theo Kindynis a la cabeza, se formó allá por el 2006. Cuatro días que tienen. Ya cuentan con dos discos y un EP, y una legión de fans in crescendo. Su hardcore/metalcore o todo lo core que tu quieras,  con una base rítmica impresionante no deja indiferente a nadie. En realidad las etiquetas tampoco dicen mucho, no parece que Last Witness haya pensado mucho en qué estantería situar su fantástico Mourning after.

He leído que algunos ya definen este disco como el Reign in Blood del siglo XXI. Toma ya. Comparaciones aparte, Last Witness ofrece aquí un disco honesto, nada de florituras o posturitas cara a la galería. Una colección de riffs mastodónticos, más heavy que punk, dentro de un marco de angustia vital transmitido en las letras de Kindynis. 

Desde el comienzo de The Void, el grupo nos somete a una sesión de las que te dejan sin aliento. Se nota sinceridad a cada tema que sigue, te guste o no el estilo, se aprecia el esfuerzo del quinteto por poner en el disco la contundencia de su directo. Todos los temas son destacables (o parecidos, tampoco vamos a engañarnos, esto es hardcore no una sinfonía), pero el tema estrella sería Somnanbulism, uno de los más salvajes, que es decir mucho, pero además uno de los más variados. Las dos últimas canciones son un fin de fiesta desbocado, acabando con la más metálica para mí, Marionette. Me quedo, sin embargo, con la batería y los riffs de Disappearer, casi recordándome a unos Pantera, de los buenos tiempos con el añorado Dimebag Darrell. El amigo de Phil Anselmo no dudaría en meter estos temas en su repertorio. El gran problema del disco es precisamente la monotonía que puede ofrecer. Habrá alguno que no le parezca un inconveniente, claro que sí, pero es que los gritos desaforados de los cantantes hardcore me suelen fatigar un poco. Aquí no ha sido una excepción, pero se compensa con una energía desbordante. Uno de los discos que más estoy escuchando hasta ahora, claro, son solo 28 minutos, pero vaya 28 minutos...



viernes, 13 de abril de 2012

"L'amore è femmina" de Nina Zilli. Laca, amor y fantasía

NINA ZILLI "L'amore è femmina" (Universal, 2012)
7/10
Para aquellos que no conozcan a Maria Chiara Fraschetta, conocida artísticamente como Nina Zilli, quizás deberían saber dos cosas. Una buena y otra mala. La buena es que han dicho de ella que es la Amy Whinehouse italiana. Pensándolo bien, quizás no sea tan bueno. Su estilo se puede asemejar, principalmente en su primer disco, y la estética no anda muy lejos (aunque mucho más saludable, dónde va a parar). La mala es que la Zilli va a representar a Italia en el próximo festival de Eurovision. Depende si eres un fan de este concurso tan...especial, o no. En mi caso, esta participación supone una mancha en el expediente. Una cosa es San Remo, que en Italia es algo muy importante, pero algo muy distinto es la pantomima eurovisiva. Ahora bien, entiendo que siempre se pueden sacar cosas interesantes de dicho festival. En realidad, este escepticismo que presento por Eurovision y Nina Zilli se debe al encasilllamiento que supone. La cantante nacida en Piacenza es mucho más que una rutilante estrella pop que desea abrirse camino por la puerta grande. En sus discos escuchas R&B, soul, ska, reggae...también pop, pero el que nos lleva a las grandes cantantes italianas de los setenta, a Mina, a Patty Pravo, etc. Se hizo muy conocida, incluso fuera de Italia, con su primer EP y su primer disco, Sempre lontano (2010) gracias a ese hit que fue 50mila. Una canción fantástica sacada directamente de los años sesenta e incluida en la banda sonora de Tengo algo que deciros de Ferzan Özpetek. 

Y ahora viene el segundo disco, con el contundente nombre de L'amore è femmina. En general, un disco que no me ha enamorado, al menos no de sus canciones. Otra cosa es la interpretación de la Zilli, que es espectacular. Son temas más pop, aunque también hay cierta experimentación, sin tampoco venirnos demasiado arriba, con una influencia mucho mayor de Mina. Se deja a un lado aquí a la cantante favorita de Nina Zilli, la otra gran Nina, Nina Simone. Canciones ligeras, con estribillos fáciles, arreglos musicales con sello retro, ideales para escuchar de fondo, pero quizás no dejarán la marca que debiera alguien tan apasionado por la música y con tanto talento. 

Se abre el disco con Per le strade, el tema más pop de todo el álbum, pero siempre dentro de la línea de la tradición italiana. Per sempre es el segundo corte, y si se puede decir algo así de alguien tan jove, es una canción marca de la casa. La voz profunda de Nina va subiendo para un estribillo emocionante, cargado de fuerza que te transporta a otra época. Una notte sería un tema que continuaría con la línea de Amy. También dentro del soul más light con unos arreglos años setenta. L'inverno all'improvviso es una canción muy elegante, con otro gran estribillo y unos arreglos muy atractivos. Pero acusa la repetición y la monotonía que están presentes a lo largo del disco. La felicità es una de las mejores interpretaciones del disco, un tema lento que te va atrapando a cada escucha. L'amore è femmina es el tema con el que va a ir a Eurovision. Entiendo por qué, unos coros más rock que el resto del disco, unas guitarras algo más presentes. Seguro que es una canción pegadiza, algo repetitiva también. Piangone le viole es otro de los cortes "modernos", una canción que entra fácil, muy pegadiza. Non qui empieza con unos arreglos orquestales que le dan un toque a banda sonora clásica de James Bond, etapa Roger Moore, me temo. Un pequeño cambio lo tenemos en La casa sull'albero, el tema blues del disco: "siamo condannati a far la spesa solo il sabbato in un centro commerciale fuori città", poesía urbana de actualidad que diría aquel. Anna tiene esas guitarras que tan bien entrarían en Pulp Fiction. Un'altra estate es totalmente italiana. Te imaginas a a una Rita Pavone interpretando perfectamente esta canción tan vintage. Y sin embargo también te puede hacer pensar a Madness en cierto modo. Y finalmente, tenemos Lasciatemi dormire, otro tema muy ligero que invita al buen tiempo y a echarse una siesta sin contemplaciones. En definitiva, un conjunto de canciones pegadizas, agradables, incluso bonitas...es decir, un poco sosas. La Zilli puede hacerlo mucho mejor.



jueves, 12 de abril de 2012

Apocalipsis Z: La ira de los Justos, de Manel Loreiro.

Tengo un cierto hartazgo con todo el tema zombie. Sí, era de esperar. A poco que te guste este mundo del No Muerto (como dicen en Apocalipsis Z), vas a tener una sobredosis de infectados que te puede llegar a saturar. Cierto es que pasaría lo mismo con cualquier otro tema. Sin ir más lejos, los tres últimos libros de ciencia ficción que he leído (Niourk, El juego de Ender y Los juegos del Hambre) tienen una temática "sorprendentemente" parecida. El héroe que nace o se hace. Personajes descubriendo la vida que se ven sometidos a una prueba más allá de lo humano. Algo así pasa con el abogado protagonista de la serie Apocalipsis Z.

Lo de Manuel Loureiro es el gran ejemplo de como la literatura se adapta a la sociedad en la que vivimos. Me explico. Siempre ha habido historias y siempre las habrá. Y aún más si éstas son de terror. El formato, es lo de menos. Igual que el bueno de Dickens, cumpliendo este año su 200 aniversario, Loureiro fue publicando su primera novela por fascículos. No en una revista literaria o en algún periódico, sino en un blog, que es mucho más adecuado. Más tarde vino Dolmen y publicó esa primera parte, seguida de una segunda llamada Los días oscuros y esta tercera y concluyente La ira de los justos. El abogado, como su protagonista, convertido en guionista y autor de éxito, Manuel Loureiro (Pontevedra, 1957) ha conseguido crear una historia llena de acción y terror y desarrollarla plenamente a lo largo de tres entregas que han ido mejorando en cada libro. Personalmente, veo este ¿último? libro mucho mejor que los dos anteriores, tanto a nivel argumental como de estilo. 

Argumento (con spoilers, seguramente)

Los protagonistas supervivientes del desastre de las Canarias están en un barco en medio del Atlántico. Una tormenta casi les hace zozobrar pero son rescatados por un inmenso petrolero. Todo parece fantástico, de cuento de hadas, casi un crucero en medio del colapso mundial. Pronto se dan cuenta los personajes protagonistas (Manel, Lucía, Viktor y el gato Lúculo) que aquello no es como parece. Están dentro de un buque claramente fascista y además radical cristiano que pertenece a, quizás, la última ciudad que resiste en el planeta, Gulfport en Estados Unidos y cuyo jefe es una reverendo llamado Greene que está fascinado con la ira de Dios y la pureza de sangre. No son buenas perspectivas para los héroes de AZ. Por otro lado, otra trama aparece. Un país ha quedado a salvo de la horda zombi. No podía ser otro que la hermética Corea del Norte. Sin embargo, la escasez de alimentos y de energía hace que esté en peligro de hambruna crónica y mueran encerrados en su propia seguridad. Un grupo de soldados irá a interceptar ese barco y hacerse con todo el petroleo para poder convertirse en la nación más poderosa del planeta, ahora sí. Evidentemente, no hay ninguna más. Además sabremos de un medicamento que puede ralentizar el virus TSJ, es decir, el virus zombi. Y también conoceremos al prinicipal enemigo de los No Muertos, que no es precisamente un abogado de Pontevedra. 



Opinión subjetiva

Entiendo que el género zombi no es la cima de la literatura moderna. No se puede ser preciosista contando una historia de zombis, quizás porque sería una historia aburridísima, y eso no es lo que estamos buscando. Si bien es cierto que World War Z de Max Brooks tenía una calidad fuera de lo común, que desde luego no he visto en esta trilogía zombi. También es cierto que se trataba de un género completamente distinto. Se lee de un tirón, es decir, engancha. Eso es lo importante y por lo que muchos autores extranjeros venden millones de libros en todo el mundo. ¿Por qué no hacerlo con un autor local? No tiene sentido que los que nos parece bien cuando se hace fuera, sea despreciado si lo hacemos en España. Aunque se haya hecho toda la vida. Particularmente, el estilo de Loureiro no me gusta. Es muy directo, lo que sin duda hará muchos adeptos para la causa, pero me parece demasiado familiar a ratos y vacío de contenido en otros. El libro está narrado en primera persona y en tercera. Este doble juego le permite una omnipresencia interesante ya que entra en la psique del protagonista y principal sustento de la trama, y también hacer experimentos como en la de meterse en la piel de un zombi ofrecernos su punto de vista. Funcionó bien en el libro anterior y aquí repite. La historia es potente, no te deja un minuto de descanso. Tanto es así que te da la sensación de estar en un contexto de "cartón piedra", algo puesto simplemente porque sí. Pero hay tampoco tengo que ser demasiado duro. La ira de los justos tiene grandes momentos, otros más duros y creo que el autor ha ido mejorando hasta conseguir un nivel bastante interesante. 

P.D. Parece ser que habrá película(s) para el 2013. A ver qué tal

Niourk, de Stefan Wul

Me ha dado este año por leer mucha ciencia ficción. Es algo que siempre he hecho, pero ahora tomo consciencia, cual protagonista de alguna de estas aventuras post-apocalípticas (en su mayoría) que tanto me gustan, para poder reaccionar. He empezado con un clásico de la SF francesa, Niourk, escrito por Stefan Wul (cuyo verdadero nombre era Pierre Pairault) en 1957. Este cirujano dentista nacido en 1922 y fallecido en 2003, se dedicó a escribir en una época muy concreta, entre 1956 y 1969. Durante ese tiempo, Wul escribió algunas de las novelas más conocidas de la literatura fantástica francesa, como son la propia Niourk, o también Oms en série adaptada en ese clásico de la animación llamado La planète sauvage (1973). En los setenta, Wul escribió una última novela pero siguió desempeñando su oficio quedando esto de la literatura como un hobby menor.

Es la historia del enfant noir (supongo que en español lo habrán traducido como niño negro) un extraño entre los miembros de su tribu, al que sacrificarán al regreso del Viejo, maestro y líder del grupo humano encabezado por el guerrero Thoz. Pronto vemos que la historia trasncurre en una Tierra destruida tras un cataclismo. Un desastre natural o no, que ha secado el planeta reduciendo las reservas de agua a unos pequeños pantanos donde antes había oceanos. Los personajes se mueven entre montañas que llamadas Cuba y montes sagrados llamados Santiag. Nos imaginamos a estos humanos sacados de la Edad de Piedra buscando una guía de la mando de unos dioses sacados de viejos carteles publiciarios que han dejado de tener sentido. El protagonista se verá obligado a vagar en solitario por una desértica tierra a la búsqueda de la mítica ciudad de los dioses, Niourk.

Otra historia más sobre la destrucción del mundo. Un punto de visto ecológico en una novela escrita hace más de cincuenta años. Una tono muy naïf y, a ratos, surrealista. Para ser un clásico indiscutible, tengo que decir que me ha dejado más bien frío. La novela está estructurada en tres partes. Las dos primeras se desarrollan fuera de la ciudad, con el niño negro y su tribu como protagonistas. En la última parte, se produce un cambio sustancial en el protagonista y en los que lo acompañan. Es un estilo simple, básico, directo, quizás por eso está dentro de la novela juvenil, aunque una segunda lectura podría dar otra impresión.

Personalmente, es una novela que me ha dejado con un mal sabor de boca. Entiendo que la historia pueda tener su encanto, una forma de entender la ciencia ficción un tanto ingenua, con demasiados trucos sacados de la manga y una descripción de los hechos demasiado difusa. Todo se sucede de manera sencilla, pero también tramposa. La parte final parece sacada de una novela completamente distinta. No voy a entrar en detalles, pero la transformación del protagonista me parece tan poco creíble como forzada. Los pulpos inteligentes son ridículos, no porque no lo puedan ser (que lo son), es simplemente que una evolución de ese tamaño no se la cree ni Darwin. Tiene como aspectos interesantes el presentar un mundo hundido, destrozado, abandonado, sin esperanza para los pocos seres vivos que quedan. Pero por lo demás, Niourk no quedará en mi memoria como un clásico inolvidable. Lo contrario si acaso.



martes, 13 de marzo de 2012

Litfiba para las nuevas huestes desencantadas: "Grande Nazione"

LITFIBA "Grande Nazione" (2012)
6/10
Hablar hoy en día, e incluso ya hace unos cuantos años, de Litfiba, es hablar de Piero Pelù y Ghigo Rezulli. Con tantos cambios de formación, esta pareja de viejos zorros son Litfiba. Una de las formaciones más importantes de la década de los ochenta y noventa en Italia, una de esas bandas de culto que se vieron condenadas a desaparecer para no morir de éxito. La banda siempre tendrá su rinconcito en mi corazón lingüístico, ya que fue con unas cassettes mal grabadas de sus discos Terremoto y Litfiba 3, con las que empecé mi relación con el italiano. Sí, algunos podrían haber empezado con una simpática y sonriente moza genovesa, pero yo iba de underground. Canciones influenciadas por el punk pero sobre todo por el movimiento new wave. Más cerca a unos The Cure pasados por la batidora de los sonidos más latinos, muy de moda por la época tanto en Francia como en Italia, la voz tan reconocible de Piero Pelù, su estilo tan particular a la hora de interpretar. El compositor y alma del grupo, "Ghigo" Renzulli atraido al rock duro más clásico de bandas de origen punk como los Buzzcocks. No era música de un acceso inmediato, estaban muy lejos de una comercialidad evidente, sus primeros EPs fueron más bien experimentos musicales incluidos en el trasvase artístico que suponía la banda sonora de un espectáculo teatral llamado Eneide di Krypton. Mucho tiempo ha pasado, el estilo se ha diversificado, los miembros han ido cambiando, Piero Pelù ha tenido su etapa mainstream (siempre a su modo) y ahora, tras un regreso en forma de recopilatorio hace un par de años, han vuelto con un buen disco de rock básico y contundente llamado Grande Nazione.

Litfiba 1980

Litfiba 2012
¿Y cómo suena un disco de Litfiba en estos tiempos tan convulsos? Una cosa está clara, sus letras siempre han sido muy simples y repetitivas (ideal para el aprendizaje, aburridas para el oyente nativo). Tenían su aquel en los 90, dejándose llevar por el espíritu de la época, pero hoy en día pueden cansar a ratos. El estilo narcisista de Pelù no ayuda tampoco. Un ejemplo de esto lo encontramos en el tema "Squalo". Una vez y ya cansa, es de lo peor del disco junto con "Brado", donde hay un intento de rap o vete a saber qué es. En realidad solo salvo cinco canciones de todo el disco, pero es que considero que son muy buenas. "Elettrica" con un potente estilo que sí recuerda a los ochenta más new wave, incluso me lleva a pensar a unos Radio Futura de la Escuela de Calor. Cosas mías. "Luna Dark" me recuerda a los Echo and the Bunnymen. Tiene una atmósfera que mantiene un misterio y que resulta atractiva, con una potente línea de guitarras a cargo de Renzulli. Me gusta especialmente el tema "Grande Nazione", esa revisión de la Italia malherida de la actualidad. Los Litfiba siempre han querido ser un espejo de la sociedad que les rodeaba, algo así como un grupo agitaconsciencias, no siempre con éxito, convirtiéndose en parodia de sí mismos. "Fiesta tosta" es el tema inicial que pone las cosas en su sitio. Lo mejor del disco es la cuidada producción y lo potente que suena cada tema. Una base rítmica espectacular y unos riffs muy acertadas que hacen el disco no se haga para nada pesado, algo que con el bueno de Piero Pelù, sinceramente, a veces pasa. Este disco ha levantado muchos expectativas. Era el regreso de una de las bandas más afamadas de la historia del rock itálico, no era para menos. No es el mejor disco de la historia, claro que no, pero es mucho mejor de lo que podríamos esperar. A disfrutar sin prejuicios (y sin comparar, ¡lo pasado pasado está!).





Y para aquellos que no conocían a Litfiba, pongo uno de sus temas clásicos, ojo al video con torero y todo.



martes, 28 de febrero de 2012

The Artist: El tiempo la pondrá en su sitio

THE ARTIST (2011)
7 / 10
Ya está. A The Artist le han dado los parabienes definitivos y es la ganadora de los Oscars en la gala de ayer. Y todas las tirrias que las envidias suelen remover están creciendo como las setas. Como toda buena sorpresa, muchos empiezan a verlo como un bluff, como un truco de marketing (muy bueno) ayudado por una apuesta original y la simpatía del público. Quizás 10 años antes, esta misma película hubiera pasado inadvertida, pero ha caído en gracia y este año es el año de The Artist. 

Me gustó la película del desconocido Michel Hazanavicius. Un proyecto de siete años, pensado hasta el mínimo detalle y donde participa como gran gancho el simpático Jean Dujardin, ahora oscarizado. ¿Quién iba a pensar algo así cuando veíamos la serie Un gars, une fille o los bodrios tipo Mariages? Sí, las películas en las que homenajea al agente secreto clásico, bajo el nombre de OSS 117 o aquella de Le Convoyeur estaban bastante bien, pero no lo veía de otra manera como un chaval majete más dedicado a lucir sonrisa socarrona que a actuar con mayúsculas. Y ahí lo tienes, con su estatuilla. Pero volviendo al tema inicial, me gustó esta película, no tanto por Dujardin como por el resto del elenco, lo curioso del experimento, un regreso al origen del cine pero sin olvidar que estamos en el 2012. Pero aún con todo, no creo que ésta fuera la mejor película del año, algo que no es de extrañar. Nunca estoy de acuerdo con que una película se convierta en la mejor del año de forma absoluta. Pensemos en algunas de las ganadoras de estos últimos años: Slumdog Millionaire (2009), No country for old men (2008), Chicago (2002), Una mente maravillosa (2001), Shakespeare in love (1998), etc. ¿De verdad pondríamos de forma unánime estas películas entre las mejores de los últimos años?

Hace poco oí un periodista cuyo nombre no recuerdo, comentando que no recordamos las películas que ésta homenajea. Si así lo hubiéramos hecho, no la apreciaríamos tanto. Puede ser. Pero el punto fuerte de esta película es recoger con tanto acierto el espíritu naïf de aquellos años. Grandes escenarios, estrellas rutilantes consideradas quasidivinas, el público enamorado, los tiempos del cambio al sonido, la criba que eso supuso. Hay muchos detalles que hacen de The Artist un experimento muy interesante que se merece un gran reconocimiento. Los actores se vuelven mucho más expresivos por la falta de sonido, sin duda, sus gestos nos parecen más grandes, más irreales, pero por otro lado tenemos momentos extraordinarios, de gran plasticidad, algo imposible con palabras. La escena en la que Peppy Miller (Bérénice Béjo) fantasea con la americana de George Valentin (Dujardin), o la conversación de Peppy con el personaje de Malcolm McDowell. O también su encuentro (segundo) con el propio Valentin, enfrentados en un baile sin saber quienes eran cada uno. Y todo ello aderezado con la ausencia de voz, a veces hasta de música. La escena en la que Valentin descubre el sonido es de gran fuerza visual (y sonora). Sí creo que The Artist no pasará el juicio del tiempo tan bien como otras, pero las buenas vibraciones que transmite, la alegría que contagia y las buenas actuaciones de esos magníficos secundarios junto con un gran dirección hacen que el Oscar no sea algo tan raro. No estoy de acuerdo, pero tampoco me parece algo tan extraño. Al fin y al cabo estamos hablando de una comedia: ¿cuántas comedias han ganado en los últimos veinte años? ¿Cuántas comedias han ganado? Pues por qué no premiar algo tan distinto como The Artist.

P. D. Me encanta Béréncie Béjo. Ahí lo dejo.

lunes, 27 de febrero de 2012

La invención de Hugo. Scorsese no sabe nada ni de dormir ni de laureles

LA INVENCIÓN DE HUGO (Hugo, 2011)
7,5/10
Cuanto francés este año en los Oscars. Lo mismo a alguno le molesta. Si no en cuanto actores, que los hay, por la temática: Midnight in Paris, The Artist, la animada Une vie de chatLa invención de Hugo, la nueva lección del maestro Scorsese. A mi modo de ver, el cine de los últimos treinta años tiene un ganador y es el amigo Martin. No solo por sus películas en sí, que las tiene unas más acertadas que otras, sino también por su amor al cine y a la música. Solo hay que echar un vistazo a esa maravilla de documental que es Mi viaje a Italia o el retrato de Jagger and co. en Shine a light. Un señor de 72 años que no se conforma con hacer lo de siempre y se pone ahora con una película familiar en 3D, pero utilizado con conocimiento de causa. Es como el tema de los efectos especiales, aquí el 3D está usado en servicio de la historia, no al contrario y vaya si funciona.

No quiero poner peros a una película que me ha emocionado. No soy crítico de nada y solo hablo desde el punto de vista del aficionado entregado. Así que críticas destructivas, en otro lado. Diré, entonces, que esta historia del joven huérfano Hugo Cabret, rodeado de personajes tan peculiares en su no menos peculiar hogar, los muros de una estación de tren en el París de los años 30, me ha encantado. No estoy muy seguro que funcione tan bien como película infantil, no sé si un chaval de 10 años iba a disfrutar tanto de ella como un adulto amante del cine Es cierto que la primera parte funciona muy bien dentro de ese género, tan poco "Scorsese" por otro lado, pero conforme va pasando la cinta me temo que se pueda ir perdiendo interés por parte de un público menos entrenado. Pero se compensa con una maravillosa puesta en escena y la magia que acompaña a los personajes.

Una historia que se inscribe en el género de lo maravilloso, más que del fantástico. Es decir, pequeños (según se mire) acontecimientos de difícil explicación interfieren en la vida de unos personajes, podíamos decir, realistas. Todo ello en un marco tan especial como es París, la ciudad de las luces que quiere olvidar su pasado más reciente marcado por la guerra. Una ciudad espectacular que rebosa vida y misterio. Solo hay que ir a buscarlo. Todo ello tan bien combinado por el maestro Scorsese basándose en la novela de Brian Selznick, y tenemos una de esas películas que te dejan imágenes en la retina, que dejan huella, que saben conectar con un espectador entregado.

Los actores se les ve muy medidos en su trabajo. Es lo que tiene trabajar con el 3D. Ante el espectador, el trabajo puede parecer muy logrado, pero siempre te da la impresión de estar demasiado estáticos. Cada movimiento cuenta y la improvisación no tiene lugar. Llegar a controlar a Sacha Baron Cohen no debió ser tarea fácil para Scorsese. Aunque seguro que Martin ha tenido que lidiar con actores bastante más problemáticos. Por lo demás, Ben Kingsley está perfecto en su papel de Georges Méliès, un hombre hundido por lo que fue y lo que es ahora, los secundarios como Jude Law o Ray Winstone (los dos en papeles muy cortos) también funcionan muy bien. Los papeles importantes son para los niños Chloë Grace Moretz como Isabelle y Asa Butterfield como Hugo. Ya son pequeños veteranos los, con alguna aparición complicada. Curioso además que Asa Butterfield va a ser la cara de Ender Wiggin en el que será gran estreno del 2013, la mítica El juego de Ender. ¿Se convertiré en un futuro Haley Joel Osment? Sus papeles son bastante típicos: niña soñadora deseosa de aventuras, niño marginado por una sociedad que no tiene tiempo para los huérfanos...sin embargo no caen en el almíbar más barato. De eso se encarga sin duda la buenísima dirección del maestro.

Es una pequeña joya del cine moderno, sobre todo para aquellos que siguen viendo el invento de los hermanos Lumière como algo hecho para ayudarnos a soñar. No sé si será premiada o no, tampoco es importante, pero sí el recuerdo que dejará en los que la vean. De eso se trata el cine, de soñar, ¿no?

P.D. Por cierto, Georges Méliès se está convirtiendo en una especie de héroe oculto, primero en la novela archiconocida La mecánica del corazón, donde ayudaba al protagonista en la búsqueda de su amor y ahora vuelve de nuevo.

P.D. ¡Se me olvidaba! La banda sonora a cargo del inseparable Howard Shore. Como ha sabido entender lo que quería su compañero de viaje Scorsese. 



miércoles, 15 de febrero de 2012

Contador, los guiñoles y la tontería humana

De verdad que tanto orgullo español suelto en el aire nos está volviendo un poco tontos. A todo el mundo en general, pero a esta parte del mundo que llamamos España, más. Una semana después de la resolución del caso Alberto Contador, seguimos con la misma cantinela sobre si los demás nos tienen manía o no. La clásica envidia por ser más guapo y más fuerte, "más bueno y más mejor". El ciclismo es un deporte tremendamente épico, excepcionalmente duro. Además tiene unas reglas estrictas, tanto o más que en otros deportes, en relación al dopaje. Y si no es así (al fin y al cabo, la lucha contra el consumo de sustancias prohibidas debe estar más o menos unificada), lo parece ya que en otros deportes más populares no estamos tan acostumbrados a eso de los "vampiros" y los análisis sorpresa. Una cantidad mínima es inmediatamente sancionable, a pesar de no estar comprobado su efecto positivo sobre la actividad desarrollada. Creo que con Contador se han cebado, pero también es cierto que ha habido errores por parte de abogados y que el juego es el juego. No es el primer ciclista que recibe una sanción desproporcionada. 

Y resulta que salta la noticia y todos nos indignamos de forma explosiva. Terrible. Y para más inri tenemos a esos Guignols de l'info que se mofan de nuestros máximos representantes deportivos. Para nosotros es como si mentaran a la madre o algo peor. Periodistas enrabietados soltando sandeces, otros más cuerdos, ahora sale un equipo de fútbol con una inscripción poniendo algo así como "liberté, égalité...superioridad" (que memez...), hoy aparece nuestro monarca diciendo en público que los del guignol son tontos y Rajoy habla como un forofo más sobre nuestra valía ganando títulos extranjeros tipo Roland Garros. Una imagen un tanto cutre, ¿no? Entiendo el enfado de los aficionados, de acuerdo. Pero, ¿cómo se puede convertir en estado la broma de un programa de televisión que tiene a gala hacer bromas de todo y de todos?

Los guiñoles son muy franceses. Tienen una forma de sacar punta a la realidad que no siempre es comprendida por cualquiera. Más que comprendida, compartida. No estamos hablando de algo extraordinario. Cuando lo he visto, el programa me ha hecho una gracia relativa, en función de mi mayor o menor conocimiento del tema. Pero es eso, un programa de humor, más o menos acertado. De ahí a decir que todos los franceses son unos cerdos, gente, sobre todo, que no se ha molestado en hablar con un francés en su vida...un poco exagerado, digo yo. Son los mismos que juzgan a todo el que nos rodea y que se creen con conocimiento superior. Dicen que ellos no nos quieren (los franceses a nosotros). Son los mismos hablan pestes de los portugueses, y de los de Cuenca, y de los del pueblo de al lado y si me apuras de su vecino. Sobre todo de su vecino. 

Dicen que estos guinoles han pasado el límite con tanta tontería sobre el dopaje, que nos están acusando sin pruebas y que nos están ninguneando. Pero es que somos un país que merece serlo. Es propio de país pequeño preocuparse por esas nimiedades. Lo justo sería contraatacar con igual sentido del humor, o ignorar directamente esos supuestos ataques. Así que los guiñoles no tienen gracia. Pero sin embargo, tiene mucha gracia (y hasta calado social) el llamar Machu Pichu a un personaje como el de la serie Aida, tratarlo de imbécil a ratos, insultando así a todo un colectivo de inmigrantes que llegan a este país. Pero no ahora, de hace muchos años. Nadie se siente molesto por eso. Cada vez que sale un italiano en algún programa de humor español aparece el clásico estereotipo del mafioso, damos a entender que todos los italianos son unos delincuentes de trajes caros. Merkel es una vaca burra y los alemanes unos cuadriculados. Los ingleses, unos borrachos hooligans. Los americanos, unos felices incultos. Y cuando le cogemos tirria a un personaje...madre mía. No soltamos hueso hasta que el personal comienza a aburrirse. Y sin embargo, nos molestan unas acusaciones malintencionadas de un programa de humor. Vaya una pandilla de zopencos que estamos hechos. Y seguiremos dándole Perico al torno. Lo mismo es bueno y todo, siempre un enemigo en común ha sido muy saludable.